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La libertad y después

Ingrid Betancourt fue finalmente rescatada del secuestro en que la mantenían hace seis años las FARC, en un dudoso operativo realizado por fuerzas militares colombianas.

Evidentemente, hay muchos ganadores: gana la lucha de una familia, ganan las buenas acciones de las democracias del mundo, gana la humanidad, gana la ética, gana el bien y ganan todos aquellos que consideran aberrante mantener privada de la libertad a una persona por el simple hecho de tener alguna relevancia política y una reconocida importancia como moneda de canje.

Ahora ¿quién más gana? ¿Gana Uribe? ¿Gana su posibilidad de ser reelecto, como sugiere la oposición? ¿Gana la guerra, como creen Echegaray y PC argentino? ¿Ganan los apólogos de la mano dura? ¿Gana la imagen positiva de Sarkozy? ¿Gana la política exterior de Bush? ¿Gana el Plan Colombia?

Ante tantos posibles ganadores, no me queda claro quienes son los que pierden. Porque la liberación de Ingrid es un hecho humano, donde todos ganan, pero también es un hecho político, y en política siempre hay alguien que pierde. Nadie está exento de salir perjudicado, ni siquiera quienes más lucharon por lograr esta liberación.

Odio arruinar la fiesta, pero no puedo evitar pensar en la resaca de mañana. Ojalá recordemos todo lo ocurrido y no haya de qué arrepentirse.

Al fondo a la derecha

Mucho se ha discutido sobre la forma en que el kirchnerismo se apropió de organizaciones, discursos y sentidos políticos sobre los que se vertebró históricamente el progresismo. Las razones son tan múltiples como las culpas, y muchas de estas culpas tienen sus razones en los errores comunicativos y organizativos que se cometen (que cometemos) desde la izquierda. Si hace ya varios años los partidos y frentes progresistas exhibían serios problemas para convencer al electorado y aún a sus propios adherentes, el experimento de la transversalidad y la cooptación borró del mapa la posibilidad de una alternativa de izquierda que pueda competir con el oficialismo.

Sin embargo, el conservadurismo no lo pasó tan mal. Al contrario, es probablemente el sector que más salió ganando del reordenamiento ideológico, desde el liberalmacrismo hasta el pattifascismo, pasando por la tragedia que significó Sobisch y las comedias que representa el saádismo.

Este escenario colocó al progresismo en dos posiciones.

Desde un lugar se proclama que, al ser imposible por el momento instituirse a la izquierda del kirchnerismo, cualquier construcción crítica será funcional a la derecha y por lo tanto el camino es la reforma desde dentro del poder. Parecen decir: el FPV nos absorberá, pero la historia me absolverá.

Otros grupos (entre los que me incluyo) se vieron obligados a oscilar, como costo de la independencia, entre el discurso testimonial y los apoyos coyunturales. Esta izquierda no integrada sólo tiene claro dos cosas: que no es kirchnerista y que su deber es articular ideas y prácticas superados que permitan recobrar el lugar y el tiempo perdidos. Es decir, nos ubicamos en mismísimo limbo (un lugar que, según los últimos edictos eclesiásticos, parece no existir).

Pero aunque en cualquiera de estas dos posturas prime la incomodidad (nadie dijo que era fácil), quienes rompieron el molde asumiendo una extrañísima tercera posición parecen sentirse cómodos, y además ganan popularidad y votantes: me refiero a la flamante izquierda de derecha.

Esta izquierda (más precisamente ex-centroizquierda) resolvió la dialéctica con imaginación, y como venganza por las ideas que ahora representan otros, cometió la misma apropiación pero en sentido contrario: se adueñó del discurso de la intolerancia y el catastrofismo, apeló al sentido común de la clase media gorila y la clase alta golpista, se burló de todas las instituciones democráticas, se aprovechó sin empacho de la mentira, la calumnia y la falacia de los Grondona y los Morales Solá. ¿Si ellos crecieron así por qué nosotros no? se preguntaron, y abandonaron todo lo que antes defendieron, en algunos casos por simple oportunismo, en otros porque jamás creyeron en lo que decían.

El emergente más obvio es la mesiánica Carrió y su cohorte de delarruistas reciclados de la Coalición Cínica, pero también podemos incluir a Luis Juez, a la UCR (que -no nos olvidemos- forma parte de la Internacional Socialista) y a varios medios y periodistas antes llamados críticos. Ubicarse un paso a la izquierda de la derecha parece ser una inversión incluso más redituable que la soja.

¿Qué será de nosotros, los cavernícolas que aún creemos que la izquierda debe ser más antifascista, más democrática, más ética y más humana que la derecha, ahora que Lilita anunció que el apocalipsis se atrasó pero llegará en julio? ¿Deberemos arrepentirnos de nuestros pecados?

Obiang no es un tipo copado

El dicator Obiang - Perfil.com

O bien perfil.com está buscando atraer lectores jóvenes, o bien están explotando demasiado a los muchachos que hacen pasantías. De todos modos ¿no será mucho?.

El perro inseguro

Vivir en un edificio implica múltiples desventajas, pero si esperar el ascensor puede ser estresante, hay situaciones que francamente son inauditas.

No me considero un respetuoso de la legalidad, pero sí de la convivencia pública. Vale decir, estoy de acuerdo con el robo de bancos pero no con negarse a dar el asiento a las embarazadas, cosa que por otra parte no es ilegal. Lo que voy a narrar tampoco lo es, pero no deja de ser problemático.

Un día de estos, antes de salir del patio general, todavía con el picaporte en la mano, una escena me paralizó. A unos metros de mi ubicación, una anciana muy sonriente alentaba a su perro (uno de esos adefesios pretenciosos y pelados cuyo epíteto es toy) a defecar sobre el césped. Cuando salí de mi estupor y me acerqué a la dama, el animal ya había depositado una generosa cantidad de estiércol y recibía los afectos de su dueña.

Indignado, le reproché a la anciana su conducta antisocial, las circunstancias agravantes del hecho (chicos que juegan, insalubridad, zapatillas sucias, aroma nauseabundo, etcéteras). Su rostro se alternaba entre serio y avergonzado. Finalmente, trató de explicarse.

- No puedo juntar eso, tengo problemas de cadera.

- Bueno, podría llevar su perro a otro lugar… a un terreno baldío, al basural de la esquina.

- ¿Y la inseguridad?

- ¿Inseguridad de qué?¿Acaso lleva dinero cuando sale con su perro?

- No, pero me pueden robar a Jaimito. – me espetó, mirando tiernamente al implicado.

Por supuesto, lo primero que pensé es la anciana se burlaba. En primer lugar, mi barrio no se caracteriza por la falta de perros: las calles están inundadas de miles de canes sin dueño. En segundo lugar, nadie robaría un perro tan horrible en plena defecación. La conclusión era que estaba ocurriendo otro caso de esos en que la edad avanzada es sinónimo de impunidad.Me exasperé:

- Como sea, no puede andar andar llenando de mierda el patio. Si no tiene otras opciones, haga que el perro cague dentro de su departamento, y no joda al resto de los vecinos. Buenas tardes.

La señora me miró con odio contenido y yo, haciendo una reverencia, me marché. Mientras giraba hacia la parada de colectivos, alcancé a oir su último descargo.

- Hombre malo, Jaimito.

No pude más que reírme.