El gobierno soviético y Georgia

Visto en 20minutos.es, la competencia del novísimo diario Pravda.

Cabezudo y afeminado

Visto en: Infobae.com

Una sonada campaña en defensa del español recorre España, ahora fogueada por la ridícula campaña del PP, el apoyo vía manifiesto de un grupo de intelectuales liberales (Vargas Llosa, Savater, Goytisolo, Pérez-Reverte) y la fingida preocupación de un puñado de académicos, los guardianes de la lengua por omisión.

Es una suerte que la dirección de la RAE haya decidido correrse de esta pantomima y haya negado la existencia de un problema de lenguas. Es una pena, por otra parte, que la institución que asume la voz del idioma no haya denunciado los intereses que existen detrás de esta iniciativa.

Es claro que el castellano no corre ni siquiera un riesgo leve de verse siquiera conmovido por cualquier otra lengua (400 millones de hablantes garantizan una vitalidad enormísima) y que incluso tiende a expandirse y a consolidarse en países no hispanos. Sin embargo, se ha instalado la idea de que nuestra lengua se encuentra en peligro (en su propio lugar de origen) por culpa del crecimiento del catalán, el euskera y el gallego.

Todas las comunidades autonómicas se mostraron sorprendidas por la acusación y negaron que exista una política contra el castellano, a la vez que reivindicaron su derecho a promover las lenguas cooficiales. El problema, como es deducible, es otro.

Tiene que ver con el derecho de una cultura a identificarse por su propia lengua y no por la que privilegie el Estado. Tiene que que ver con el prestigio y la historicidad de una lengua sobre otras. Tiene que ver, como indica manifiesto, con la imposición de una lengua, la castellana, que deberá ser común y oficial a todo el territorio nacional, siendo la única cuya comprensión puede serle supuesta a cualquier efecto a todos los ciudadanos españoles y abarcar toda la vida pública, desde edificios oficiales y (…) vías públicas, (…) comunicaciones administrativas, (…) información a la ciudadanía hasta llegar a la representación política de un pueblo:

Los representantes políticos, tanto de la administración central como de las autonómicas,utilizarán habitualmente en sus funciones institucionales de alcance estatal la lengua castellana lo mismo dentro de España que en el extranjero, salvo en determinadas ocasiones características.

A estos fascistas del idioma no les vendría mal releer la Declaración Universal de los Derechos Lingüísticos, que casualmente se firmó, hace más de doce años, en la amenazante Barcelona. Tal vez su lectura (ya que las investigaciones de la sociolingüística sobre identidad y lenguaje no les hacen eco) les permita reflexionar y frenar la propuesta de lo que significaría un retroceso de décadas en la democracia lingüística y la pluralidad cultural. Porque España puede ser una madre querida, pero ninguno de sus hijos sufre de complejo de Edipo: ya son libres.

Mucho se ha discutido sobre la forma en que el kirchnerismo se apropió de organizaciones, discursos y sentidos políticos sobre los que se vertebró históricamente el progresismo. Las razones son tan múltiples como las culpas, y muchas de estas culpas tienen sus razones en los errores comunicativos y organizativos que se cometen (que cometemos) desde la izquierda. Si hace ya varios años los partidos y frentes progresistas exhibían serios problemas para convencer al electorado y aún a sus propios adherentes, el experimento de la transversalidad y la cooptación borró del mapa la posibilidad de una alternativa de izquierda que pueda competir con el oficialismo.

Sin embargo, el conservadurismo no lo pasó tan mal. Al contrario, es probablemente el sector que más salió ganando del reordenamiento ideológico, desde el liberalmacrismo hasta el pattifascismo, pasando por la tragedia que significó Sobisch y las comedias que representa el saádismo.

Este escenario colocó al progresismo en dos posiciones.

