Siete tesis a la sombra de Chile

 


Sebastián Piñera y Eduardo Frei

Sebastián Piñera y Eduardo Frei


 

creo que tenés razón

la culpa es de uno cuando no enamora

y no de los pretextos

ni del tiempo

Mario Benedetti, La culpa es de uno

I

El giro en Chile es de lo más terrible que ha pasado en la última década, tiempo en que apenas brilló Uribe como la excepción derechista en la regla de gobiernos progresistas latinoamericanos. Pero la culpa no puede ser de Piñera. El conservadurismo de todo el mundo aspira a gobernar. La tarea de evitar que lo logren corresponde a la izquierda y a nadie más.

II

El gobierno de Bachelet ha sido eminentemente reaccionario en áreas sensibles, lo que permitió a la derecha presentarse casi como una alternativa revolucionaria. La Concertación acompañó la desarticulación de la educación pública y dio palos a los estudiantes que se levantaron en su defensa (recordar la revolución de los pingüinos, que nada tiene que ver con los patagónicos). Piñera, a contramano de su liberalismo, exigió una mayor inversión pública, becas y guarderías infantiles para garantizar la igualdad de oportunidades. La Concertación reprimió sistemáticamente al movimiento mapuche, además de falsear las estadísticas para deslegitimar el reclamo. Piñera incluyó en su programa una cobertura integral para todos los pueblos originarios de la Araucania. La Concertación centró su campaña en la defensa de su política económica, que no es otra que la que instaló Pinochet durante su dictadura. Piñera se ocupó de señalar el agotamiento de este modelo y las tremendas injusticias que produce. La Concertación prohibió el reparto de la píldora del día después. Piñera salió a defender el derecho de todas las mujeres a decidir sobre su cuerpo.

III

La estrategia de la derecha chilena fue excelente. Desde el fenómeno de Solidaridad la táctica de poner a la izquierda en el rol conservador y a la derecha en un lugar progresista no había tenido tanto éxito. La misma estética de campaña, centrada en el cambio, explicita con claridad la operación simbólica. Basta con mirar los compromisos de la página oficial de la alianza de derecha para ver cómo se derrochan medidas que podrían ser esgrimidas por cualquier socialista que se precie de serlo.

IV

Por supuesto, no creo que ninguna de estas promesas se lleve a cabo, sino todo lo contrario. Lo más probable es que se agraven las diferencias sociales y que la represión crezca como nunca antes. El problema es que la batalla de los relatos se perdió, y llevó también a la derrota en el campo político. La Concertación, paradójicamente, no se cae por extremista, sino por tibia.

V

La batalla entre Enríquez-Ominami y Frei pudo haber contribuido también al desgaste, aunque no de forma definitiva. Al fin y al cabo, fueron los pesos pesados de la centroizquierda los que no quisieron hacer internas y luego esperaron flores como retribución. En un gesto que puede costarle mucho del capital político que obtuvo gracias al descontento social, Pérez-Ominami se la jugó por Frei en el balotaje, aclarando que el conservadurismo socialista es siempre un mal menor frente al conservadurismo liberal. No hay nada que reprocharle.

VI

Es natural buscar equivalentes con la situación argentina. La lógica de votar contra la derecha en la segunda vuelta es la misma que se impuso en el Menem-Kirchner, donde todos los desencantados que habíamos anulado votos nos íbamos a levantar temprano el domingo para evitar la vuelta del neoliberalismo duro. La satanización que hizo la Concertación de la figura de Enríquez-Ominami, acusándolo de hacer el juego a la reacción, no difiere en mucho con la que se utiliza contra Pino Solanas o cualquier otro dirigente progresista que disiente en algún punto con el gobierno. De la misma manera que Piñera corrió olímpicamente por izquierda a Bachelet y a Frei, Macri hizo lo propio frente a Kirchner con el matrimonio homosexual y la libertad sindical.

VII

La última equivalencia sería la más trágica. Podría pasar que también la derecha se imponga en el lugar de un gobierno menos conservador, pero agotado. A la izquierda local no debe preocuparle mientras pueda capitalizar una cuota de ese poder perdido, pero tampoco puede dejarlos morir alegremente si la situación se dirime entre el oficialismo y algo mucho peor. Si de todos modos pasa, el problema de la culpa será evidente, pero de mínima importancia. Ya no se repartirán responsabilidades pasadas, sino tareas a futuro. La izquierda chilena deberá empezar a reunir a los diezmados y hacer lo mismo. Tal vez la derrota les ayude. Si hay una receta mágica para unir al progresismo, es la de la resistencia.

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5 Comments Posted in Ensayos y errores, Noticias, Política
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5 Comments

  1. Excelente, che!!!
    Superó con creces cualquier nota leìda al respecto en varios matutinos.
    Estas hecho un flor de comunista, ehh , digo, columnista
    abrazo

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  2. Test test mesegess

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