- Vidas familiares/ 1
- Vidas familiares/ 2
- Vidas familiares/ 3
- Vidas familiares/ 4
- Vidas familiares/ 5
- Vidas familiares/ 6
- Vidas familiares/ 7
- Vidas familiares/ 8
- Vidas familiares/ 9
- Vidas familiares/ 10
- Vidas familiares/ 11
- Vidas familiares/ 12
- Vidas familiares/ 13
- Vidas familiares/ 14
- Vidas familiares/ 15
- Vidas familiares/ 16
- Vidas familiares/ 17
- Vidas familiares/ 18
- Vidas familiares/ 19
- Vidas familiares/ 20
- Vidas familiares/ 21
- Vidas familiares/ 22
- Vidas familiares/ 23
- Vidas familiares/ 24
- Vidas familiares/ 25
- Vidas familiares/ 26
- Vidas familiares/ 27
- Vidas familiares/ 28
- Vidas familiares/ 29
- Vidas familiares/ 30
La camioneta se bamboleaba por los baches, aunque Miguel manejara a baja velocidad. Tío César se agarraba a mi nueva heladera como si temiera caerse él, y no el electrodoméstico. Yo estaba en una posición ridícula, inmovilizando con un pie las cajas con cosas frágiles y atrapando entre los brazos un ventilador de pie que daba cabezadas constantes. No estábamos lejos, pero sentíamos haber cruzado la galaxia. Mis manos estaban rojas de tanto rasparme las palmas atajando cosas. Lo primero que bajamos e instalamos fue la cocina y su garrafa. Me ordenaron preparar mates urgentes. No tenía yerba, así que dejé la pava calentándose y me crucé a un quiosco familiar, atendido por una morocha de ojos claros (estoy siendo puramente descriptivo, que conste que no hay segundas intenciones en mi frase, y que esta acotación entre paréntesis no es la delación de esos malos pensamientos, no y no).
Regresé y Miguel estaba haciendo un trabajo maravilloso con la conexión eléctrica: con sólo dos tomas múltiples conectó todos los aparatos de la casa, y quedó lugar libre para varios más. Me dediqué a vaciar y guardar las bolsas de ropa y utensilios de cocina en sus respectivos lugares. Mi tío taladró varios puntos en las paredes y antes del mediodía pudimos colgar los estantes que servirán de biblioteca. El mediodía nos recibió con casi todo ordenado. Rastreamos desde la camioneta un lugar donde comer, y hallamos una oportuna pizzería abierta. Mientras almorzábamos en el pasillo de la pensión, el cielo se nubló y un fuerte viento arreció con la brisa que hasta ese momento corría. Nos encerramos y aprovechamos el cerco para guardar los últimos trastos al compás de un disco de Pablo Milanés. Hablamos, como siempre, de política y literatura. Cuando amainó, los conminé a irse mientras podían, y aceptaron sin chistar. Al despedirse, el tío me dio un sobre que inmediatamente intenté rechazar, imaginando el contenido.
-Tranquilo. Es para que no tengamos que preocuparnos por tus primeras semanas -me contuvo.
Los abracé y les agradecí por toda la ayuda que no dejaban de prodigarme. La camioneta arrancó en el segundo intento, vaporizando las gotas de lluvia que dormían sobre el caño de escape.
En fin, ya habito mi nueva casa. Ahora parece mucho más chica, pero no importa. Desde la cama puedo abarcar todo el territorio, los objetos sobre el escritorio, lo que se cocine en la cocina, la puerta y la ventana. Logré que la tele se viera bien tironeando un poco del cable. Los medios cubren las dos elecciones de ayer, las reales y las ficticias. En Uruguay Mujica levanta las banderas de la democracia y la justicia, en Honduras, Porfirio Lobo -nunca un nombre fue más adecuado- enarbola un falso triunfo sobre una república pisoteada por el fascismo. Me preparo un café para bajar las pizzas y abro el sobre que me regaló mi tío. El cheque es por cinco mil pesos. Las vacaciones están cubiertas.
El juego de los parecidos:
- Vidas familiares/ Prefacio ¿Qué está por pasar pasando en el blog? Vidas familiares...
- Vidas familiares/ Descargo Y se terminó la novelita. Nótese el diminutivo, porque de...
- Vidas familiares/ 26 Extraño a Soledad. Ahora que las cosas empiezan a tener...
- Vidas familiares/ 19 Mamá está preocupada por mi ánimo. Sigue insistiendo en que...
- Vidas familiares/ 3 La plazoleta Francia era un hervidero de adolescentes. Viéndolos de...
Suscribir








Leave a Reply