Desde un lugar se proclama que, al ser imposible por el momento instituirse a la izquierda del kirchnerismo, cualquier construcción crítica será funcional a la derecha y por lo tanto el camino es la reforma desde dentro del poder. Parecen decir: el FPV nos absorberá, pero la historia me absolverá.

Otros grupos (entre los que me incluyo) se vieron obligados a oscilar, como costo de la independencia, entre el discurso testimonial y los apoyos coyunturales. Esta izquierda no integrada sólo tiene claro dos cosas: que no es kirchnerista y que su deber es articular ideas y prácticas superados que permitan recobrar el lugar y el tiempo perdidos. Es decir, nos ubicamos en mismísimo limbo (un lugar que, según los últimos edictos eclesiásticos, parece no existir).

Pero aunque en cualquiera de estas dos posturas prime la incomodidad (nadie dijo que era fácil), quienes rompieron el molde asumiendo una extrañísima tercera posición parecen sentirse cómodos, y además ganan popularidad y votantes: me refiero a la flamante izquierda de derecha.

Esta izquierda (más precisamente ex-centroizquierda) resolvió la dialéctica con imaginación, y como venganza por las ideas que ahora representan otros, cometió la misma apropiación pero en sentido contrario: se adueñó del discurso de la intolerancia y el catastrofismo, apeló al sentido común de la clase media gorila y la clase alta golpista, se burló de todas las instituciones democráticas, se aprovechó sin empacho de la mentira, la calumnia y la falacia de los Grondona y los Morales Solá. ¿Si ellos crecieron así por qué nosotros no? se preguntaron, y abandonaron todo lo que antes defendieron, en algunos casos por simple oportunismo, en otros porque jamás creyeron en lo que decían.

El emergente más obvio es la mesiánica Carrió y su cohorte de delarruistas reciclados de la Coalición Cínica, pero también podemos incluir a Luis Juez, a la UCR (que -no nos olvidemos- forma parte de la Internacional Socialista) y a varios medios y periodistas antes llamados críticos. Ubicarse un paso a la izquierda de la derecha parece ser una inversión incluso más redituable que la soja.

¿Qué será de nosotros, los cavernícolas que aún creemos que la izquierda debe ser más antifascista, más democrática, más ética y más humana que la derecha, ahora que Lilita anunció que el apocalipsis se atrasó pero llegará en julio? ¿Deberemos arrepentirnos de nuestros pecados?

Campaña de Amnistía Internacional


No hizo nada. Él sólo está mostrando el número de teléfono de Amnistía Internacional.

Discriminar no es humano. Denuncialo.


Visto en Peinate que viene gente, junto a otras campañas gráficas agresivas.

Esta es la parte 7 de 12 partes en la serie Residencia en la tierra

Nuevamente entramos más tarde, así que pido a una alumna que reparta los papelitos de la actividad mientras se toma asistencia (enunciados incompletos al estilo Es una tontería… Si pudiera… Es malo para la sociedad…, todos diferentes). Después de un breve repaso, pido a los alumnos que completen el enunciado con lo que consideren adecuado y luego realicen algún tipo de reformulación.

En instantes, todos quieren leerme sus producciones. Una alumna me llama pero me pide, con timidez, no leer su resolución públicamente. Procede a leer, entonces, en voz baja:

-Cuando salga del colegio… voy a encontrarme con el chico que me gusta. Yo reformulé por ampliación: Cuando salga del colegio, luego de la clase de lengua, voy a encontrarme con el chico que me gusta para irnos a su casa.

Todo el grupo de chicas espera mi reacción, probablemente imaginando que estoy obligado a elegir entre la complicidad o la indignación. Siempre ocurre (lo comprobamos en años anteriores) que las alumnas intentan aparentar madurez o experiencia ante practicantes varones, y normalmente lo hacen de forma bastante torpe. Para marcar distancias sin herir su orgullo femenino, opté, para estas situaciones, por rodear la cuestión circunscribiéndolas a lo pedagógico.

