Vidas familiares/ 16
Capítulo 16 de un total de 30 en Vidas familiares

Novios no diría, aunque existe un pacto expreso de no estar con otras personas. Amigos tampoco, porque para eso tendríamos que al menos agotar los descubrimientos más obvios. No sé como definirlo. Es un estado de responsabilidades mínimas pero con fuerte corporalidad y muchas apuestas peligrosas (algo así como el capitalismo en los países subdesarrollados). Lo cierto es que estos días en que pasamos el tiempo encerrados en casa de Sole o en mi habitación fueron los más lindos de mi vida. No quiero hacer hipótesis sobre lo que va a pasar a esta altura de la semana, porque estoy bastante embrutecido y tengo que ponerme a trabajar. Marcador, anotador, mate amargo


La SIP sigue apareciendo en la tapa y ya superó en presencia al propio gobierno. El otro foco (aunque ligado también a las denuncias) está sobre la nueva escalada piquetera. Sin embargo, la opinión más leída del día no es la de ninguno de los sesudos columnistas del gran diario, sino las declaraciones de Susana Giménez sobre la inseguridad y los cortes. La solución que propone no es inédita ni especialmente imaginativa, pero es lo que hay. Copio las declaraciones textuales para que Trejo las desmenuce frase a frase.


La emisión comenzó con el tema de la criminalidad, por supuesto. Sin embargo, esta vez se salió de su centro.

-Disculpenmé, pero yo sigo creyendo que la inseguridad es una prioridad tan porteña como los cortes de calle. Acá son muy pocos los que puden contar haber sido robados, y apenas un puñado sufrió hurtos violentos. Pero claro, los medios “nacionales” creen que el país es una ciudad, como mucho una provincia, y esperan que compartamos eso y nos lamentemos y nos aterroricemos. ¿Por qué? Nosotros no dejamos que se formen villas, acá se urbaniza, se cuida. Si los porteños sufren es porque nunca quisieron resolver los problemas de sus coterráneos. Creyeron que la lógica del sálvese quién pueda no iba a ser aprendida por los pobres.

El rechazo de Trejo por los capitalinos es tan homérico como infundado, como casi todos sus prejuicios. Era uno de esos pocos temas en los que se permitía el fanatismo populista (¿de derecha? ¿de izquierda interior?) a sabiendas de que toda la audiencia se uniría a su coro de maldiciones contra la metrópoli. Por supuesto, las señoras empezaron a llamar nuevamente, pero esta vez con absoluta amabilidad.

-Llamo para decir que el señor Ismael Trejo tiene toda la razón. Tiene que hablar también de los suicidios, usted que conoce bien el tema.

-Es cierto. Es lamentable la cantidad de gente que decide quitarse la vida. Es que se perdieron valores, en la gran ciudad la vida se mide en horas y las horas en dinero. ¿Quién puede querer vivir así? -apoyó el conductor, devolviendo genilezas.

-No, yo le digo los suicidios, la plata de nuestros impuestos que va para las empresas de la capital. Para el gas, para la luz.

-También es importante -alcanzó a contestar, antes de apagar el micrófono para burlarse a gritos de su propia hipocresía. Creo que esa capacidad de reírse de sí mismo es la que hace tolerables sus defectos profesionales.


-Es sencillo, -nos explicaba- hoy no hace falta hacerse un prestigio para que te crean. Ustedes pueden apilar títulos, trabajos, referencias, causas, pero la audiencia no les va a creer más por eso. Los honores son para restregarlos en la cara de los colegas, no para el ejercicio diario. Vos podés decir que hay estudios fiables que dicen que el país va en picada, o podés decir que nos estamos yendo por el tubo sin contemplaciones. Total, la gente va a decir lo mismo: salió en la radio, salió en la tele. El primer error del comunicador es creer que hay que ganarse el respeto con algo más que el hecho de tener un micrófono. Nuestra labor no es pedagógica, muchachos. Si lo que quieren es alfabetizar, háganse docentes.

El operador siempre se asombraba de estas muestras de sapiencia mundana. Yo también, pero por otros motivos. Me resulta difícil entender que alguien con tanto menosprecio por sus oyentes sea a la vez tan respetado por ellos. Eso, de alguna forma, termina por confirmar sus convicciones.


Federico me llamó al celular.

-Mañana nos vemos en clase.

-¿En clase?

-Así es. Largaron a Spiel y se ocupó de avisar por correo que mañana nos va a agarrar con todo. ¿Te paso a buscar?

-Sí, un rato antes. Vamos a terminar más tarde, parece. Hay un montón de llamados.

-Estaba escuchando. Un capo tu jefe, siempre consigue levantar polvareda.


-Ahora dicen que Moyano y su gente van a hacer otra marcha, el veinte, para defender al gobierno nacional -leyó Trejo, golpeando la mesa con mi bloc- ¿Defenderlo de qué? Porque la gente está pidiendo el diálogo. ¿Por qué tendrían que defenderse? A mí me parece que están jugando de nuevo a hacer de víctimas. Nadie quiere que la presidenta renuncie, sino que gobierne de otra manera. Y si no quiere, ahí sí, tendrá que renunciar por no haber aceptado la voluntad del pueblo.

El nuevo credo democrático dio frutos inmediatos. Hasta invitaron a Trejo a postularse como candidato de consenso, porque no era ni de derecha ni de izquierda. El renunció a las invitaciones con soberbia: yo no me meto en política, les repitió.

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1 Comment Posted in Nouvelle
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One Comment

  1. Ja!!! Me copo eso de “izquierda interior”, variante mas provinciana aun que el nacionalismo de izquierdas(?¿)……archivamos para profundizar en algun momento.Muy bueno, Martin…

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