- Prefacio: Residencia en la tierra
- Día 1: Los inquietos y sus inquietudes
- Día 2: Entre la desoxirribosa y la adrenalina
- Día 3: En busca del tiempo perdido
- Día 4: Cambio de sexo
- Día 5: ¡Que ojos tan grandes tienen!
- Día 7: El gobierno del revés
- Día 6: ¿Qué tendrán las princesas?
- Día 8: Crónica de una suerte anunciada
- Día 9: Viaje a las estrellas
- Día 10: Resumiendo
- Intermezzo: Segunda Residencia
El lunes voy a comenzar la residencia docente que me convertirá en un profesor de lengua de iuri. Este es el primer artículo de una serie sobre los acontecimientos de esta aventura inicial y final que titularé, a modo de homenaje a ese gran mago de las palabras que es Neruda, Residencia en la tierra.
Pese a la alteración natural, me tranquiliza conocer la escuela y la docente a cargo. Estuve haciendo prácticas en ese lugar y con esa profesora el año pasado. Me sentí muy cómodo, así que el trauma inicial está minimizado. Vuelvo a pensar en cada arista de ese espacio.
La escuela tiene varios problemas: sobrepoblación, vandalismo, deserción, y todos los inconvenientes de cualquier centro educativo de bajos recursos. Los alumnos deben rellenar un formulario y buscar en la preceptoría la llave para ir al baño. Los bebederos de agua están encerrados dentro de jaulas descomunales aseguradas con candados.
Por otra parte, hay una biblioteca generosa, un gran equipo docente, una dirección accesible.
Digo más, hay alumnos, que es en última instancia nuestra razón de estar.
En este momento me siento como imagino que ocurre en las citas a ciegas: sudo, temo, planifico, preveo, hipotetizo, ansío. ¿Cómo serán mis alumnos? Es decir ¿cómo serán conmigo? Y cuando sepa eso ¿cómo deberé ser yo? ¿Firme o flexible, creativo o directo, fluido o complejo?
Evidentemente voy a realizar una residencia, pero no sé si entonces seré el mismo que escribe estas líneas. Me preocupa el estar, como dice el lugar común, a la altura de las circunstancias. Cuando considero que esas circunstancias son la producción de conocimiento, la interpretación crítica, la significación de ideas, me parece más natural asustarme un poco. Sin embargo, aunque imagino inconvenientes, no vislumbro la catástrofe. La moral es alta, si bien nunca lo son las buenas costumbres.
Espero lo mejor de una oportunidad tan grande. Es una suerte, pienso, luego de tanta teoría abstracta y afrancesada, residir en una escuela tan dolorosamente terrenal y latinoamericana.





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