Censurados
Hace menos de un mes que una corriente de personajes públicos (bah, privados) -que incluye al mediocampismo (clase media+campo), los radicales marginados, la vaca Cleto, los coalicionados cínicos, la prensa in-the-pendiente de los grupos Clarín y La Nación, los mellizos de Angeli, las mellizas Xipolotakis, las trillizas de oro, el negro González Oro, los del oro de Moscú, los guardianes de la ley, los que piden más ley -y más dura-, los líderes religiosos, los osos, los del sindicato de lectores imaginarios que escriben las cartas de lectores firmando como reales y algún desconocido profesional de la tele- denuncian sistemáticamente actos de censura hacia ellos.
De pronto, Atilio de Angeli tiene derecho a actuar en Cosquín de facto, sin pasar por instancias de competencia, como coplero mundialmente reconocido. Los canales tienen que pasar primeros planos de Schiaretti y Cobos en Jesús María, porque les baja la autoestima. Radio del Plata tiene que mantener a Nelson Castro en su equipo para honrar la lucha de los grandes medios contra la precarización laboral y la ausencia de una línea editorial. Al mismo tiempo, La Nación demuestra su autoritarismo comunista censurando por orden del gobierno a quienes lucharon contra la subversión apátrida que quiso imponer su sucio trapo rojo en el lugar de nuestra celeste y bla bla bla. Por suerte tenemos a Mr. Magnetto, a Carrió, a Macri, a Miguens, Biolcatti y Pando para salvaguardar la República.
Casanova al ministerio de Economía
Sí, Lucas, el mundo se derrumba y todos se enamoran. Es más: las dos cosas, como muestra Perfil, están unidas por la causalidad.



