Por fin, el juicio acabó. Los condenados son el teniente coronel Julio Rafael Barreiro (prisión perpetua), el ex capitán y ex titular de la Sociedad Rural de Corrientes Juan Carlos de Marchi (25 años), el teniente coronel Horacio Losito (25 años) y el ex comandante de Gendarmería Raúl Alfredo Reynoso (18 años de prisión). Sin embargo, el ex suboficial Carlos Piriz fue absuelto, así que ahora habrá que pelear la apelación y Nicolaides no asistió por razones de salud. De todos modos, los crímenes que se cometieron hablan por él y por el resto de los responsables.

Como correntino por adopción, me siento alegre por esta condena histórica. Es la primera vez que se juzga a todos los responsables en el marco de un centro clandestino de detención y la primer condena por crímenes de lesa humanidad en la provincia. Me apena, por otro lado, saber que aunque los responsables estén presos, los apólogos gozan de libertad y buena salud.

Cecilia Pando dio la nota volviendo a calificar los juicios como un circo romano hecho para lucrar con las indemnizaciones. Dio su apoyo incondicional a los genocidas que “defendieron a la nación en la guerra desatada por la agresión subversiva y derrotaron a organizaciones terroristas que pretendieron imponernos un régimen marxista” (¡sic!). Se encargó, además, de amenazar de muerte a los jueces y a la diputada nacional, hija de desaparecidos y nieta recuperada Victoria Donda a los gritos y haciendo ostensibles gestos de degüello. Con Eduardo Duhalde (secretario de Derechos Humanos de la Nación) fue un poco más personal:

-Me voy a encargar yo de hacerte mierda. Duhalde, me la vas a pagar, te voy a ir a buscar. Te voy a matar con mis propias manos.

Hoy se suman más genocidas condenados. Estemos felices.
Sus ideas, sin embargo, siguen encarnadas en otros. Estemos alerta.

En este día dedicado a los más de ciento sesenta y cinco millones de niños y niñas que son explotados laboralmente, la OIT eligió el lema más acertado y, a mi juicio, el principio de solución de este flagelo:

“La educación es la respuesta adecuada al trabajo infantil”

Estas son algunas de las conclusiones:

  • El trabajo infantil genera una disminución en la matriculación en la escuela primaria y afecta de manera negativa las tasas de alfabetización entre los jóvenes.
  • Existe una clara evidencia de que cuando los niños trabajan y van a la escuela, a medida que las horas de trabajo aumentan, disminuye la asistencia a la escuela.
  • Altos niveles de trabajo infantil están asociados con resultados más bajos en el Índice de Desarrollo de la Educación, que mide el rendimiento de la educación primaria universal, la alfabetización de adultos, la calidad de la educación y la igualdad de género de un país.
  • Existe una importante relación entre el nivel de la actividad económica de los niños y las tasas de repetición de la escuela primaria. La repetición de grado con frecuencia lleva a que los niños abandonen la escuela.
  • Los niños y niñas trabajadores rurales tienen la tendencia a estar entre los más desfavorecidos. Las niñas con frecuencia tienen una carga doble de trabajo dentro y fuera del hogar, que pone en peligro su escolaridad.

Por suerte cada vez se toma más conciencia de la función socializadora de la escuela y del rol que ocupa en la asignación de tipos sociales. Es claro que un menor fuera de la escuela es un menor fuera de la contención del Estado, de la sociedad y hasta de su propia cultura.

Algunas iniciativas de la OIT en este sentido: la escuela-puente, la Red de promoción de los derechos laborales, el Programa de Acción para la Prevención y la Erradicación del Trabajo Infantil en la Agricultura y el programa SCREAM.

Como propuesta para educadores, Canarias Intercultural ofrece un documento sobre cómo tratar la problemática en el aula.

A trabajar, entonces, para que ellos no tengan que hacerlo.