-Está muy bien. También podrías, para ejercitar, sustituir algunas palabras por sinónimos, pero esto es adicional.

-¿Pero está bien? ¿Le gusta?

-La aplicación es correcta. Eso es lo importante.

Por suerte, el grupo IDEA me llama insistentemente, lo que resulta un buen escape antes de que el color me gane las mejillas.

Luego de cinco minutos, entrego un lápiz a un alumno de primera fila y explico que la única forma de librarse del lápiz es leer la producción. Luego de hacerlo, puede pasarlo a su compañero de banco, que hará lo mismo, y así hasta que todos hayan leído. Método sencillo y eficaz, aprendido en la última Didáctica, que funciona a la perfección. Los resultados son coherentes y sus contenidos expresan el idealismo juvenil: condenan las guerras, el calentamiento global, la indiferencia social, a la vez que reivindican sus propios intereses, sus rebeldías, su derecho al ocio.

Cuando se comienzan a repartir las propuestas del siguiente trabajo (el evaluativo) las consultas se multiplican hasta hacer imposible la escucha. Reclamo atención y detallo las actividades. Básicamente, se trata de aplicar los procedimientos aprendidos al texto de divulgación científica utilizado en el tema anterior, en grupos de dos. Luego de una explicación minuciosa, pido que levanten las manos quienes aún tengan dudas. La gran mayoría lo hace.

-Me refiero a dudas sobre lo que hay que hacer en las actividades. Los que quieren ir al baño, darme ejemplos o hacer planteos existenciales lo hacen después por separado. Repito: ¿dudas sobre las actividades?

Todos bajan las manos.

-A trabajar, entonces.

Por el efecto dominó, todos pugnan por ir al baño. Les ordeno organizarse de acuerdo a las condiciones que establecí el primer martes. Recorro los grupos, atendiendo a sus dudas y monitoreando el avance general. Una pareja de alumnas me llama para anunciarme que terminaron. Como aún queda mucho tiempo, les propongo hacer la actividad alternativa: un cuento o poesía dual, en el que apliquen reformulaciones mientras escriben. Hago igual con otro grupo y sigo revisando hasta que la hora termina.

Trato de leer parado en el colectivo de regreso, con poco éxito. Cuando llego a casa, preparo mate y me siento a leer, emocionadísimo, los primeros trabajos prácticos que evaluaré en mi incipiente vida docente. Cuando termino, respiro profundo. Las aplicaciones fueron excelentes, fuera de algunas confusiones en la última actividad. Más relajado, me dispongo a leer los textos de la propuesta accesoria.

El segundo grupo en terminar, con menos tiempo, realizó una divertida variación sobre el cuento de Pinocho, aplicando los cuatro tipos de reformulación con mucha destreza. Escribo mis impresiones a pie de página.

El otro texto parece ser, por el formato, una poesía. Cebo otro mate y, cuando llego al último verso, me ahogo y entro en un acceso de tos.

Pobres de mis ojos, cómo te han llorado,

pobre de mi corazón porque aún te sigue amando,

aunque tu cuerpo ya no me está acariciando.

Si tus labios no están, ya no tengo tus besos.

Cuando llega la noche y está tan sola mi alma,

me imagino tu cuerpo dibujado en mi cama.

Lo releo sintiéndome un poco tonto. Finalmente escribo una larga apología de la literatura para sus autoras, junto a mis cálidas felicitaciones. Lo único que me preocupa, al final del día, es la posibilidad de hacer la segunda parte de mi residencia en primavera o verano. Joyce no lo quiera.

El diario español Público ha publicado (valga la aliteración) una relectura de los diez mandatos cristianos, esta vez no con la intención de reducir los pecados civiles, sino las intromisiones eclesiásticas en el espacio público, y avanzar en la consecución de una laicidad estatal plena. En el portal del periódico están desarrollados por separado. Yo me limitaré a transcribir la lista, porque me parecen puntos excelentes para llevarlos a un debate adecuado a la situación en nuestro propio país, aunque todavía el tema no interese a los medios locales.

