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Día 8/II: Final abierto

Capítulo 20 de un total de 20 en Residencia en la tierra

Yo quise imaginarme,

como tú en tu canción,

extintas la avaricia,

el hambre, la codicia,

la guerra y la ambición..

LUIS EDUARDO AUTE

Al escuchar el inicio del recreo, entro rápidamente, saludo a mi profesora de residencia y entro al aula a reconstruir la galería de afiches. Los alumnos se acercan y colaboran con la pegatina. Momentos después del comienzo de hora, cuando también se suma la profesora de curso, todo parece estar en su lugar. Sin embargo, cuando apenas me dispongo a resumir las conclusiones del debate, uno de los afiches se despega y cae sobre las dos profesoras observantes. Moisés colabora volviéndolo a pegar mientras mis nervios se multiplican.

Me centro en los acuerdos y discusiones surgidos de la actividad anterior, recordando en forma general las intervenciones. Cuando comienzo a relacionarlas con los fundamentos de la Carta abierta de un escritor a la Junta Militar, el mismo afiche vuelve a caerse. Entro en pánico considerando la posibilidad de que las profesoras crean que en realidad el episodio también está planificado. Sin embargo, la profesora de residencia sonríe y comenta su relación parental con el personaje sobre el que se graficó el afiche inoportuno: llevan el mismo apellido.

Explico el concepto, las características y las razones de las cartas abiertas haciendo un esquema en el pizarrón. Luego una de las alumnas inicia la lectura de la carta de Walsh.

La profesora de residencia me señala que una alumna se encuentra recostada en el banco, en posición de dormir. Es la misma a quien la clase pasada tuve que poner en evidencia para lograr silenciar. Mientras me acerco, elijo la mejor variante que encuentro para no cometer el mismo error y volver a humillarla.

-¿Estás bien?

-Ah. Sí, sí, estoy bien, no pasa nada- dice, sonriendo.

La lectura termina sin más contratiempos.

Los alumnos tienen varias preguntas sobre el texto. Las hacen, y trato de responderlas en detalle. Cuento el trabajo periodístico de Walsh en la clandestinidad, la fundación de ANCLA y la forma en que se obtenía la información. Alguien pregunta en qué momento se publicó.

-Tiene la fecha debajo. 24 de marzo de 1977, a un año del golpe. Lo que me gustaría que busquen es la fecha de fallecimiento de Walsh.

-25 de marzo de 1977. Al día siguiente.

Asiento, midiendo el silencio que sobreviene. Cuento, entonces, de qué manera Walsh fue asesinado. También me veo obligado, por una mención, a contar la muerte de su hija. Intentando llegar a la actualidad con la proyección de las denuncias de Walsh, les señalo su hipótesis de que el peor genocidio era el venidero, no el físico, sino el económico. Varios sonríen, reconociendo las predicciones como correctas.

Una vez intercambiadas las lecturas, pasamos a la actividad de producción de cartas abiertas. Como las horas finales no parecen ser una fuente de inspiración, las profesoras me sugieren anotar temas probables en el pizarrón para evitar la fuga del tiempo. Mientras listo varios ejes, escucho que un grupo discute sobre el examen de matemática. Lo añado como tema posible.

Mientras trabajan, doy mi último recorrido por el aula. Me detengo especialmente frente a las alumnas sobre las que escribí en mi primera observación que “(…) hablan mucho: hablan de amistades, de salidas, pero también de Messi, Riquelme, las olimpíadas de Beijing…” y con las que terminé enfrentado. Están escribiendo y me hacen algunas consultas. Incluso la alumna durmiente (ya despierta) bromea sobre los floggers, a quien piensa dedicar su carta.

-Arre, carita ruborizada- comento, nombrando los dos grandes lugares comunes del dialecto fotolog y desatando las risas del grupo. Al menos no parecen quedar rencores insalvables.

En la puesta en común, dos alumnos se animan y leen sus cartas, una destinada a concienciar al Ministerio de Educación sobre la violencia en las aulas (no deja de ser paradojal, creyendo que debería ser el Ministerio quien llame la atención a los alumnos) y otra convocando a la unidad nacional y a la defensa del medio ambiente. Una alumna del grupo con el que acabo de reconciliarme, sin embargo, se lleva toda la atención.