En el marco del inicio del juicio al autor material del asesinato de Carlos Fuentealba, el genial historietista rionegrino Chelo Candia publica una historieta que, vuelve a incluirlo (su primer homenaje es emblemático), en compañía de otros luchadores asesinados, como Darío Santillán, Maximiliano Kosteki y Pocho Lepratti: Vamo´ Maestro. La belleza artística, humana y política de estas obras me exime de expresar más que mi admiración mayúscula por la existencia de artistas excelentes que no han resignado su compromiso con la realidad. Y el mejor homenaje a esta apuesta, es hacerla conocer. Acá va:

Vamo´ maestro - Chelo Candia

Navegando por unas series viejas del blog Crónicas Argentinas, encontré algo maravilloso. En un artículo satírico de hace más de un año, titulado ¡Docentes millonarios!, Juan Pablo Meneses planteaba una pregunta casi fundamental no sólo para la educación sino para la sociedad en general. ¿Cuánto debe ganar un docente? El descubrimiento no estaba en el artículo, sino en sus comentarios. Mientras algunos docentes reaccionaron como yo lo hubiera hecho, recurriendo a la ironía para despedazar segundas intenciones, Marisa Negri, colega de Lengua, eligió responder de esta manera:

Ahh, buen día, qué pregunta!
Son las 5.41hs y estoy a minutos de salir en viaje para la escuela en Villa Celina (La Matanza) Esto queda a una hora y media de mi casa. Soy una profesora “taxi”. Desde que me mudé de Zárate a la Gran Ciudad las cosas son así: no hay ningún convenio por el cual mis horas titulares como docente de provincia puedan ubicarse en Capital, cerca de casa. (Bah, en realidad convenio hay, pero sólo con las mujeres de los gendarmes y los bancarios que tienen un “acuerdo” especial). Con suerte llegaré a mi casa a las 18.30hs ya que a pesar de no trabajar tantas horas tengo baches sin llenar en el horario y horas muertas para pasar en Celina que nadie pagará.
Los chicos: adolescentes de un mundo desencantado, vienen de repetir entre dos y tres veces el mismo curso, sus casas se inundan, el barrio es un basural, y el tema es -a estas alturas- irse midiendo, tomarle prueba a los maestros, ver hasta dónde llega la resistencia, hasta dónde te “ponés la gorra”. Ayer traté de leerles un cuento, pero todavía no. Aún no logramos el respeto y la confianza mínima para eso. Ya llegará , lo sé. Pero todavía no.
Volví a casa sin poderme sacar de la cabeza la imagen de P. que me miraba con ojos vidriosos sin mirarme, y la imagen de C. que se quedó con ganas de escuchar ese cuento.
Me fui por las ramas.
Se me ocurren cantidades de cosas en las que ayudaría a la escuela de ser millonaria (imagino bibliotecas coloridas, salas de computación, paseos didácticos a todas partes)
¿Cuánto debería ganar un maestro?

Lo necesario para trabajar un turno, planificar sus clases, descansar, y poder tener siempre salidas creativas para convencer a los pibes de lo fascinante que puede ser escuchar un cuento.

Y más tarde, el mismo día, después de varios comentarios que van desde la alabanza de la escuela pública hasta el odio por el conocimiento, Marisa vuelve a participar:

Ahora que volví de la escuela y leo todo lo que se ha posteado en el día, me dan ganas de decirles que vengo con una sonrisa ancha: cansada y contenta.
La tarea de hoy consistía en hacer un acróstico con el nombre y presentarse, Miriam, de 14, de padres bolivianos, muy tímida y bellísima escribió:

M ansiones de luz
I nvaden el corazón
R imas
I nsensatas
A lmas que sollozan
M iraban.

Es otra clase de pago, otra clase de alimento que no aporta otro trabajo.
Con esto no quiero decir que mi sonrisa paga la compra del super, no.
Cada trabajador merece un sueldo digno, cada uno de nosotros precisa tiempo también para los afectos, la creatividad, el placer.
Me preocupa un poco la falta de tolerancia que se lee en algunos post, la opinión indiscriminada, irrespetuosa.
Todo lo que se da, vuelve.
Las horas que dedico a la revista de literatura virtual de mis alumnos no son pagas pero son puro placer. Tal vez el único secreto - más allá de exigir lo que nos merecemos- sea la pasión por lo que hacemos.

