Estoy algo corto de tiempo entre narrativas, clases, parciales, exposiciones, proyectos nuevos y cotidaneidades. Paso a contar algunas novedades:

  • El alojamiento web estuvo con problemas, pero al parecer están casi solucionados y las nuevas actualizaciones prometen mucho.
  • Designé a dos excelentes moderadores en los foros, Lucas (padawan) y Pitu, así que estoy más tranquilo sabiendo que aunque no esté conectado, la comunidad se encuentra en buenas manos y con gente que aporta discusiones excelentes.
  • Estamos trabajando con Ramón en la creación de una red social de docentes y residentes de profesorado en lengua y literatura, que se intitula El Hormiguero. De a poco va tomando forma y espera su inauguración oficial. Dentro de poco habrá más noticias frescas.

En fin, disculpas por una semana tan agitada en el mundo real como infructuosa en la blogósfera.

Acá estamos de nuevo, entre la euforia y la desesperación, buscando luces.

Darío Poblete, el asesino del docente neuquino Carlos Fuentealba fue condenado hoy a prisión perpetua. Podemos alegrarnos de que la justicia argentina decidió, en este caso, ser justa.

Esperemos que en poco tiempo esta justicia sea total y se condenen a todos los responsables políticos de este asesinato vergonzoso. Cuando esto ocurra, la memoria y la verdad habrán triunfado.

Navegando por unas series viejas del blog Crónicas Argentinas, encontré algo maravilloso. En un artículo satírico de hace más de un año, titulado ¡Docentes millonarios!, Juan Pablo Meneses planteaba una pregunta casi fundamental no sólo para la educación sino para la sociedad en general. ¿Cuánto debe ganar un docente? El descubrimiento no estaba en el artículo, sino en sus comentarios. Mientras algunos docentes reaccionaron como yo lo hubiera hecho, recurriendo a la ironía para despedazar segundas intenciones, Marisa Negri, colega de Lengua, eligió responder de esta manera:

Ahh, buen día, qué pregunta!
Son las 5.41hs y estoy a minutos de salir en viaje para la escuela en Villa Celina (La Matanza) Esto queda a una hora y media de mi casa. Soy una profesora “taxi”. Desde que me mudé de Zárate a la Gran Ciudad las cosas son así: no hay ningún convenio por el cual mis horas titulares como docente de provincia puedan ubicarse en Capital, cerca de casa. (Bah, en realidad convenio hay, pero sólo con las mujeres de los gendarmes y los bancarios que tienen un “acuerdo” especial). Con suerte llegaré a mi casa a las 18.30hs ya que a pesar de no trabajar tantas horas tengo baches sin llenar en el horario y horas muertas para pasar en Celina que nadie pagará.
Los chicos: adolescentes de un mundo desencantado, vienen de repetir entre dos y tres veces el mismo curso, sus casas se inundan, el barrio es un basural, y el tema es -a estas alturas- irse midiendo, tomarle prueba a los maestros, ver hasta dónde llega la resistencia, hasta dónde te “ponés la gorra”. Ayer traté de leerles un cuento, pero todavía no. Aún no logramos el respeto y la confianza mínima para eso. Ya llegará , lo sé. Pero todavía no.
Volví a casa sin poderme sacar de la cabeza la imagen de P. que me miraba con ojos vidriosos sin mirarme, y la imagen de C. que se quedó con ganas de escuchar ese cuento.
Me fui por las ramas.
Se me ocurren cantidades de cosas en las que ayudaría a la escuela de ser millonaria (imagino bibliotecas coloridas, salas de computación, paseos didácticos a todas partes)
¿Cuánto debería ganar un maestro?

Lo necesario para trabajar un turno, planificar sus clases, descansar, y poder tener siempre salidas creativas para convencer a los pibes de lo fascinante que puede ser escuchar un cuento.

