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Día 7: El gobierno del revés

Capítulo 8 de un total de 20 en Residencia en la tierra

Comienzo la clase anunciando que la entrega de los trabajos será demorada hasta que la profesora a cargo revise la adecuación de las correcciones y les explique de qué forma se integrarán las calificaciones con los trabajos anteriores. Acordamos, además, que los alumnos que estuvieron ausentes la clase pasada deberán realizar un trabajo domiciliario que explicaré al día siguiente. Mientras se terminan de ordenar, aprovecho para pedir a dos alumnas que repartan una tabla individual con las clases de conectores y un texto para leer en parejas.

Para explicar el concepto de conectores, recurro a varias metáforas de conexiones (el tendido eléctrico, los caños de agua, el sistema gasífero) hasta lograr por fin -contra mi propia intención comunicativa- caer en el oscurantismo más profundo al llevarlas al terreno de la cohesión lingüística. Por suerte la sinceridad de la clase es total y todos afirman no haber entendido ni media palabra.

Vuelvo a explicar el concepto con más lentitud, haciendo gestos en las manos y gráficos en el pizarrón. Cuando todos exhalan suspiros de comprensión, comienzo a trabajar en un esquema en el pizarrón, deteniéndome por pedido de la clase en los conectores de causalidad y en la diferencia entre condicionalidad y restricción. Acompaño cada subtipo con varios ejemplos, aplicados al discurso académico, los paseos grupales, la política internacional, los asesinatos pasionales, el conflicto del campo, el uso de Internet, el miedo a la oscuridad, las recetas de cocina, la historia de Caperucita y la cotidianeidad del curso. Primero intento que identifiquen los conectores en los ejemplos. Al no tener mucho éxito, opto por presentarles oraciones incompletas para que ellos mismos elijan los conectores adecuados. Si bien hay altibajos en la atención, ya estoy en condiciones de solucionarlos rápidamente llamando a los implicados por su nombre de pila para que cesen las charlas espontáneas. Mi exposición se convierte entonces, en los momentos más álgidos, en algo así:

- En los conectores de causalidad, Carlos, existe una relación lógica, Yamila, en la que un hecho está directamente, Federico, provocado por otro, Guadalupe. Los reconocemos fácilmente, Enrique, porque no hay margen de duda en que uno produce al otro, Karen.

Cuando termino de exponer y de contestar las dudas, pido a los alumnos que realicen una identificación de los conectores en el texto de trabajo. Cuando comienzan a poner en común algunos de los hallazgos, me veo obligado por el tiempo a pasar el control de la actividad para el día siguiente, pero no sin antes pedirles que lo lean en voz alta. Una alumna toma su copia con desición.

Propuesta de gobierno

En nuestro partido político cumplimos con lo que prometemos.

Sólo los tontos pueden creer que

no lucharemos contra la corrupción.

Porque si hay algo seguro para nosotros es que

la honestidad y la transparencia son lo primero

para alcanzar nuestros ideales

Demostraremos que es un gran error creer que

las mafias seguirán formando parte del gobierno como en otros tiempos.

Aseguramos sin ninguna duda que

la justicia social será el fin principal de nuestro mandato.

Pese a eso, todavía hay gente poco inteligente que piensa que

se pueda seguir gobernando con los engaños de la vieja política

Cuando asumamos el poder, haremos lo imposible para que

se acaben las situaciones de privilegio y el acomodo

No permitiremos de ningún modo que

nuestros niños mueran de hambre

Cumpliremos nuestros propósitos aunque

los recursos económicos se hayan agotado.

Ejerceremos el poder hasta que

Comprendan desde ahora que

Somos el Mejor Partido, la “nueva política”.

Les pregunto si encontraron algo raro fuera de la demagogia exacerbada, pero todos se muestran desorientados.

-A ver, alguien que lo lea al revés.

-¿Así?- pregunta una alumna graciosa, ubicando las letras de cabeza.

-No, leyendo primero la última línea, luego la penúltima y así hasta terminar en la primera línea.

La inversión, como comprobamos, no es sólo oracional.

Me despido felicitando a los alumnos por las excelentes calificaciones obtenidas en el trabajo práctico. Todos se premian con un aplauso sostenido.

Día 6: ¿Qué tendrán las princesas?

Capítulo 7 de un total de 20 en Residencia en la tierra

Nuevamente entramos más tarde, así que pido a una alumna que reparta los papelitos de la actividad mientras se toma asistencia (enunciados incompletos al estilo Es una tontería… Si pudiera… Es malo para la sociedad…, todos diferentes). Después de un breve repaso, pido a los alumnos que completen el enunciado con lo que consideren adecuado y luego realicen algún tipo de reformulación.

