Esta es la parte 7 de 12 partes en la serie Residencia en la tierra

Comienzo la clase anunciando que la entrega de los trabajos será demorada hasta que la profesora a cargo revise la adecuación de las correcciones y les explique de qué forma se integrarán las calificaciones con los trabajos anteriores. Acordamos, además, que los alumnos que estuvieron ausentes la clase pasada deberán realizar un trabajo domiciliario que explicaré al día siguiente. Mientras se terminan de ordenar, aprovecho para pedir a dos alumnas que repartan una tabla individual con las clases de conectores y un texto para leer en parejas.

Para explicar el concepto de conectores, recurro a varias metáforas de conexiones (el tendido eléctrico, los caños de agua, el sistema gasífero) hasta lograr por fin -contra mi propia intención comunicativa- caer en el oscurantismo más profundo al llevarlas al terreno de la cohesión lingüística. Por suerte la sinceridad de la clase es total y todos afirman no haber entendido ni media palabra.

Vuelvo a explicar el concepto con más lentitud, haciendo gestos en las manos y gráficos en el pizarrón. Cuando todos exhalan suspiros de comprensión, comienzo a trabajar en un esquema en el pizarrón, deteniéndome por pedido de la clase en los conectores de causalidad y en la diferencia entre condicionalidad y restricción. Acompaño cada subtipo con varios ejemplos, aplicados al discurso académico, los paseos grupales, la política internacional, los asesinatos pasionales, el conflicto del campo, el uso de Internet, el miedo a la oscuridad, las recetas de cocina, la historia de Caperucita y la cotidianeidad del curso. Primero intento que identifiquen los conectores en los ejemplos. Al no tener mucho éxito, opto por presentarles oraciones incompletas para que ellos mismos elijan los conectores adecuados. Si bien hay altibajos en la atención, ya estoy en condiciones de solucionarlos rápidamente llamando a los implicados por su nombre de pila para que cesen las charlas espontáneas. Mi exposición se convierte entonces, en los momentos más álgidos, en algo así:

- En los conectores de causalidad, Carlos, existe una relación lógica, Yamila, en la que un hecho está directamente, Federico, provocado por otro, Guadalupe. Los reconocemos fácilmente, Enrique, porque no hay margen de duda en que uno produce al otro, Karen.

Cuando termino de exponer y de contestar las dudas, pido a los alumnos que realicen una identificación de los conectores en el texto de trabajo. Cuando comienzan a poner en común algunos de los hallazgos, me veo obligado por el tiempo a pasar el control de la actividad para el día siguiente, pero no sin antes pedirles que lo lean en voz alta. Una alumna toma su copia con desición.

Propuesta de gobierno

En nuestro partido político cumplimos con lo que prometemos.

Sólo los tontos pueden creer que

no lucharemos contra la corrupción.

Porque si hay algo seguro para nosotros es que

la honestidad y la transparencia son lo primero

para alcanzar nuestros ideales

Demostraremos que es un gran error creer que

las mafias seguirán formando parte del gobierno como en otros tiempos.

Aseguramos sin ninguna duda que

la justicia social será el fin principal de nuestro mandato.

Pese a eso, todavía hay gente poco inteligente que piensa que

se pueda seguir gobernando con los engaños de la vieja política

Cuando asumamos el poder, haremos lo imposible para que

se acaben las situaciones de privilegio y el acomodo

No permitiremos de ningún modo que

nuestros niños mueran de hambre

Cumpliremos nuestros propósitos aunque

los recursos económicos se hayan agotado.

Ejerceremos el poder hasta que

Comprendan desde ahora que

Somos el Mejor Partido, la “nueva política”.

Les pregunto si encontraron algo raro fuera de la demagogia exacerbada, pero todos se muestran desorientados.

-A ver, alguien que lo lea al revés.

-¿Así?- pregunta una alumna graciosa, ubicando las letras de cabeza.

-No, leyendo primero la última línea, luego la penúltima y así hasta terminar en la primera línea.

La inversión, como comprobamos, no es sólo oracional.

Me despido felicitando a los alumnos por las excelentes calificaciones obtenidas en el trabajo práctico. Todos se premian con un aplauso sostenido.

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