Si existiera un trol (castellanización de troll) con realidad física, ese sería Babi Etchecopar. Yo encontré a quién sería su compañera de provocaciones. Es decir, una trola.
Fuera del banco, dos largas colas de gente. Adentro, sólo diez personas (medidas de responsabilidad nosequé frente a la gripe nosecuánto). En la primera cola, que terminaba en un auto (no estoy jodiendo), se podía consultar con un empleado sobre la llegada de las tarjetas de débito (yo iba para eso), anotadas en sendas carpetas colocadas sobre un capot. Manténgase al aire libre, dicen los expertos. La segunda cola era para entrar al ultradesinfectado banco.
-Tarjeta averigüe allá, señora, con el señor.- indicó alguien a mis espaldas.
-Yo no voy a hacer esa cola. Acá afuera no me van a solucionar nada. ¡Yo quiero entrar!- dijo la recién llegada, repitiéndose a los gritos.
Junto al resto de las personas, giré para ver quién perturbaba el aburrimiento de la espera obligada. Era una señora en esa edad difusa que llaman mediana, vestida con el clásico estilo de la clase media correntina, que es idéntico al de la clase alta porteña.
-¿Por qué no dejan entrar? ¡No hay nadie! Todos saben que eso de la gripe es un invento de los políticos para entretenernos. Los viejos se mueren de frío en la calle y los anotan como gripe pandemia. Y los de derechos humanos, en vez de ayudarlos, se roban la plata. Vergüenza. ¡Ver-güen-za me dan!
-¿Y usted no votó a los políticos?- interrogó un señor ceñudo, caído en la trampa. Yo estaba tentado de echar un “‘dont feed the troll” en voz baja, pero me contuve.
-No, yo voté al Partido Comunista. De bronca. Porque acá falta una revolución ¿ve ese policía que cuida la puerta? Es obeso, apenas puede caminar. ¿Cómo puede ser policía? Porcel le gana una carrera, y muerto. Acá falta una revolución -(me sonreí)- o que vuelvan los militares-. Volví a sonreírme, sabiendo que había empezado la etapa del escándalo ideológico.
Como ocurre con las declaraciones altisonantes, la trola recibía asentimientos de varias personas, que no prestaban atención a detalles tan nimios como la contradicción absoluta. Así, elogiaba en momentos la mano dura y luego denostaba a los militares, atacaba el libremercado y luego se oponía a pagar impuestos, decía tolerar a los homosexuales, pero “si no contaminaban la sociedad”. Antes de entrar y librarme de ella, aclaró algo que me iluminó no sólo acerca de sus razones de ser, sino también sobre la vida de sus equivalentes virtuales.
-Es mi primera tarjeta. Nunca antes tuve, venía a cobrar por caja. Porque a mí me gusta hablarle a la gente, y que ellos me atiendan. Para eso somos personas ¿no?
Seguro no era Capussoto disfrazado? O.0
Eso creo, aunque el pelo era parecido. :-X
Es muy bueno… por un lado quiere la revolución comunista, y por el otro a los militares… Así es lagente.
.-= Último post de Martín en blog: La canastita feliz =-.
Como dice Cézare (pobre, todos le adjudican el poema a Benedetti), “Desde el medio/ mira medio mal/ a los negritos/ a los ricos/ a los sabios/ a los locos/ a los pobres.// Si escucha a un Hitler/ medio le gusta/ y si habla un Che/ medio también”
http://www.elforjista.unlugar.com/clasemedia.htm
Por eso no me gusta hacer cola.
¿Por las trolas? :-)
yo escribi un cuento donde hago una boutade con esto que ud. cuenta, lo de los troll. Pero para mi son zombies Todos los dias me pasa. Lo invito a leerlo, se que le va a gustar
si tiene tiempo clikee aca http://nosoyloquedeberia.blogspot.com/2009/08/los-cuentos-de-la-otra-una-de-zombies.html
¡Muy buen relato! Trolles o zombies, en Lanús o en Corrientes, lo cierto es que no dejan de contagiar su babeo y, además, ¡no mueren nunca!
P/D: Acá nos tuteamos, che, estamos entre compas (también estoy en Bloggers en Acción).
Saludos, voy a seguir tu blog de ahora en adelante.