Es muy bueno debatir temas como éste. Como un caleidoscopio van apareciendo las opiniones de cada uno. Encuentros y desencuentros. Solidaridades compartidas, voces enojadas, certeras, humildes, categóricas, conmovedoras,competentes…
El diálogo enriquece, sin dudas.
Este espacio logra que cada uno de los que participamos renueve su compromiso e ideología social.
No es poco.
El lugar que nos toca desempeñar no es - a mi modo de ver- aleatorio. El año pasado, cuando tuve que cambiar mis horas debido a mi mudanza a la capital, me costó muchísimo adaptarme.
Me entristecía profundamente tener que caminar 8 cuadras de barro y basura para llegar a la escuela, darme cuenta de que muchos chicos del barrio no conocían la capital, jamás habían ido a la feria del libro,o a San Justo que es el centro del partido.
Me preguntaba por qué tenía que estar ahí, qué tenía que aprender yo de esa situación.
Por esos días decidimos participar de la Maratón de Lectura, y después participar de los torneos bonaerenses,y del concurso de haiku que organiza la Fundación Borges.
Y llegaron los premios, de pronto 14 chicos conocieron San Justo cuando fueron a participar de un taller con otros chicos del partido, y tres viajaron a Mar del Plata, y uno de ellos, premiado en Mar del Plata representó a la Pcia de Bs As en la ciudad de Córdoba.

Y otro (que jamás había visto el mar) conoció a María Kodama que le entregó su mención por este haiku:

Una gaviota
volaba sobre mares
entristecidos

Sergio Prado de la ESB 186

Esos chicos que viajaron, ahora están otro año más conmigo, entusiasmadísimos con la poesía ( que además se dieron cuenta que es muy efectiva con las chicas)
y quieren seguir haciendo cosas: pintar murales, ver obras de teatro, escribir, leer…
Les cuento esto porque muchas veces creí que tenía que dejar las escuelas y dedicarme a escribir poesía y a dar talleres y ahora entiendo que hoy estoy en el lugar que me toca, acompañada de profes y pibes maravillos. Algunos más cercanos, otros más difíciles y huraños.
Confío en que todo sea una cuestión de tiempo.

Gracias a Patricio, a Marta y a Guadalupe por sus comentarios, y a mis maestras y profes, desde ya, que sembraron en mí este amor incondicional por la literatura y la enseñanza.

Para muchos, el sentido de estas citas es evidente. Otros probablemente recién encuentren, en estos enunciados, una aproximación a eso que llamamos la vocación docente. Por mi parte, celebro que haya muchas docentes como Marisa en el ciberespacio, en el sistema educativo y en este planeta.

Quien se interese, puede acceder a las experiencias de Marisa y sus alumnos visitando La huella del dragón, la excelente bitácora de literatura de la escuela 186. Recomiendo especialmente las actividades del taller de escritura, donde abundan ejemplos de lo que puede lograr el amor por la literatura unido al más firme compromiso docente.

Acabo de unirme a una nueva causa: inscribir a Mozilla Firefox en el récord mundial Guinness. Ocurre que es inminente la liberación de la versión alpha de Firefox 3, y los desarrolladores planean lograr que sea el programa más descargado en de la historia en un lapso de 24 horas.

¿Por qué colaborar? Porque Firefox es uno de los utilitarios más reconocidos y exitosos del software libre, con todo los valores que eso implica: código transparente, soporte horizontal, libertad de intervención y, en este caso, gratuidad absoluta.

¿Cómo colaborar? Inscribiéndonos en la campaña, de forma que recibamos correos que nos guiarán en los pasos a seguir y anunciarán las novedades y resultados del operativo. Si además tienes tu propio espacio web o bitácora, existe un repositorio de botones para promocionar la iniciativa.

Promover Firefox es apoyar una tecnología para todos.


Download Day - Spanish

Y ya entrada la noche y todo oscuro en el corredor de la cárcel pintada de cal verdosa, por sobre el paso de los guardias con la escopeta al hombro, por sobre el voceo y risas de carceleros y periodistas, mezclado de vez en cuando a un repique de llaves, por sobre el golpeteo incesante del telégrafo que el “Sun” de Nueva York tenía establecido en el mismo corredor… por sobre el silencio que encima de todos esos ruidos se cernía, oíanse los últimos martillazos del carpintero en el cadalso. Al fin del corredor se levantaba el cadalso.

