Hace unos días, médicos cubanos afectados a la Operación Milagro ((La Operación Milagro es un ambicioso plan de solidaridad médica financiado por Venezuela y Cuba que ya devolvió la vista a un millón de personas y se propone repetirlo con cinco millones más antes de 2016.)) curaron de cataratas al soldado boliviano Mario Terán, que alcanzó la celebridad al ejecutar y narrar el asesinato de Ernesto Guevara en la escuela de La Higuera. El soldado, como todos los beneficiarios del programa, no tuvo que pagar un centavo para poder volver a ver. Su hijo escribió una nota de agradecimiento a un periódico en que asegura que “la operación fue un verdadero milagro”.
Dicen que lo primero que vio Terán fue el afiche característico de los consultorios cubanos, con la imagen del médico revolucionario más famoso del mundo. Ese médico que, hace cuarenta años, caía soñando con que algún día los pobres del mundo – como su victimario Terán – serían curados por los médicos de la revolución.