I. Educarás en igualdad
II. No sermonearás fuera del púlpito
III. No impondrás tus símbolos al Estado
IV. No mezclarás la gloria terrenal y celestial
V. No acapararás las fiestas del calendario
VI. No invadirás instituciones públicas
VII. Cuidarás de tu propio patrimonio
VIII. Acatarás la ley de datos
IX. No utilizarás los medios públicos
X. Te autofinanciarás

Vía: Escolar.net

Terminada la represión y el desalojo de los cartoneros que exigían la vuelta del tren blanco, llegó el momento de justificar los hechos. El jefe de gobierno porteño -que es Macri- y su cohorte intentaron (intentan) justificar ahora por medio de la palabra lo que resolvieron a golpes.

“Tenemos un fuerte compromiso con el respeto y la no ocupación del espacio público” (Juan Pablo Piccardo, ministro de Medio Ambiente)

A Piccardo le falta, además de la nobleza, la vergüenza. Que está comprometido fuertemente es indudable, por lo que debería ser juzgado bajo sus propios dichos. Ahora bien ¿respetar el espacio público significa no ocuparlo? ¿Entonces, por qué es público? ¿Por qué entonces Metrovías puede ocuparlo permanentemente con impunidad y no puede hacerlo el pueblo? Debemos creer, entonces, que los ocupantes no pertenecían a las categorías de ciudadanos con derecho público, sino a una casta peor.

“La ciudad de Buenos Aires está inundada de miles de delincuentes que todos los días se roban la basura que la gente saca a la vereda. Además, no pagan impuestos. Vamos a sacar de la calle y a meter presos a quienes no se ajusten a la política de higiene urbana.” (Mauricio Macri, 2002)

Los cartoneros, para Macri, no ocupan. Inundan como una marea de barro o grasa. Vienen a robar lo más preciado que produce la ciudadanía para el país: basura. Uno se asusta cuando los agoreros anuncian guerras por los alimentos, por el agua, por el petróleo, pero ¿no es mucho pelear por la basura? No para Macri, cuya empresa tenía a cargo la recolección de residuos. Nuestra basura es, por más compromiso público del que se jacten estos fascistas, un bien privatizado y por ende, factible de ser robado por quienes evaden impuestos, o sea, las empresas del grupo Macri, ¡perdón!… los cartoneros. En fin, todo sea por la higiene urbana, nuevo eufemismo para la higiene racial y política.

“Impedir que los cartoneros entren a la ciudad implicará mantener la ciudad más limpia y evitar problemas de inseguridad y drogadicción que se esconden detrás de los recolectores callejeros” (Marcelo Reis, diputado del Pro)

Esta debe ser, si no la elucubración más discriminatoria, la más falaz de todas las proposiciones macristas. Aplicando su criterio, impedir la entrada de malabaristas evitará el analfabetismo, cerrar las puertas a los técnicos en refrigeración acabará con el déficit educativo y dejar fuera a los gastroenterólogos terminará con la incorrección lingüística.

“Siento que estamos empezando a gobernar” (Gabriela Michetti)

La peor invalidez no es la física. Es la humana. Si alguien cree que gobernar es procesar a los pobres, expulsarlos de la ciudad o reprimirlos sin una orden judicial no merece otra cosa que el desprecio.

Por supuesto, esto es apenas un principio. Falta todavía que se concrete el tan mentado traspaso del poder de la policía a estos policías del pensamiento. Entonces sí va a estar bueno Buenos Aires. Para los que queden.

Vivir en un edificio implica múltiples desventajas, pero si esperar el ascensor puede ser estresante, hay situaciones que francamente son inauditas.