-Oh, las cuerdas son buenas: ya las probó el alcaide.

El verdugo habla, escondido en la garita del fondo, de las cuerdas que sujetan el pestillo de la trampa.

-La trampa está firma, a unos diez pies del suelo… No; los maderos de horca no son nuevos; los han pintado de ocre para que parezcan bien en esta ocasión; porque todo ha de estar decente, muy decente… Sí, la milicia está a mano; y a la cárcel no se dejará acercar a nadie… De veras que Lingg era hermoso…

Risas, tabaco, brandy, humo que ahoga en sus celdas a los reos despiertos. En el aire espeso y húmedo chisporrotean, cocean, bloquean, las luces eléctricas. Inmóvil sobre la baranda de las celdas, mira al cadalso un gato… Cuando de pronto, una melodiosa voz, llena de fuerza y sentido, la voz de uno de estos hombres a quienes se supone fieras humanas, trémula primero, vibrante en seguida, pura y luego serena, como quien ya se siente libre de polvos y ataduras, resonó en la celda de Engel, que, arrebatado por el éxtasis, recitaba “El tejedor”, de Enrique Heine, como ofreciendo al cielo el espíritu, con los dos brazos en alto:

“Con los ojos secos, lúgubres, ardientes,
rechinando los dientes,
se sienta en su telar el tejedor;
¡Germania vieja, tu capuz zurcimos!
Tres maldiciones en la tela urdimos;
¡Adelante, adelante el tejedor!

Maldito el falso Dios que implora en vano
en invierno tirano
muerto de hambre el jayán en su obrador;
¡En vano fue la queja y la esperanza!
Al Dios que nos burló, guerra y venganza.
¡Adelante, adelante el tejedor!

¡Maldito el falso Rey del poderoso
cuyo pecho orgulloso
nuestra angustia mortal no conmovió!
¡El último doblón nos arrebata,
y como a perros luego el Rey nos mata!
¡Adelante, adelante el tejedor!

¡Maldito el falso Estado en que florece,
y como yedra crece
vasto y sin tasa el público baldón;
donde la tempestad la flor avienta
y el gusano con podre se sustenta!
¡Adelante, adelante el tejedor!

¡Corre, corre sin miedo, tela mía!
¡Corre bien, noche y día!
Tierra maldita, tierra sin honor,
con mano firme tu capuz zurcimos;
tres veces, tres la maldición urdimos:
¡Adelante, adelante el tejedor!’

Y rompiendo en sollozos, se dejó Engel caer sentado en su litera, hundiendo en las palmas el rostro envejecido. Muda lo había escuchado la cárcel entera, los unos como orando, los presos asomados a los barrotes, estremecidos los periodistas y los carceleros, suspenso el telégrafo, Spies a medio sentar, Parsons de pie en su celda, con los brazos abiertos, como quien va a emprender vuelo.

El alba sorprendió a Engel hablando entre sus guardas, con la palabra voluble del condenado a muerte, sobre lances curiosos de su vida de conspirador; a Spies, fortalecido por el largo sueño; a Fischer, vistiéndose sin prisa las ropas que se quitó al empezar la noche para descansar mejor; a Parsons, cuyos labios se mueven sin cesar, saltando sobre sus vestidos, después de un corto sueño histérico.

-¿Oh, Fischer, cómo puedes estar tan sereno, cuando el alcaide que ha de dar la señal de tu muerte, rojo por no llorar, pasea como una fiera de alcaidía?

-Porque -responde Fischer, clavando una mano sobre el brazo trémulo del guarda y mirándole de lleno en los ojos- creo que mi muerte ayudará a la causa con que me desposé desde que comencé mi vida, y amo más que a mi vida misma, la causa del trabajador; y porque mi sentencia es parcial, ilegal e injusta.

-Pero Engel, ahora que son las 8 de la mañana, cuando ya sólo te faltan dos horas para morir, cuando en la bondad de las caras, en el afecto de los saludos, en los maullidos lóbregos del gato, en el rastreo de las voces, y los pies, estás leyendo que la sangre se te hiela, ¿cómo no tiemblas, Engel?

