Los medios no son el problema: la primer responsabilidad de un partido político, de cualquier ideología, es construir poder para llevar a cabo su programa. Digo más. Me alegra muchísimo ver que la izquierda salga de su mojigatería crónica para pelear en el barro político. No me escandaliza ver a Macaluse discutiendo con Aguad, o a Pino negociando comisiones con Carrió, de la misma manera que nunca me parecieron condenables los devaneos entre Sabbatella y el oficialismo. Lo mejor es que la izquierda gianolizada (Ala lava más blanco) pase del testimonialismo y la conjura intelectual para batirse en la arena parlamentaria.

Los medios no son el problema, repito: el oficialismo no sólo ha negociado cientos de veces con la derecha, sino que la ha incorporado a su estructura. La izquierda no puede llegar a tanto, por supuesto, porque una cosa es la coyuntura y otra lo programático. Me asqueé -sí, soy de izquierda- cuando Saadi defendió la ley de medios y cuando D’ Elia posó con Brito Lima (ex Comando de Organización) y con seguidores de Patti en La Matanza. Pero los entendí: es la política, estúpido. Aliarse en una sesión para conseguir espacios no borra con el codo nada de lo que se hizo con la mano, incluido firmar las leyes potables del kirchnerismo. Lo terrible sería acompañar una ley de la derecha, no ganar sitio para la izquierda.

El problema, entonces, son los fines y el miedo, no de haber pecado de acuerdo con el catecismo marxista y con la ubicuidad ibarrista, sino con el deber propio de avanzar sobre mejores posiciones para disputar capacidad de acción. Lo imperdonable sería que la jugada no nos haya retribuido ganancias, sino pérdidas en cuotas fijas. Haber sometido al oficialismo no amplía las posibilidades, sino que paradójicamente las disminuye. Si el campo de batalla será, desde ahora, ese ente multiforme y complejo llamado “la oposición”, tenemos no sólo la obligación de ganarle a dos conservadurismos, sino la tarea fundamental de convertir al progresismo en una alternativa viable en los hechos por venir. Si eso no ocurre el kirchnerismo estará derrotado, pero nosotros también. Esa sola imagen basta para aterrorizarme.