No me considero un respetuoso de la legalidad, pero sí de la convivencia pública. Vale decir, estoy de acuerdo con el robo de bancos pero no con negarse a dar el asiento a las embarazadas, cosa que por otra parte no es ilegal. Lo que voy a narrar tampoco lo es, pero no deja de ser problemático.

Un día de estos, antes de salir del patio general, todavía con el picaporte en la mano, una escena me paralizó. A unos metros de mi ubicación, una anciana muy sonriente alentaba a su perro (uno de esos adefesios pretenciosos y pelados cuyo epíteto es toy) a defecar sobre el césped. Cuando salí de mi estupor y me acerqué a la dama, el animal ya había depositado una generosa cantidad de estiércol y recibía los afectos de su dueña.

Indignado, le reproché a la anciana su conducta antisocial, las circunstancias agravantes del hecho (chicos que juegan, insalubridad, zapatillas sucias, aroma nauseabundo, etcéteras). Su rostro se alternaba entre serio y avergonzado. Finalmente, trató de explicarse.

- No puedo juntar eso, tengo problemas de cadera.

- Bueno, podría llevar su perro a otro lugar… a un terreno baldío, al basural de la esquina.

- ¿Y la inseguridad?

- ¿Inseguridad de qué?¿Acaso lleva dinero cuando sale con su perro?

- No, pero me pueden robar a Jaimito. - me espetó, mirando tiernamente al implicado.

Por supuesto, lo primero que pensé es la anciana se burlaba. En primer lugar, mi barrio no se caracteriza por la falta de perros: las calles están inundadas de miles de canes sin dueño. En segundo lugar, nadie robaría un perro tan horrible en plena defecación. La conclusión era que estaba ocurriendo otro caso de esos en que la edad avanzada es sinónimo de impunidad.Me exasperé:

- Como sea, no puede andar andar llenando de mierda el patio. Si no tiene otras opciones, haga que el perro cague dentro de su departamento, y no joda al resto de los vecinos. Buenas tardes.

La señora me miró con odio contenido y yo, haciendo una reverencia, me marché. Mientras giraba hacia la parada de colectivos, alcancé a oir su último descargo.

- Hombre malo, Jaimito.

No pude más que reírme.

Creo, y sobre todo ahora, frente al vacío que llena la parte central del blog (llenan los vacíos, si no me creen, miren a Borges), que el llamado pánico de la hoja en blanco tiene por lo menos dos realizaciones, a veces felizmente sucesivas.

En la más común, la extensión del territorio vacuo (magnitud simbólica, relativa, subjetivísima, un renglón, un cuaderno, un cúmulo de páginas web) devora al aventurero temeroso, provoca su huida o, en el mejor de los casos, lo congela en el rol de mudo espectador de su impotencia. Esta patología es capaz de destruir las mejores empresas, silenciar a los más avezados ideólogos, callar a los poetas más sublimes.

Descubrí recientemente la otra derivación, y trato de dejarme contagiar por ella. La identifiqué tras largo tiempo, observando a personas cuyo pánico lleva a la acción más inesperada: intentar ocupar todos los espacios en blanco con los que den. Para ilustrarlo, imaginen a un aracnófobo defendiéndose de su fobia, no escondiéndose de las arañas, sino cazándolas alegremente por todo el barrio. El miedo de origen es igual en los dos casos, pero no así la forma de tratarlo. Los paranoicos de la hoja en blanco se escandalizan con los vacíos que no llenan, buscan apropiarse de una parte de cada cosa que descubren, intentan innovar en lo que apenas conocen. Son esas personas que tienen siempre presta la pluma para el cuento colectivo, la revista marginal, la crítica de un ensayo, el correo cómplice.

Esa dualidad peligrosa, ese oscilar entre dos polos explicaría, tal vez, este ímpetu transformado en idea.

avatar fragmentario es la bitácora personal de Martín Miguel Quintana, residente de profesorado, escritor y utopista profesional. Correo:

Correo de Gmail

Cerrar
Enviar por Correo