Día después de Navidad. Suena el teléfono.
-Usted está recibiendo una llamada por cobrar desde un teléfono público. Si desea aceptarla, presione cero. Quien desea comunicarse con usted es…
Silencio. Pienso en cortar, pero luego tendría que cargar con la culpa. ¿Y si no es un error? Presiono cero.
-Buenos días. Me estoy comunicando de Telecom Argentina. ¿Me espera un momento?
-Yo…
-Sí, buenos días, ya estoy con usted. Le decía, soy el gerente comercial de Telecom zona litoral.
-…pensé que era una llamada de cobro revertido.
-Es un error del sistema, todas las llamadas desde la empresa están saliendo con esa introducción en vez de pasar el mensaje de comunicación oficial. Sepa disculpar. ¿Me escucha?
La historia es tan complicada que hasta me parece verosímil. Decido aguantar.
-Lo escucho.
-¿Usted tiene el número X y es el propietario Z? Le explico, entonces. Soy el gerente comercial y lo llamo para anunciarle que fue beneficiado, junto a otros diez usuarios de Corrientes que no tienen deudas con la empresa, con el premio Telecom Navidad. Antes que nada, lo felicito.
-Gracias- contesto rápido.
-Ahora le cuento. El premio consiste en cinco mil pesos en efectivo, tres mil pesos en órdenes de compra y dos mil pesos en crédito para celulares. ¿Me sigue? El total que ganó es de diez mil pesos. ¿Me sigue?
-Lo sigo.
-El premio se hará efectivo en el Banco Nación, caja tres, desde la cuenta corriente de Telecom Argentina. Le digo lo que necesita para cobrar el premio. Eso sí, tiene que ser antes de las dos de la tarde. ¿Tiene algo para anotar?
-Sí.
-Bueno. Fotocopia de primera y segunda hoja del DNI. Una boleta de servicio a su nombre y… ¿usted es cliente de Movistar, no?
-No.
-Ah, tenemos un problema entonces. Espéreme un segundo, voy a hablar con la licenciada para ver si hay forma de que no pierda su premio. ¡Ana!
Al llegar a este punto, ya estoy completamente seguro de que están intentando robarme. No tengo miedo, seguro de no haber dado ningún dato que el ladrón no tenga ya, pero me siento francamente incómodo. Pienso en la voz de joven ejecutivo cordobés que, con total corrección, simpatía y disciplinamiento, cree tenerme en sus fauces. Lo que me inmoviliza está entre la indignación y la curiosidad de ver cómo sigue.
-Ana, acá hay un titular de Corrientes que ganó el premio, su nombre es Z y puede ir a cobrar, pero no es cliente. ¿Qué se puede hacer? Ah. ¿Abrirle una línea? Dale, hago eso.- finge en voz baja pero intencionalmente audible para mí, dirigiéndose a la imaginaria licenciada – ¿Señor?
-Acá estoy.
-El problema es que no le podemos acreditar el premio si no es cliente, porque el crédito es sólo para esta empresa. Y no le podemos entregar sólo la mitada del premio. Pero no se preocupe, podemos solucionarlo rápido.
-¿Cómo podría hacerse?- pregunto con sorna, seguro de que ahora viene el centro de la cuestión.
-No tenemos inconveniente (acabo de consultar) en abrir una línea para que usted reciba su premio, pero voy a necesitar que usted haga la primera recarga. De todos modos, recuperará ampliamente ese crédito ¿no?
-Eso imagino. ¿Entonces?
-Bueno -dice, más inquieto- tendría que pedirle a alguien que vaya a comprar por usted una tarjeta Movistar de veinte pesos y otra Telecom Global de diez pesos. Con eso bastará para abrir una línea a su nombre y usted podrá cobrar hoy mismo su premio.
-Una cosa no me queda clara. ¿Para qué las tarjetas?
-Es que voy a necesitar que me pase los códigos por teléfono, de esa forma vamos a poder abrir una línea de celular con crédito…
-¿Por qué no te vas a la remismísima mierda?
Cuelga él. Vuelve a sonar el teléfono dos veces más, anunciando el cobro revertido. Decido quedarme con la última palabra y no contestar.
Inmediatamente me pregunto si alguien habrá caído. Pregunto al oráculo y, todavía sin poder creer del todo la alevosía de lo que acaba de pasarme, encuentro respuesta.