Una sonada campaña en defensa del español recorre España, ahora fogueada por la ridícula campaña del PP, el apoyo vía manifiesto de un grupo de intelectuales liberales (Vargas Llosa, Savater, Goytisolo, Pérez-Reverte) y la fingida preocupación de un puñado de académicos, los guardianes de la lengua por omisión.

Es una suerte que la dirección de la RAE haya decidido correrse de esta pantomima y haya negado la existencia de un problema de lenguas. Es una pena, por otra parte, que la institución que asume la voz del idioma no haya denunciado los intereses que existen detrás de esta iniciativa.

Es claro que el castellano no corre ni siquiera un riesgo leve de verse siquiera conmovido por cualquier otra lengua (400 millones de hablantes garantizan una vitalidad enormísima) y que incluso tiende a expandirse y a consolidarse en países no hispanos. Sin embargo, se ha instalado la idea de que nuestra lengua se encuentra en peligro (en su propio lugar de origen) por culpa del crecimiento del catalán, el euskera y el gallego.

Todas las comunidades autonómicas se mostraron sorprendidas por la acusación y negaron que exista una política contra el castellano, a la vez que reivindicaron su derecho a promover las lenguas cooficiales. El problema, como es deducible, es otro.

Tiene que ver con el derecho de una cultura a identificarse por su propia lengua y no por la que privilegie el Estado. Tiene que que ver con el prestigio y la historicidad de una lengua sobre otras. Tiene que ver, como indica manifiesto, con la imposición de una lengua, la castellana, que deberá ser común y oficial a todo el territorio nacional, siendo la única cuya comprensión puede serle supuesta a cualquier efecto a todos los ciudadanos españoles y abarcar toda la vida pública, desde edificios oficiales y (…) vías públicas, (…) comunicaciones administrativas, (…) información a la ciudadanía hasta llegar a la representación política de un pueblo:

Los representantes políticos, tanto de la administración central como de las autonómicas,utilizarán habitualmente en sus funciones institucionales de alcance estatal la lengua castellana lo mismo dentro de España que en el extranjero, salvo en determinadas ocasiones características.

A estos fascistas del idioma no les vendría mal releer la Declaración Universal de los Derechos Lingüísticos, que casualmente se firmó, hace más de doce años, en la amenazante Barcelona. Tal vez su lectura (ya que las investigaciones de la sociolingüística sobre identidad y lenguaje no les hacen eco) les permita reflexionar y frenar la propuesta de lo que significaría un retroceso de décadas en la democracia lingüística y la pluralidad cultural. Porque España puede ser una madre querida, pero ninguno de sus hijos sufre de complejo de Edipo: ya son libres.

En este artículo hay 2 comentarios conviviendo en perfecta armonía.

  1. uno está equivocado y, además, taches gratuitamente de fachas a quien está sólo pidiendo que en las autonomías en teoría bilingües de España, sean eso, bilingües y que se reconozca por los gobiernos autónomos el derecho de los padres a poder elegir para sus hijos la enseñaza en su lengua materna ya que en Cataluña, de donde yo soy, más de la mitad tenemos al castellano como lengua materna y la otra parte el catalán, pero se nos ha convertido en ciudadanos de segunda ya que no podemos dirigirnos a los estamentos oficiales en castellano, no podemos estudiar en castellano y si rotulas tu negocio en castellano te multan, encontrar trabajo cualificado es imposible si no tienes un nivel C de catalán. Si no te lo crees pregúntaselo a tus compatriotas que buscan trabajo por mi tierra, Cataluña, ellos te pondrán las pilas. Si eso no es fascismo dime tú que és, así, que mejor antes de hablar te enteras para que puedas enterarte te dejo mi blog para que lo mires y juzgues.

    Un saludo

  2. MartínNo Gravatar
    06 Ago 08 4:03 pm

    Es que estoy de acuerdo con que se respete el bilingüismo. El problema es que el manifiesto es claramente favorable no a equiparar las lenguas sino a subordinar al catalán.

    Confío en que lo que contás es real y existen claros problemas a la hora de aplicar políticas de Estado. Tampoco me caen simpáticos los rebrotes de nacionalismo, pero esta no es la cuestión. La cuestión es que pretender que los catalanes rotulen sus calles y edificios en español es un claro ataque a la democracia lingüística.

    Como progresistas, deberían revisar el documento, atender a quiénes lo firman, y redactar un proyecto alternativo que sea pluralista y tolerante con ambas lenguas.

    Saludos, gracias por pasarte y te felicito por tu blog. El contenido es excelente.

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