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El regreso de los setenta (2)

(Las negritas son mías)

Reprimir es obligación del Estado en cuanto “contención en acto del delito inminente”. Se enfrenta al delincuente para garantizar la vida del ciudadano con sus libertades (la de circular libremente, por ejemplo) y sus bienes.

Entró, se filtró, o lograron infectar con un virus ideológico la garantía elemental de seguridad. Impusieron la visión trotskoleninista de demoler las instituciones militares y la policía, como vengándose de los años setenta, cuando una minoría se alzó contra el Estado para imponer una revolución socialguevarista, ajena y aislada ante la inmensa mayoría, empezando por el mismo Perón, los sindicatos y los partidos tradicionales. Sin embargo, con persistencia gramsciana, los guerrilleros que rodean a los K, aunque ya estaban generosamente indemnizados por sus derrotas de los 70′ lograron afirmar la tarea de demoler a las Fuerzas Armadas, lograr que los policías se sientan más amenazados e inhibidos en la tarea represiva que los delincuentes en su agresión y que la Justicia se ausente en este momento de crisis, sin reaccionar con urgencia ante la criminalidad reincidente y concediendo excarcelaciones a una gran cantidad de menores (…)


Si el querido lector tiene un estómago privilegiado, puede seguir leyendo el resto en el diario La Nación, hogar (Dios y patria) de Abel Posse, autor de la nota y flamante ministro de educación macrista. Gracias a Pitu por postearlo en los foros.

La polémica reforma educativa

Ya nos acostumbramos a que todo sea polémico, desde las puteadas de Maradona hasta la designación de Brasil como sede olímpica, pasando por las nuevas aventuras de Blancanieves. Viendo el nivel de las noticias, hay que agradecer que todavía alguien considera que la educación es objeto de interés y de polémica.

En coincidencia con los últimos informes científicos que indican que el nivel de aprobación de la gestión oficial es menor al de Bush en Francia, se registra en el gobierno un nuevo impulso reformista. Ahora dicen que viene la reforma comunicacional, política y educativa. Tarde, por supuesto, pero eso no quita lo necesario. La verdad, el kirchnerismo me gusta más cuándo no tiene nada que perder y tiene que dar saltos adelante para recuperar el protagonismo.

Esta vez, además, es un salto bien orientado. Si no, echémosle una mirada a las claves del proyecto que presenta el propio Clarín:

Docentes. Profundizar y jerarquizar la carrera. Y tender a concentrar sus horas de trabajo en una escuela.

Formación relevante. La meta es una secundaria a la que los alumnos deseen asistir “por el valor de lo que ocurre para su presente y su futuro”. Los ministros acordaron “apostar el conocimiento tanto desde las prácticas docentes como desde una nueva vinculación de los jóvenes con el aprendizaje”.

Escolarización. Diseñar estrategias de aceleración y formatos específicos para alumnos con sobreedad, trabajadores y madres.

Fin de las expulsiones. Se proponen códigos de convivencia de tipo “restaurativo”: que se reconozca el error y se lo repare.

Eliminar los ingresos. Para que el nivel sea irrestricto.

Evaluación. Promover un sistema que acompañe el aprendizaje. Podrían dejar de ser cuatrimestrales y finales para ser por tramos de aprendizaje.

Planes de estudio. Para el Ministerio se necesita un currículo con múltiples alfabetizaciones (lingüística, científica, tecnológica) para la comprensión del mundo actual. Habrá orientaciones en Ciencias Sociales, Naturales, Economía, Lenguas, Arte, Agrario, Turismo, Comunicación, Informática y Educación Física.

Ausentismo. Las autoridades quieren seguir más de cerca el ausentismo: se armaría una red intersectorial con áreas de Salud, Desarrollo Social y Trabajo.

Tutorías. Para acompañar los aprendizajes de los alumnos que lo necesiten.

No leí la letra chica del proyecto, pero en principio las propuestas me parecen muy bien pensadas. De hecho, varias de estas iniciativas (como las tutorías, el régimen para alumnas embarazadas y la concentración de horas cátedra) comenzaron a darse incipientemente y con buenos resultados. El plan FinEs (del que participé, que permite a adultos que adeudan materias completar su secundaria) y Proyecto 13 (paquetes horarios en una sola escuela que reconocen como trabajo las actividades extra-áulicas que todos los docentes hacemos) son dos casos más que dignos de buenas propuestas que se llevaron -con más o menos sobresaltos- a realidades concretas. No creo, considerando estas experiencias, que se trate de simple demagogia para instalar un planteo teórico que en la práctica no sirve.

El debate está por venir y seguramente será más que complejo: gran parte de la sociedad cree firmemente que la escuela es excesivamente contenedora, pese a las altas tasas existentes de expulsión escolar (que no es sólo disciplinaria, sino fundamentalmente económica y social). Dicen que un sistema que deja fuera a la mitad de sus alumnos es demasiado flexible. Quieren recuperar la vieja escuela: es decir, la escuela del privilegio y la meritocracia, la de las lógicas elitistas e insulares.

Horacio Sanguinetti sabe bien que los conservadores cuentan con este clima a favor cuando declara “¡Vamos! Somos argentinos y nos conocemos bien”. Capusotto, más pedestre, diría que somos un país de mierda, por eso hasta las mejores intenciones nos llevarán irremediablemente a la perdición. Otros, más humildes pero igual de polémicos, estaremos pendientes de cualquier espacio de posibilidad en que podemos ayudar a construir una escuela más justa.