Sin animarse a leer, pasa su carta a otra compañera, que comienza leyendo:

-Carta abierta a mis amigas…

Lo que sigue es una descripción de recuerdos, experiencias, lealtades construidas en toda la secundaria. En pocos minutos, la autora se encuentra llorando y sus amigas se muestran visiblemente emocionadas. Aplaudo y celebro el compromiso puesto en la amistad que construyeron.

Agradezco a los alumnos y a la profesora de curso por el espacio, la atención y la comprensión que tuvieron. Leo la poesía Muchas Gracias, de Paco Urondo, contándoles antes de qué forma su vida y su final se unieron a Walsh. Al terminar, aplauden ellos. Escucho algunos comentarios de alumnos sobre las lecturas y, finalmente, la música termina y el público se retira. Yo también.

Aquí finaliza mi residencia en la tierra. Gracias a quienes la acompañaron y compartieron.

Día 6/II: Cuando los medios callan, las paredes gritan

Capítulo 18 de un total de 20 en Residencia en la tierra

Lo están gritando

siempre que pueden,

lo andan pintando

por las paredes…

JOAN MANUEL SERRAT

Comenzamos la clase recordando los juicios simulados del anterior encuentro. Animo a los que participaron a ofrecer sus conclusiones a quienes estuvieron ausentes. Dos alumnos cuentan la experiencia.

Señalan como punto recurrente la falta de pruebas, el origen obrero de los capturados y la evidente ilegalidad en la que incurrieron el gobierno y las fuerzas represivas (que, dado el momento histórico, eran la misma cosa). Uno de los alumnos da precisiones sobre la suerte de algunos personajes para ejemplificar sus argumentos.

Cuando todos se encuentran al tanto, anuncio la actividad y anoto en el pizarrón los capítulos que comprende: son los que narran el fusilamiento de los obreros y la huida de los sobrevivientes. El trabajo consiste en que cada grupo represente de forma gráfica estos sucesos en los afiches que les traje.

Dan inicio a la lectura, pero como se encuentran algo dispersos, pongo un plazo de veinte minutos para el visado de los primeros borradores. De a poco, van concentrándose en el trabajo y en poco tiempo estoy entregando los materiales, comenzando por un grupo de alumnas que ya leyó toda la novela.

A medida que veo los borradores y aconsejo o desaconsejo cambios, voy repartiendo los afiches y marcadores. Algunos grupos trabajan sobre mesas unidas, otros directamente sobre el piso. Una minoría decide quedarse en la misma posición de clases normales.

Voy pegando los trabajos terminados. Todos prestan atención a las demás producciones, se acercan, hacen comentarios. La galería parece haber funcionado. Les pido, de todos modos, que expliquen a sus compañeros en forma breve la manera en que trabajaron.

Hay unos infogramas sobre Gavino y su esposa y una historieta minimalista en tres cuadros que cuentan el fusilamiento, la huida y el exilio. Una secuencia simbólica sobre Díaz con transportes, teléfonos, rejas, sonrisas, sombreros. Dos líneas del tiempo con los hechos fundamentales vividos por Rodríguez y Carranza. Una historieta fragmentada con las acciones de Benavídez.

Yamila y Sara representaron a Horacio Di Chiano fingiéndose muerto y a los demás escapando. A la derecha, una cita de la novela explica el cuadro.

Constanza representó el trayecto vivido por Garibotti en dibujos infantiles, donde los fusiladores tienen cejas fruncidas y el gesto serio y los que van a ser fusilados sólo tienen dos largos ojos y se dan la mano. Luego se encuentra narrada su hipótesis: su personaje, supone, no creía que los iban a matar, sino apenas asustarlos. Debajo de todo, el final gráfico habla por sí mismo: las figuras de arriba se encuentran en el mismo lugar, pero muertos.

Alejandro no logró terminar, pero explica su esbozo: es la camioneta y la secuencia de huida de Troxler.

Nadia y Alfonsina dibujaron y pintaron a Mario Brión siguiendo la descripción que Walsh registra del sereno que encontró su cuerpo: Tenía los brazos abiertos a los flancos, rostro ovalado, de cabello rubio y naciente barba, con una mueca melancólica y un hilo de sangre en la boca. Tenía una tricota blanca, era Mario Brión y parecía un Cristo. Todos quedan impactados por el resultado.