-¿Temblar porque me han vencido aquéllos a quienes hubiera querido yo vencer? Este mundo no me parece justo; y yo he batallado, y batallado ahora con morir, para crear un mundo justo. ¿Qué me importa que mi muerte sea un asesinato judicial? ¿Cabe en un hombre que ha abrazado una causa tan gloriosa como la nuestra desear vivir cuando puede morir por ella? ¡No, alcaide, no quiero droga; quiero vino de Oporto! -Y uno sobre otro, se bebe tres vasos…

Spies, con las piernas cruzadas, como cuando pintaba para el “Arbeiter Zeitung” el universo dichoso, color de llama y hueso, que sucedería a esta civilización de esbirros y mastines, escribe largas cartas, las lee con calma, las pone lentamente en sus sobres, y una y otra vez deja descansar la pluma para echar al aire, reclinado en su silla, como los estudiantes alemanes, bocanadas y aros de humo. ¡Oh Patria, raíz de la vida, que aun a los que te niegan por el amor más vasto a la Humanidad, acudes y confortas, como aire y como luz por mil medios sutiles! “Sí, alcaide -dice Spies-, beberé un vaso de vino del Rin”.

Fischer, cuando el silencio comenzó a ser angustioso, en aquel instante en que en las ejecuciones como en los banquetes todos los concurrentes callan a la vez como ante solemne aparición, prorrumpió iluminada la faz por venturosa sonrisa, en las estrofas de “La Marsellesa” que cantó con la cara vuelta al cielo… Parsons, a grandes pasos mide el cuarto…, vuélvese hacia la reja…, gesticula, argumenta, sacude el puño alzado, y la palabra alborotada, al dar contra los labios, se le extingue como en la arena movediza se confunden y perecen las olas.

Llenaba de fuego el sol las celdas de los cuatro reos, cuando el ruido improviso, los pasos rápidos, el cuchicheo ominoso, el alcaide y los carceleros que aparecen a sus rejas, el color de la sangre que sin causa visible enciende la atmósfera, les anuncian lo que oyen sin inmutarse, ¡que es aquélla la hora!

Salen de sus celdas al pasadizo angosto. “¿Bien?”. “¡Bien!”. Se dan la mano, sonríen, crecen: “Vamos”.

El médico les había dado estimulantes. A Spies y a Fischer les trajeron vestidos nuevos; Engel no quiere quitarse sus pantuflas de estambre. Les leen la sentencia a cada uno en su celda; les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero; les echan por sobre la cabeza, como la túnica de los catecúmenos cristianos, una mortaja blanca; abajo, la concurrencia, sentada en hilera de sillas delante del cadalso, ¡como en un teatro!

Ya vienen por el pasadizo de las celdas, a cuyo remate se levanta la horca; delante va el alcaide, lívido; al lado de cada reo marcha un corchete. Spies va a paso grave, desgarradores los ojos azules, hacia atrás el cabello bien peinado, blanco como su misma mortaja, magnífica la frente; Fischer le sigue, robusto y poderoso, enseñándose por el cuello la sangre pujante, realzados por el sudario los fornidos miembros. Engel anda detrás a la manera de quien va a una casa amiga, sacudiéndose el sayón incómodo con los talones. Parsons, como si no tuviese miedo a morir, fiero, determinado, cierra la procesión a paso vivo. Acaba el corredor, y ponen el pie en la trampa; las cuerdas colgantes, las cabezas erizadas, las cuatro mortajas.

Plegaria es el rostro de Spies; el de Fischer, firmeza; el de Parsons, orgullo rabioso; a Engel, que hace reír con un chiste a su corchete, se le ha hundido la cabeza en la espalda. Les atan las piernas, al uno tras el otro, con una correa. A Spies el primero, a Fischer, a Engel, a Parsons; les echan sobre la cabeza, como el apagavelas sobre las bujías, las cuatro caperuzas. Y resuena la voz de Spies, mientras está cubriendo la cabeza de sus compañeros, con un acento que a los que le oyen les entra en las carnes; “La voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora”. Fischer dice, mientras el vigilante atiende a Engel: “Este es el momento más feliz de mi vida”.

