Día 6: ¿Qué tendrán las princesas?

Esta es la parte 7 de 9 partes en la serie Residencia en la tierra

Nuevamente entramos más tarde, así que pido a una alumna que reparta los papelitos de la actividad mientras se toma asistencia (enunciados incompletos al estilo Es una tontería… Si pudiera… Es malo para la sociedad…, todos diferentes). Después de un breve repaso, pido a los alumnos que completen el enunciado con lo que consideren adecuado y luego realicen algún tipo de reformulación.

En instantes, todos quieren leerme sus producciones. Una alumna me llama pero me pide, con timidez, no leer su resolución públicamente. Procede a leer, entonces, en voz baja:

-Cuando salga del colegio… voy a encontrarme con el chico que me gusta. Yo reformulé por ampliación: Cuando salga del colegio, luego de la clase de lengua, voy a encontrarme con el chico que me gusta para irnos a su casa.

Todo el grupo de chicas espera mi reacción, probablemente imaginando que estoy obligado a elegir entre la complicidad o la indignación. Siempre ocurre (lo comprobamos en años anteriores) que las alumnas intentan aparentar madurez o experiencia ante practicantes varones, y normalmente lo hacen de forma bastante torpe. Para marcar distancias sin herir su orgullo femenino, opté, para estas situaciones, por rodear la cuestión circunscribiéndolas a lo pedagógico.

-Está muy bien. También podrías, para ejercitar, sustituir algunas palabras por sinónimos, pero esto es adicional.

-¿Pero está bien? ¿Le gusta?

-La aplicación es correcta. Eso es lo importante.

Por suerte, el grupo IDEA me llama insistentemente, lo que resulta un buen escape antes de que el color me gane las mejillas.

Luego de cinco minutos, entrego un lápiz a un alumno de primera fila y explico que la única forma de librarse del lápiz es leer la producción. Luego de hacerlo, puede pasarlo a su compañero de banco, que hará lo mismo, y así hasta que todos hayan leído. Método sencillo y eficaz, aprendido en la última Didáctica, que funciona a la perfección. Los resultados son coherentes y sus contenidos expresan el idealismo juvenil: condenan las guerras, el calentamiento global, la indiferencia social, a la vez que reivindican sus propios intereses, sus rebeldías, su derecho al ocio.

Cuando se comienzan a repartir las propuestas del siguiente trabajo (el evaluativo) las consultas se multiplican hasta hacer imposible la escucha. Reclamo atención y detallo las actividades. Básicamente, se trata de aplicar los procedimientos aprendidos al texto de divulgación científica utilizado en el tema anterior, en grupos de dos. Luego de una explicación minuciosa, pido que levanten las manos quienes aún tengan dudas. La gran mayoría lo hace.

-Me refiero a dudas sobre lo que hay que hacer en las actividades. Los que quieren ir al baño, darme ejemplos o hacer planteos existenciales lo hacen después por separado. Repito: ¿dudas sobre las actividades?

Todos bajan las manos.

-A trabajar, entonces.

Por el efecto dominó, todos pugnan por ir al baño. Les ordeno organizarse de acuerdo a las condiciones que establecí el primer martes. Recorro los grupos, atendiendo a sus dudas y monitoreando el avance general. Una pareja de alumnas me llama para anunciarme que terminaron. Como aún queda mucho tiempo, les propongo hacer la actividad alternativa: un cuento o poesía dual, en el que apliquen reformulaciones mientras escriben. Hago igual con otro grupo y sigo revisando hasta que la hora termina.

Trato de leer parado en el colectivo de regreso, con poco éxito. Cuando llego a casa, preparo mate y me siento a leer, emocionadísimo, los primeros trabajos prácticos que evaluaré en mi incipiente vida docente. Cuando termino, respiro profundo. Las aplicaciones fueron excelentes, fuera de algunas confusiones en la última actividad. Más relajado, me dispongo a leer los textos de la propuesta accesoria.

El segundo grupo en terminar, con menos tiempo, realizó una divertida variación sobre el cuento de Pinocho, aplicando los cuatro tipos de reformulación con mucha destreza. Escribo mis impresiones a pie de página.

El otro texto parece ser, por el formato, una poesía. Cebo otro mate y, cuando llego al último verso, me ahogo y entro en un acceso de tos.

Pobres de mis ojos, cómo te han llorado,

pobre de mi corazón porque aún te sigue amando,

aunque tu cuerpo ya no me está acariciando.

Si tus labios no están, ya no tengo tus besos.

Cuando llega la noche y está tan sola mi alma,

me imagino tu cuerpo dibujado en mi cama.

Lo releo sintiéndome un poco tonto. Finalmente escribo una larga apología de la literatura para sus autoras, junto a mis cálidas felicitaciones. Lo único que me preocupa, al final del día, es la posibilidad de hacer la segunda parte de mi residencia en primavera o verano. Joyce no lo quiera.

Series - Navegación«Día 5: ¡Que ojos tan grandes tienen!
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