El burócrata

Era laborioso a la mañana, solemne a mediodía, algo feliz en la tarde y tristísimo al caer la noche.

Todo se quebró con un simple equívoco de pastillas. Despertó a la hora de almorzar, demasiado tarde para ir al trabajo. Ocupó entonces el ímpetu laborioso en tallar muñecos de palo. A la tarde lo llamó su jefe, indignado y burlón. Él, en vez de acatar, con toda solemnidad lo mandó a la remismísima mierda y ofreció su renuncia. Tomó los muñecos en un arrebato de dignidad y salió a regalarlos a las jovencitas que pasaban. Al caer la noche, una aceptó ir a la cama, y su felicidad fue más plena que cincuenta años de vida. Ella, en la madrugada, ya no estaba, pero la tristeza tampoco.

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2 Responses to “El burócrata”

  1. maso 23 enero 2009 at 18:29 #

    ¿Enmancipación espiritual o efectos secundarios de los somniferos?!!
    jaja
    Salutes!

    • Martín 24 enero 2009 at 10:44 #

      Lo que importa es el fin, maso, como dicen que decía el primer secretario de Estado. ¡Salud!

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