Lorena hizo un completísimo cuadro sinóptico sobre la historia de Livraga, que abarca todos los capítulos en que aparece y los relaciona con otros hechos de la novela.

Ximena optó por confeccionar una ficha policial de Carlitos Lizaso. Incluye su nombre, edad, descripción física, personalidad, trabajo, estudios, hobbies, datos adicionales y un informe de sus actividades en los dos días de la Operación Masacre. La parodia -pienso- puede ser una de las mejores condenas.

Cuando el último grupo termina de explicar su trabajo, la hora termina. El salón se vacía y comienzo a despegar los afiches, los miro de nuevo, los guardo. Los llevo conmigo.

Día 4/II: Los siete locos

Capítulo 16 de un total de 20 en Residencia en la tierra

Si esta cárcel sigue así

todo preso es político.

REDONDITOS DE RICOTA

Sólo hay seis alumnos en el aula, y la profesora tuvo que ausentarse. Formamos una sola mesa compacta y comienzan a contarme con emoción las aventuras de sus compañeros en Bariloche.

-Espero que aprovechen el tiempo que les quede y avancen en la lectura -digo, sardónico.

Los alumnos se ríen y me preguntan, con mucha agudeza, si fui a Bariloche con libros cuando terminé el colegio.

-No fui a Bariloche, pero jamás viajé sin llevar libros. Creo que ni siquiera lo hice en colectivos urbanos, así que lo hubiera hecho sin dudarlo.

Me preguntan si empecé la carrera por esa afición y les contesto que en realidad lo determinante fue mi increíble inutilidad para cualquier otra cosa. Volvemos a las risas y contesto algunas preguntas más sobre mi experiencia con la carrera, los beneficios y dificultades, los requerimientos, el acercamiento a las aulas. Cuando reviso mi secuencia y veo que no incluye la charla de articulación académica con el profesorado que estoy dando, dicto las propuestas y todos comenzamos a leer. Ocasionalmente, miro por sobre mi libro y animo a una alumna somnolienta a mantenerse despierta, al menos hasta que finalice la clase.

Pruebo escribir con el marcador que llevé sobre el pizarrón. Funciona parcialmente: traza sin problemas, pero luego es dificilísimo borrar la marca. Para no dejar una marca definitiva en el aula, improviso con cinta escocesa y hojas de impresora una superficie de escritura y la pego. Animo a los alumnos a dejar sus útiles y traer sus sillas, formando un semicírculo en torno a mi afiche instantáneo. Escribo dentro de formas elípticas conceptos como legalidad, captura, policía, gobierno, etc. Ubicamos todas las lapiceras de color que encuentro (y que aportan las alumnas) sobre un banco, y explico la actividad.

-Quiero que vayan elaborando posibles relaciones entre estos conceptos. Las marcan haciendo líneas entre cada uno y luego explican al resto por qué creen que tienen que ver. No hay un límite determinado de posibilidades, y pueden agregar conceptos si les resulta necesario, para eso dejé más espacio. ¿Comenzamos?

Un alumno toma una lapicera verde y une legalidad con dictadura. Entre ambos conceptos escribe un gran NO, y explica:

-Una dictadura es la ausencia misma de legalidad, porque se forma pasando por encima de la constitución. Por eso se animaban a hacer este tipo de cosas. No sólo estaban violando la ley con sus actos, sus mismos cargos eran ilegales.

La discusión gira luego hacia otras relaciones en torno a la legalidad de la captura, la intervención de militares, la relación militarespolicía, la potestad del gobierno sobre la ley marcial y, de vuelta, la legalidad de la ley misma, del encarcelamiento, de la condena sin juicio ni justicia. Cuando la red conceptual se transforma en una peligrosa telaraña interpretativa y multicolor, el fin de la hora logra desenredarnos y rescatarnos.

Día 6: ¿Qué tendrán las princesas?

Capítulo 7 de un total de 20 en Residencia en la tierra

Nuevamente entramos más tarde, así que pido a una alumna que reparta los papelitos de la actividad mientras se toma asistencia (enunciados incompletos al estilo Es una tontería… Si pudiera… Es malo para la sociedad…, todos diferentes). Después de un breve repaso, pido a los alumnos que completen el enunciado con lo que consideren adecuado y luego realicen algún tipo de reformulación.

