Me permito compartir con ustedes (¡viva el conocimiento libre!) una primera tentativa de manifiesto, publicada hace dos días, sobre la filosofía del Edupunk, sus miradas, sus luchas, sus propuestas.

Manifiesto Edupunk

1. La institución educativa ha demostrado ser la institución más conservadora:ha resistido hasta el televisor y la calculadora.

2. La gran mayoría de quienes toman decisiones importantes allí, apenas conoce lo que es internet.

3. Cada vez más, tendremos todas las respuestas al alcance instantáneo de la mano.

4. Quienes tengan, las cada vez más rapidámente viejas “respuestas correctas”, ya no serán los que tengan el poder.

5. El poder se inclinará hacia aquellos que sepan hacer las preguntas “correctas” a cada situación.

6. Aprender no es adquirir conocimientos.

7. Aprender es incrementar la capacidad de conseguir resultados.

8. Tenemos hoy en día, la oportunidad histórica de desinstitucionalizar el aprendizaje.

9. Aprendamos a ver el aprender cómo una actitud superadora ante las circunstancias cambiantes del entorno.

10. Aprendamos a ver el aprender cómo algo natural y espontáneo.

11. Aprendamos a ver el aprender cómo la posibilidad ante situaciones difíciles de la vida.

12. Aprendamos a declarar: puedo aprender, creamos firmemente en ello y actuemos en consecuencia.

13. Edupunk es incontrolable.

14. Edupunk hará de la diversidad cultural, el espejo en el cual mirarnos, para soltar así lo que no nos deja aprender.

15. Edupunk logrará hacerse cargo profundamente de las inquietudes de las personas que quieran aprender, cómo así también de los intereses de las personas que estos edupunkers sirvan de una u otra manera.

16. Edupunk logrará reformar de fondo al sistema educativo, al sentirse este amenazado de muerte.

17. El maestro Edupunk, es el constructor del “puedo aprender” del individuo que tiene a su lado.

18. El maestro Edupunk ha aprendido a construir su “poder aprender”, pero nunca termina de hacerlo.

19. El viaje por la vida sólo muestra nuevos horizontes a aquellos que quieren de verdad aprender.

20. Aprendamos a ver cada día, cada hora, cada minuto, nuevos horizontes y hagamos de la vida una obra única de arte.

Vía: El devenir

Artepolítica publica una completa entrevista a Luis D’ Elia, el enemigo favorito de la ciudadanía sana (Blumberg dixit) que recientemente recuperó su voz y voto en la política argentina (en simultaneidad -lamentablemente- con sus viejas posiciones ideológicas) y de los monopolios mediáticos. Para acercarnos al perfil del personaje, echemos mano a la definición magistral que de él hicieron los muchachos de Un día peronista:

D’Elía: Dícese de un tipo negro y feo que a “la gente” le cae mal. La palabra D’Elía hay que usarla cuantas veces sea posible. No importa su falta de relación con el contenido fáctico que se ofrece como noticia. No deje que la falta de conexidad lo detenga en el uso repetido y asfixiante de la palabra D’Elía. Si D’Elía no estaba en el acto, se deberá mencionar su ausencia, o que cumplió años, o que su madre cumplió años, pero nunca, bajo ninguna circunstancia, deje de usar la palabra D’Elía.

Pueden acceder a la serie de videos comenzando por la introducción o leer directamente la desgrabación.

Un pequeño adelanto de una de las partes, a mi juicio, más interesante del análisis deliano, especialmente ilustrativa para quienes consideran que la semiótica del discurso y la sociología de masas son territorio exclusivo del hombre blanco.

(…) una sociedad politizada, a izquierda o derecha es lo mismo, es una sociedad mucho menos manipulable, sobre todo por los medios masivos de comunicación. Por eso si una ventaja tiene toda esta crisis del campo ha sido que la sociedad va ganando, sobre todo los sectores medios, un alto grado de politización. Un sector (de los sectores medios) se va a ir a la derecha, o sea que va a abandonar la neutralidad falsa, apolítica en la que estaba ahora. Una gran ventaja es que se corran a la derecha…

Mucho se ha discutido sobre la forma en que el kirchnerismo se apropió de organizaciones, discursos y sentidos políticos sobre los que se vertebró históricamente el progresismo. Las razones son tan múltiples como las culpas, y muchas de estas culpas tienen sus razones en los errores comunicativos y organizativos que se cometen (que cometemos) desde la izquierda. Si hace ya varios años los partidos y frentes progresistas exhibían serios problemas para convencer al electorado y aún a sus propios adherentes, el experimento de la transversalidad y la cooptación borró del mapa la posibilidad de una alternativa de izquierda que pueda competir con el oficialismo.

Sin embargo, el conservadurismo no lo pasó tan mal. Al contrario, es probablemente el sector que más salió ganando del reordenamiento ideológico, desde el liberalmacrismo hasta el pattifascismo, pasando por la tragedia que significó Sobisch y las comedias que representa el saádismo.

Este escenario colocó al progresismo en dos posiciones.

Desde un lugar se proclama que, al ser imposible por el momento instituirse a la izquierda del kirchnerismo, cualquier construcción crítica será funcional a la derecha y por lo tanto el camino es la reforma desde dentro del poder. Parecen decir: el FPV nos absorberá, pero la historia me absolverá.

Otros grupos (entre los que me incluyo) se vieron obligados a oscilar, como costo de la independencia, entre el discurso testimonial y los apoyos coyunturales. Esta izquierda no integrada sólo tiene claro dos cosas: que no es kirchnerista y que su deber es articular ideas y prácticas superados que permitan recobrar el lugar y el tiempo perdidos. Es decir, nos ubicamos en mismísimo limbo (un lugar que, según los últimos edictos eclesiásticos, parece no existir).

Pero aunque en cualquiera de estas dos posturas prime la incomodidad (nadie dijo que era fácil), quienes rompieron el molde asumiendo una extrañísima tercera posición parecen sentirse cómodos, y además ganan popularidad y votantes: me refiero a la flamante izquierda de derecha.

Esta izquierda (más precisamente ex-centroizquierda) resolvió la dialéctica con imaginación, y como venganza por las ideas que ahora representan otros, cometió la misma apropiación pero en sentido contrario: se adueñó del discurso de la intolerancia y el catastrofismo, apeló al sentido común de la clase media gorila y la clase alta golpista, se burló de todas las instituciones democráticas, se aprovechó sin empacho de la mentira, la calumnia y la falacia de los Grondona y los Morales Solá. ¿Si ellos crecieron así por qué nosotros no? se preguntaron, y abandonaron todo lo que antes defendieron, en algunos casos por simple oportunismo, en otros porque jamás creyeron en lo que decían.

El emergente más obvio es la mesiánica Carrió y su cohorte de delarruistas reciclados de la Coalición Cínica, pero también podemos incluir a Luis Juez, a la UCR (que -no nos olvidemos- forma parte de la Internacional Socialista) y a varios medios y periodistas antes llamados críticos. Ubicarse un paso a la izquierda de la derecha parece ser una inversión incluso más redituable que la soja.

¿Qué será de nosotros, los cavernícolas que aún creemos que la izquierda debe ser más antifascista, más democrática, más ética y más humana que la derecha, ahora que Lilita anunció que el apocalipsis se atrasó pero llegará en julio? ¿Deberemos arrepentirnos de nuestros pecados?

avatar fragmentario es la bitácora personal de Martín Miguel Quintana, residente de profesorado, escritor y utopista profesional. Correo:

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