Y más tarde, el mismo día, después de varios comentarios que van desde la alabanza de la escuela pública hasta el odio por el conocimiento, Marisa vuelve a participar:

Ahora que volví de la escuela y leo todo lo que se ha posteado en el día, me dan ganas de decirles que vengo con una sonrisa ancha: cansada y contenta.
La tarea de hoy consistía en hacer un acróstico con el nombre y presentarse, Miriam, de 14, de padres bolivianos, muy tímida y bellísima escribió:

M ansiones de luz
I nvaden el corazón
R imas
I nsensatas
A lmas que sollozan
M iraban.

Es otra clase de pago, otra clase de alimento que no aporta otro trabajo.
Con esto no quiero decir que mi sonrisa paga la compra del super, no.
Cada trabajador merece un sueldo digno, cada uno de nosotros precisa tiempo también para los afectos, la creatividad, el placer.
Me preocupa un poco la falta de tolerancia que se lee en algunos post, la opinión indiscriminada, irrespetuosa.
Todo lo que se da, vuelve.
Las horas que dedico a la revista de literatura virtual de mis alumnos no son pagas pero son puro placer. Tal vez el único secreto - más allá de exigir lo que nos merecemos- sea la pasión por lo que hacemos.

Es muy bueno debatir temas como éste. Como un caleidoscopio van apareciendo las opiniones de cada uno. Encuentros y desencuentros. Solidaridades compartidas, voces enojadas, certeras, humildes, categóricas, conmovedoras,competentes…
El diálogo enriquece, sin dudas.
Este espacio logra que cada uno de los que participamos renueve su compromiso e ideología social.
No es poco.
El lugar que nos toca desempeñar no es - a mi modo de ver- aleatorio. El año pasado, cuando tuve que cambiar mis horas debido a mi mudanza a la capital, me costó muchísimo adaptarme.
Me entristecía profundamente tener que caminar 8 cuadras de barro y basura para llegar a la escuela, darme cuenta de que muchos chicos del barrio no conocían la capital, jamás habían ido a la feria del libro,o a San Justo que es el centro del partido.
Me preguntaba por qué tenía que estar ahí, qué tenía que aprender yo de esa situación.
Por esos días decidimos participar de la Maratón de Lectura, y después participar de los torneos bonaerenses,y del concurso de haiku que organiza la Fundación Borges.
Y llegaron los premios, de pronto 14 chicos conocieron San Justo cuando fueron a participar de un taller con otros chicos del partido, y tres viajaron a Mar del Plata, y uno de ellos, premiado en Mar del Plata representó a la Pcia de Bs As en la ciudad de Córdoba.

Y otro (que jamás había visto el mar) conoció a María Kodama que le entregó su mención por este haiku:

Una gaviota
volaba sobre mares
entristecidos

Sergio Prado de la ESB 186

Esos chicos que viajaron, ahora están otro año más conmigo, entusiasmadísimos con la poesía ( que además se dieron cuenta que es muy efectiva con las chicas)
y quieren seguir haciendo cosas: pintar murales, ver obras de teatro, escribir, leer…
Les cuento esto porque muchas veces creí que tenía que dejar las escuelas y dedicarme a escribir poesía y a dar talleres y ahora entiendo que hoy estoy en el lugar que me toca, acompañada de profes y pibes maravillos. Algunos más cercanos, otros más difíciles y huraños.
Confío en que todo sea una cuestión de tiempo.

Gracias a Patricio, a Marta y a Guadalupe por sus comentarios, y a mis maestras y profes, desde ya, que sembraron en mí este amor incondicional por la literatura y la enseñanza.

Para muchos, el sentido de estas citas es evidente. Otros probablemente recién encuentren, en estos enunciados, una aproximación a eso que llamamos la vocación docente. Por mi parte, celebro que haya muchas docentes como Marisa en el ciberespacio, en el sistema educativo y en este planeta.

Quien se interese, puede acceder a las experiencias de Marisa y sus alumnos visitando La huella del dragón, la excelente bitácora de literatura de la escuela 186. Recomiendo especialmente las actividades del taller de escritura, donde abundan ejemplos de lo que puede lograr el amor por la literatura unido al más firme compromiso docente.

avatar fragmentario es la bitácora personal de Martín Miguel Quintana, residente de profesorado, escritor y utopista profesional. Correo:

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