una oportunidad de la palabra
Los trabajos y los días
Voy a empezar con algunos artículos de balance (y alineado) para ir cerrando el año, en vista de que muchas de las experiencias que viví no se publicaron, por falta de tiempo, de tono, de ocasión, y casi siempre de maduración.
Una de ellas fue haber trabajado con la Asociación Civil Integración Solidaria:
Integración Solidaria dio sus primeros pasos en el año 2001. Desde allí se empezó y continúo trabajando con algunas de las comunidades más vulnerables –en cuanto a índices socioeconómicos- de la capital correntina. En estos últimos años, el accionar estuvo centrado en el desarrollo de procesos de comunicación comunitaria con grupos de niños, adolescentes y jóvenes de los barrios Santa Marta, Molina Punta y Ponce. En los dos primeros barrios se produjeron periódicos barriales y audiovisuales sobre derechos de la infancia con la producción casi íntegra de los niños y jóvenes de cada una de esas comunidades.
Actualmente los talleres se realizan en el barrio Ponce, nucleados alrededor de la Biblioteca Popular Manduá, donde un grupo de niños y jóvenes continúa con la producción del periódico “La Verdad del Barrio”, iniciado en el 2005 en el barrio Santa Marta.
Tomé contacto con la organización por un camino impensado. Todos los inicios de cursado los profesores hacemos una evaluación de diagnóstico, que básicamente sirve como instrumento para establecer los conocimientos previos del alumnado, su relación con los contenidos, sus intereses y forma de trabajo. En mi caso, me centré en interrogar acerca de los contactos con el mundo de la lectura y la escritura. Una de mis nuevas alumnas, Elba, contó que participaba de un diario barrial. En la clase siguiente pregunté por ella y me informé sobre el proyecto. Dos hermanos -Adrián, de quinto y Fernando, de tercero-, eran también editores/ autores de la publicación. Su casa era el sitio provisorio de la biblioteca y allí se realizaban las reuniones. Me invitaron a visitarlos, y acepté inmediatamente.
Unas semanas después los chicos me comentaron que la escuela había comenzado un proyecto conjunto con IS y la Asociación UNESCO Corrientes, para realizar tareas de formación y promoción socioambiental en la cátedra de Prácticas Profesionalizantes. Asistí a la primera clase con más ánimos de conocer a los referentes de las organizaciones que de unirme a algo tan ajeno a mi especialidad. Sin embargo, Víctor -el primer orador, presidente de IS, un tipo joven y afable, militante en organizaciones de DDHH y director/ productor de un documental sobre los desaparecidos correntinos y un corto sobre el Plan Cóndor- aclaró en primer lugar que el proyecto era tanto acción como comunicación, en estricto fifty-fifty. Al terminar la exposición me acerqué y le ofrecí trabajar en la promoción a nivel escriturario, y surgió la idea de hacer un libro de crónicas grupales sobre las experiencias en terreno, contadas por los propios chicos. Fue así como comencé, una vez por semana, a coordinar los trabajos narrativos en la biblioteca de la escuela. Fueron varias tardes de mate o tereré, de preguntas mías y respuestas de ellos, de sugerencias y aprendizajes.
Las prácticas se hacían los sábados por la tarde en barrios distintos, con los alumnos que vivían en la zona. La comitiva consistía en alumnos, miembros de IS, arquitectos de UNESCO -con sus infaltables planos, que los chicos diseñaban y servirían luego de material para una intercátedra de Ingeniería y Arquitectura de la Universidad Nacional del Nordeste- y los profesores (Edith, titular de Prácticas, y yo). El recorrido se trazaba de acuerdo a propuestas de los chicos, y muchas veces de los vecinos, que se acercaban a señalar las zonas más problemáticas. De esos itinerarios resultaron narraciones maravillosas que integrarían las Crónicas Ambientales. Un fragmento de ejemplo:
(…) la trayectoria del humo culminaba sobre una escuela y atravesaba muchas casas vecinas. Rodeamos el camino y llegamos al lugar que más nos impresionó. Se trataba de la desembocadura de desechos químicos de la fábrica. El líquido negro se volcaba en la laguna, impidiendo cualquier forma de vida.
Poco antes de terminar las clases, los trabajos finales se presentaron en la feria de ciencias y en un acto escolar. Los rostros alegres de los chicos, los aplausos, el júbilo y el orgullo por haber creado nos indicaron que le habíamos ganado a la burocracia, a la apatía, a los miedos insulares de la escuela tradicional, y que habíamos logrado que la mirada crítica que se pretende en los programas se convierta en realidad. Esa victoria justifica el trabajo hecho.
| Imprimir artículo | Este artículo fue publicado por Martín el 15 diciembre 2009 a las 13:52, y está archivado en Educación, Ensayos y errores, Militancia, Narrativas pedagógicas. Sigue las respuestas a esta entrada a través de RSS 2.0. Puedes dejar un comentario o enviar un trackback desde tu propio sitio. |




hace 8 meses
Felicitaciones Martín por el laburo.
El libro que mencionaste recopilando testimonios ¿lo van a editar?
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hace 8 meses
Es una de las expectativas obligadas. Por ahora hicimos una compilación artesanal, fotocopiada, que distribuimos a los chicos, más que nada para que vean su producción, la compartan con compañeros, familiares, etc. Estamos con ganas de terminar el proyecto con una edición prologada, con fotos, algo más cuidado. Veremos que sale.
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