En instantes, todos quieren leerme sus producciones. Una alumna me llama pero me pide, con timidez, no leer su resolución públicamente. Procede a leer, entonces, en voz baja:

-Cuando salga del colegio… voy a encontrarme con el chico que me gusta. Yo reformulé por ampliación: Cuando salga del colegio, luego de la clase de lengua, voy a encontrarme con el chico que me gusta para irnos a su casa.

Todo el grupo de chicas espera mi reacción, probablemente imaginando que estoy obligado a elegir entre la complicidad o la indignación. Siempre ocurre (lo comprobamos en años anteriores) que las alumnas intentan aparentar madurez o experiencia ante practicantes varones, y normalmente lo hacen de forma bastante torpe. Para marcar distancias sin herir su orgullo femenino, opté, para estas situaciones, por rodear la cuestión circunscribiéndolas a lo pedagógico.

-Está muy bien. También podrías, para ejercitar, sustituir algunas palabras por sinónimos, pero esto es adicional.

-¿Pero está bien? ¿Le gusta?

-La aplicación es correcta. Eso es lo importante.

Por suerte, el grupo IDEA me llama insistentemente, lo que resulta un buen escape antes de que el color me gane las mejillas.

Luego de cinco minutos, entrego un lápiz a un alumno de primera fila y explico que la única forma de librarse del lápiz es leer la producción. Luego de hacerlo, puede pasarlo a su compañero de banco, que hará lo mismo, y así hasta que todos hayan leído. Método sencillo y eficaz, aprendido en la última Didáctica, que funciona a la perfección. Los resultados son coherentes y sus contenidos expresan el idealismo juvenil: condenan las guerras, el calentamiento global, la indiferencia social, a la vez que reivindican sus propios intereses, sus rebeldías, su derecho al ocio.

Cuando se comienzan a repartir las propuestas del siguiente trabajo (el evaluativo) las consultas se multiplican hasta hacer imposible la escucha. Reclamo atención y detallo las actividades. Básicamente, se trata de aplicar los procedimientos aprendidos al texto de divulgación científica utilizado en el tema anterior, en grupos de dos. Luego de una explicación minuciosa, pido que levanten las manos quienes aún tengan dudas. La gran mayoría lo hace.

-Me refiero a dudas sobre lo que hay que hacer en las actividades. Los que quieren ir al baño, darme ejemplos o hacer planteos existenciales lo hacen después por separado. Repito: ¿dudas sobre las actividades?

Todos bajan las manos.

-A trabajar, entonces.

Por el efecto dominó, todos pugnan por ir al baño. Les ordeno organizarse de acuerdo a las condiciones que establecí el primer martes. Recorro los grupos, atendiendo a sus dudas y monitoreando el avance general. Una pareja de alumnas me llama para anunciarme que terminaron. Como aún queda mucho tiempo, les propongo hacer la actividad alternativa: un cuento o poesía dual, en el que apliquen reformulaciones mientras escriben. Hago igual con otro grupo y sigo revisando hasta que la hora termina.

Trato de leer parado en el colectivo de regreso, con poco éxito. Cuando llego a casa, preparo mate y me siento a leer, emocionadísimo, los primeros trabajos prácticos que evaluaré en mi incipiente vida docente. Cuando termino, respiro profundo. Las aplicaciones fueron excelentes, fuera de algunas confusiones en la última actividad. Más relajado, me dispongo a leer los textos de la propuesta accesoria.

El segundo grupo en terminar, con menos tiempo, realizó una divertida variación sobre el cuento de Pinocho, aplicando los cuatro tipos de reformulación con mucha destreza. Escribo mis impresiones a pie de página.

El otro texto parece ser, por el formato, una poesía. Cebo otro mate y, cuando llego al último verso, me ahogo y entro en un acceso de tos.

Pobres de mis ojos, cómo te han llorado,

pobre de mi corazón porque aún te sigue amando,

aunque tu cuerpo ya no me está acariciando.

Si tus labios no están, ya no tengo tus besos.

Cuando llega la noche y está tan sola mi alma,

me imagino tu cuerpo dibujado en mi cama.

Lo releo sintiéndome un poco tonto. Finalmente escribo una larga apología de la literatura para sus autoras, junto a mis cálidas felicitaciones. Lo único que me preocupa, al final del día, es la posibilidad de hacer la segunda parte de mi residencia en primavera o verano. Joyce no lo quiera.