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El cielo y Mario

(Adiós, compañero)

No existe esponja para lavar el cielo
pero aunque pudieras enjabonarlo
y luego echarle baldes y baldes de mar
y colgarlo al sol para que se seque
siempre faltaría el pájaro en silencio

no existen métodos para tocar el cielo
pero aunque te estiraras como una palma
y lograras rozarlo en tus delirios
y supieras al fin como es al tacto
siempre te faltaría la nube de algodón

no existe un puente para cruzar el cielo
pero aunque consiguieras llegar a la otra orilla
a fuerza de memoria y pronósticos
y comprobaras que no es tan dificil
siempre te faltaría el pino del crepusculo

eso es por que se trata de un cielo que no es tuyo
aunque sea impetuoso y desgarrado
en cambio cuando llegue al que te pertenece
no lo querrás lavar ni tocar ni cruzar
pero estarán el pájaro y la nube y el pino.

Otro cielo, Mario Benedetti

Carta abierta a la comunidad de fragmentario

En estos días estuve bastante ausente, sobre todo en el foro, lo que no es habitual. Ni siquiera tuve tiempo para explicar los motivos, pero ahora que tengo tiempo, se los explico con este texto, la segunda carta abierta que escribo en la semana.

Desde el año pasado se debate en Corrientes acerca de una ley de titularización docente para nivel medio, en virtud de que no hay concursos desde hace años. Hace poco lograron aprobarla, incluyendo un artículo nefasto que viola expresamente el Estatuto del Docente, nuestra carta natural de derechos:

Art 4º.- Tienen derecho a participar del Régimen Transitorio de Concursos establecido por la presente ley, aquellos docentes que ejerzan el interinato en las horas o cargos que concursan, con títulos habilitantes y/o supletorios, con las siguientes modalidades:

a) No resultará aplicable la exigencia establecida en el inciso c) del Art. 14 del Estatuto del Docente (Ley Nº 3.723). (Donde se explicita que para acceder a la titularidad docente se necesita tener título de docente, aunque suene redundante. Que conste que no soy yo quien lo discute)

¿Qué significa esto en la práctica? Que se le dará la titularidad a perpetuidad a personas que no detentan título docente, es decir, que no fueron preparadas para enseñar, como mi colega, el comisario pedagógico. Esto no sólo desvaloriza la carrera docente y nivela a ras del piso, sino que significa un daño enorme a la calidad de la educación pública, y por ende, va contra los más pobres. Desde una mirada progresista, me opuse desde el principio.

Aunque la ley se terminó por aprobar en las dos cámaras, el gobernador interpuso el veto parcial contra este artículo, con el argumento de la ilegalidad del mismo. En este momento la oposición busca reunir los dos tercios necesarios para rechazar el veto y lograr que la ley salga como está. La maniobra política es evidente: se intenta obligar al gobierno a reaccionar, o por lo menos, dejarlo en posición de debilidad, aunque eso signifique provocar un daño irreparable en el sistema educativo.

Varios profesores y estudiantes de profesorado nos movilizamos para enfrentar la posibilidad de que esto ocurra, en contra de una titularización indiscriminada y en defensa de la calidad educativa. Entonces, escribí una Carta abierta a los legisladores de Corrientes. La carta fue enviada a los diputados y senadores, y luego tuve la oportunidad de exponer mis argumentos cara a cara con diputados del liberalismo y del radicalismo. Recientemente fue publicada en algunos medios provinciales (Agencia Corrientes, Cadena de Radios, La Tierra del Paraná). Además, fue reenviada por cadena de correo y luego impresa y pegada en algunas escuelas por docentes que la leyeron. Ayer se hicieron copias en A3 y en tamaño panfleto para seguir difundiéndola. Esto me convirtió en un personaje más o menos público, pero el único mérito que me sigo adjudicando es el de haber usado la palabra en defensa de mis ideas. Nunca intenté capitalizar otra cosa.

Además de las reuniones en el parlamento, estuvimos conversando con agrupaciones estudiantiles e incluso tuvimos un debate bastante acalorado con una docente en contra del veto.

El martes se dictará una clase abierta en la plaza frente a la legislatura, donde voy a participar como orador. Pronto habrá más noticias, cuando escampe. Sepan que sigo acá, aunque no dé señales de vida.

Por qué doblan las campanas

valdemoro_campana_iglesia_1950Minúscula, anónima, esforzada y solitaria. Así elije adjetivarse esta mujer de adjetivos, esta escritora fundamental que fue una de mis mejores profesoras de lengua, esta docente disidente que ahora encuentro siendo yo mismo un docente. Gregoria Leiva está sentada detrás de la mesa, junto a su hija, firmando los ejemplares de Destino de campana, su primer libro de poesías, en el marco de la Feria del Libro chaqueño y regional. Recibe a los asistentes de pie, con saludos y besos, y agradece a todos su presencia. Su hija oficia de presentadora, y elije acertadamente tres imágenes míticas para hacerlo: la mujer-fortaleza, la mujer-palabra, el repositorio sacro de un portafolio negro lleno de misteriosos papeles.

Hay algo en la escritora que escucha, en sus gestos, en su forma de mirar que es también poesía. Finalmente comienza a hablar, se emociona y las palabras saltan hacia nosotros, dibujan pájaros caídos, denuncian la muerte. No soy de una generación perdida, sino desaparecida. Quiero creer que eso significa que algo de ella puede volver a aparecer. Lo mismo se aplica a mi escritura: estaba desaparecida, y ahora aparece. La dolorosa pérdida colectiva -y personal- es el tópico por excelencia (Un día crucé un río/ me enamoré del puente. Después se rompió el agua/ y se me ahogó la gente). Todos los demás temas son también pérdidas: la infancia, los hijos paridos y crecidos, el amor cuando era amor (¿Eso era el amor?), la inocencia rota, el sueño aplastado por los verdugos. Gregoria ha perdido todo menos la conciencia de haber perdido, y la palabra que lo cuenta.

Pero hay algo más, algo que evita lo lúgubre, un pasadizo para salir de la melancolía. Gregoria no ha perdido la sonrisa, y la brinda generosamente entre asedio y asedio a todo vitalismo burgués (A mí me sucedió la vida). Nos regala bromas, se burla de la solemnidad, estoica y amable: Te voy a contestar con gusto, porque hace años que un joven tan lindo no me hace preguntas. El sufrimiento no la anestesió, no la conminó a esa forma patética de conformismo que es el pesimismo. De forma inesperada, encuentra pétalos en la tierra yerma (Y al volver a encontrarnos/ de pronto descubrimos/ que la vejez absurda/ ya se paró en la puerta/ y nos muestra su lengua/ verdosa y purulenta.// Pero tendrá pelea.), descubre que el antónimo de sufrir no es disfrutar, sino amar, y reconoce que la mayor parte de su producción -contra cualquier facilismo- es escencialmente amorosa.

Gregoria termina ganándole a ese perder sistemático. Vence porque sabe que la palabra es un arma vital, y que los mundos pensados son mundos a crearse, y que lo que se ama nunca puede ser algo muerto. Fue capaz -ahora, cuando ya no es tarde, cuando los chacales están al acecho pero también asustados- de dar un mensaje que no encontró otra forma de escribirse. Pienso en Aristóteles: la poesía es superior a la historia. Una campana herrumbrada y sonora grita, en cada sonido y en cada silencio, esta verdad tan limpia como la utopía.