El fin del mundo está cercaSí, suena a que el grupo Clarín decidió blanquear a Elisa Carrió -su recurrente columnista televisiva y predicadora oficial- pero en realidad se trata de un interesante libro editado por Clase Turista como parte de una biblioteca en donde la incorrección política es la regla (la antología de poesía iraquí con diseño de carta-bomba fue uno de los primeros ejemplares de la serie).

A prepararse, entonces, que el fin de los días está a la vuelta de la esquina.

Vicente Verdú publicó recentemente en El País (España) lo que considera las diez reglas para la supervivencia de la novela. Días después, desde las páginas de Ñ (Argentina) Pablo de Santis le dirige una respuesta excelente, que destruye con consistencia este decálogo de falacias que Verdú pretende canonizar enfrentando el supesto canon.

Para sintetizar los absurdos que esgrime Verdú para esconder su velada xenofobia, trataré de resumir su postura.

Verdú comienza rezongando ante el hecho de que los últimos cinco premios Herralde de Novela fueron para escritores latinoamericanos. La razón, dice, es que los premios premian (¡viva la redundancia!) a quienes sostienen aún los parámetros de la novela moderna, cultivada como arcaizante costumbre en la América salvaje. Europa, en cambio, ya ha superado esta concepción, sólo vigente en países como “Irán, Irak, China, India, Argentina (sic!) o Senegal“.

Para Verdú la supervivencia de la novela (¿algo le andará pasando?) dependerá del abandono de los antiguos moldes literarios que la sostenían, como la fantasía, la intriga, la apoteosis, el argumento, la tercera persona, la seriedad, la acción y la ficción. Tales recursos fósiles serán reemplazados por otros extraídos de espacios tales como “publicidad, correo electrónico, chats, cine, YouTube, MySpace o la blogosfera”, que permitan conformar “un tutti frutti para el multipolar lector de hoy”.

En su apología fanática de la liviandad escrituraria, Verdú llega a afirmar como única alternativa posible los modelos de la autobiografía y el mensaje de texto. Su nihilismo es total: no deja la puerta abierta a ninguna novela preverduriana. Adiós Cervantes, adiós Faulkner, adiós Dante, adiós Carpertier.

Lejos de la decalogía y el sofisma, los escritores, como en el principio de los tiempos, intrigan, fantasean, argumentan, novelan.

Recientemente leí en el diario Página/12 que Argentina es el país de habla hispana con más talleres literarios en desarrollo. No me llamó tanto la atención haber obtenido el dudoso honor nacional del primer puesto en el rubro como la calidad de las plumas involucradas: Abelardo Castillo, David Viñas, Daniel Link, Liliana Heker, Hebe Uhart, Alicia Steimberg, Guillermo Saccomanno son algunos nombres de escritores relevantes que se dedican al ¿negocio? ¿oficio? de dirigir los talleres.

Por otra parte, los (las) talleristas parecen haber atendido muy bien a las clases: Ángela Pradelli y Claudia Piñeiro, ganadoras respectivas de las ediciones 2004 y 2005 del premio Clarín de Novela, son alumnas del taller de Saccomanno. Silvia Schujer y Guillermo Martínez pasaron por el taller de Heker.

Esto me hizo pensar, comparativamente, en el auge del tallerismo y las carreras de Escritura Creativa tan en boga en Estados Unidos. Si uno lee las reseñas sobre los jóvenes autores norteamericanos aparecidas en Granta o en alguna web literaria, notará que la mayoría viene de dar un taller que formó a otros escritores-revelación, o viene como uno de los descubrimientos del taller, o tiene un máster o posgrado en habilidades escriturarias.

En fin, la escritura parece haberse convertido en algo que se aprende, bien en la informalidad de los talleres o sufriendo el rigor académico de las academias. Ha evolucionado, como otros oficios, al nivel de profesión, de saber enseñable, mejorable, demostrable por medio de títulos. Por mi parte, todavía ocupo ese espacio salvaje y prehistórico de los escritores cuya única formación es la lectura de otros escritores y la escritura misma, aunque espero, alguna vez, recibir de algún afamado escritor el título de egresado o tallerista horroris causa.

avatar fragmentario es la bitácora personal de Martín Miguel Quintana, residente de profesorado, escritor y utopista profesional. Correo:

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