En instantes, todos quieren leerme sus producciones. Una alumna me llama pero me pide, con timidez, no leer su resolución públicamente. Procede a leer, entonces, en voz baja:

-Cuando salga del colegio… voy a encontrarme con el chico que me gusta. Yo reformulé por ampliación: Cuando salga del colegio, luego de la clase de lengua, voy a encontrarme con el chico que me gusta para irnos a su casa.

Todo el grupo de chicas espera mi reacción, probablemente imaginando que estoy obligado a elegir entre la complicidad o la indignación. Siempre ocurre (lo comprobamos en años anteriores) que las alumnas intentan aparentar madurez o experiencia ante practicantes varones, y normalmente lo hacen de forma bastante torpe. Para marcar distancias sin herir su orgullo femenino, opté, para estas situaciones, por rodear la cuestión circunscribiéndolas a lo pedagógico.

-Está muy bien. También podrías, para ejercitar, sustituir algunas palabras por sinónimos, pero esto es adicional.

-¿Pero está bien? ¿Le gusta?

-La aplicación es correcta. Eso es lo importante.

Por suerte, el grupo IDEA me llama insistentemente, lo que resulta un buen escape antes de que el color me gane las mejillas.

Luego de cinco minutos, entrego un lápiz a un alumno de primera fila y explico que la única forma de librarse del lápiz es leer la producción. Luego de hacerlo, puede pasarlo a su compañero de banco, que hará lo mismo, y así hasta que todos hayan leído. Método sencillo y eficaz, aprendido en la última Didáctica, que funciona a la perfección. Los resultados son coherentes y sus contenidos expresan el idealismo juvenil: condenan las guerras, el calentamiento global, la indiferencia social, a la vez que reivindican sus propios intereses, sus rebeldías, su derecho al ocio.

Cuando se comienzan a repartir las propuestas del siguiente trabajo (el evaluativo) las consultas se multiplican hasta hacer imposible la escucha. Reclamo atención y detallo las actividades. Básicamente, se trata de aplicar los procedimientos aprendidos al texto de divulgación científica utilizado en el tema anterior, en grupos de dos. Luego de una explicación minuciosa, pido que levanten las manos quienes aún tengan dudas. La gran mayoría lo hace.

-Me refiero a dudas sobre lo que hay que hacer en las actividades. Los que quieren ir al baño, darme ejemplos o hacer planteos existenciales lo hacen después por separado. Repito: ¿dudas sobre las actividades?

Todos bajan las manos.

-A trabajar, entonces.

Por el efecto dominó, todos pugnan por ir al baño. Les ordeno organizarse de acuerdo a las condiciones que establecí el primer martes. Recorro los grupos, atendiendo a sus dudas y monitoreando el avance general. Una pareja de alumnas me llama para anunciarme que terminaron. Como aún queda mucho tiempo, les propongo hacer la actividad alternativa: un cuento o poesía dual, en el que apliquen reformulaciones mientras escriben. Hago igual con otro grupo y sigo revisando hasta que la hora termina.

Trato de leer parado en el colectivo de regreso, con poco éxito. Cuando llego a casa, preparo mate y me siento a leer, emocionadísimo, los primeros trabajos prácticos que evaluaré en mi incipiente vida docente. Cuando termino, respiro profundo. Las aplicaciones fueron excelentes, fuera de algunas confusiones en la última actividad. Más relajado, me dispongo a leer los textos de la propuesta accesoria.

El segundo grupo en terminar, con menos tiempo, realizó una divertida variación sobre el cuento de Pinocho, aplicando los cuatro tipos de reformulación con mucha destreza. Escribo mis impresiones a pie de página.

El otro texto parece ser, por el formato, una poesía. Cebo otro mate y, cuando llego al último verso, me ahogo y entro en un acceso de tos.

Pobres de mis ojos, cómo te han llorado,

pobre de mi corazón porque aún te sigue amando,

aunque tu cuerpo ya no me está acariciando.

Si tus labios no están, ya no tengo tus besos.

Cuando llega la noche y está tan sola mi alma,

me imagino tu cuerpo dibujado en mi cama.

Lo releo sintiéndome un poco tonto. Finalmente escribo una larga apología de la literatura para sus autoras, junto a mis cálidas felicitaciones. Lo único que me preocupa, al final del día, es la posibilidad de hacer la segunda parte de mi residencia en primavera o verano. Joyce no lo quiera.