“¡Hurra por la anarquía!”, dice Engel, que había estado moviendo bajo el sudario las manos amarradas hacia el alcaide. “Hombres y mujeres de mi querida América…”, empieza a decir Parsons… Una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen a la vez en el aire, dando vueltas y chocando. Parsons ha muerto al caer, gira de prisa, y cesa; Fischer se balancea, retiembla, quiere zafar del nudo el cuello entero, estira y encoge las piernas, muere; Engel se mece en su sayón flotante, le sube y baja el pecho como una marejada, y se ahoga; Spies, en danza espantable, cuelga girando como un saco de muecas, se encorva, se alza de lado, se da en la frente con las rodillas, sube una pierna, extiende las dos, sacude los brazos, tamborilea; y al fin expira, rota la nuca hacia adelante, saludando con la cabeza a los espectadores.

José Martí

carlos-fuentealba-aurelio-marcelo.jpgCarlos era un docente grandote, barbudo y humilde, con cuarenta años, dos hijas adolescentes, una bicicleta y un largo trayecto como luchador social y delegado sindical. Tenía, además del título docente, una tecnicatura en química. Había trabajado en varios oficios, en la administración de UOCRA, en una fábrica de jugo, en un laboratorio, en un supermercado. A la par, con mucho esfuerzo, estudió para maestro. Hace exactamente un año, el policía José Darío Poblete, respondiendo a las órdenes represivas del gobernador Jorge Sobisch, lo mató disparándole desde dos metros con un lanzagranadas. El cartucho de gas le destrozó el cerebro.

Seguramente, Carlos, tus verdaderos asesinos quedarán impunes, como ocurre en este país con los poderosos. Ya sé que no te sorprendería, sabías de estas injusticias endémicas, de las de arriba y de las de abajo, del hambre de los chicos, del analfabetismo estructural y funcional, de las paredes mohosas, del frío en las aulas. Apostabas igual a la mañana iniciática, a la batalla cotidiana, a la pedagogía de la esperanza, al amor urgente.

Tus asesinos no te odiaban sólo por quién eras sino por los ejércitos que veían detrás tuyo, armados todos de terribles tizas blancas. Nos querían matar esa utopía desgarrada llamada educación pública, igualdad social, libertad de pensamiento. Querían matar, porque no saben hacer otra cosa.

Hoy, Carlos, tu nombre es bandera de ese mundo nuevo. Tus colegas llenan las plazas, luchan en las aulas, trabajan como hormigas por la utopía posible. Otros estamos cerca de convertirnos en educadores y miramos con los ojos húmedos ese país que soñaste, esa imagen justa y amorosa que se sueña en las escuelas.

Ahora entiendo que no ocurrió, que no te mataron, que los monstruos intentando detener tu lucha, no consiguieron más que extenderla. La educación marcha hoy, más unida, dispuesta a acabar con este sistema excluyente y asesino.

Hoy caminamos todos juntos, vos sabés adonde. Allá nos vemos.

Imagen: Marco Aurelio, Nocturama.

Hace unos días, médicos cubanos afectados a la Operación Milagro1 curaron de cataratas al soldado boliviano Mario Terán, que alcanzó la celebridad al ejecutar y narrar el asesinato de Ernesto Guevara en la escuela de La Higuera. El soldado, como todos los beneficiarios del programa, no tuvo que pagar un centavo para poder volver a ver. Su hijo escribió una nota de agradecimiento a un periódico en que asegura que “la operación fue un verdadero milagro”.

Dicen que lo primero que vio Terán fue el afiche característico de los consultorios cubanos, con la imagen del médico revolucionario más famoso del mundo. Ese médico que, hace cuarenta años, caía soñando con que algún día los pobres del mundo - como su victimario Terán - serían curados por los médicos de la revolución.

  1. La Operación Milagro es un ambicioso plan de solidaridad médica financiado por Venezuela y Cuba que ya devolvió la vista a un millón de personas y se propone repetirlo con cinco millones más antes de 2016. []
avatar fragmentario es la bitácora personal de Martín Miguel Quintana, residente de profesorado, escritor y utopista profesional. Correo:

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