Esta es la parte 6 de 12 partes en la serie Residencia en la tierra

Antes de entrar al salón, la preceptora de planta me pide permiso para, luego de tomar asistencia, hacer unos anuncios y dar un modelo de cuadro para el cuaderno de comunicaciones a los alumnos. No pongo objeciones.

Paso por todos los estados posibles de la ansiedad: miedo, resignación, catastrofismo, pánico. Veinte minutos después del timbre, no puedo iniciar la clase. Los anuncios resultaron ser bastantes y el cuadro lo suficientemente complejo como para insumir más tiempo del que predije. Me acerco a la profesora y le informo que voy a eliminar una actividad de la secuencia.

-Sí, no te preocupes. Estas cosas pasan, son parte también de la vida escolar. Hay que acostumbrarse a la posibilidad de que el tiempo sea menor al que pensábamos ocupar. Pasá la actividad para mañana, en todo caso.

Tomo una tiza y hago rápidos trazos sobre un esquema con los procedimientos de reformulación a la vez que miro la clase, para evitar fugas de atención que consuman más tiempo. Es decir, escribo a ciegas, mientras doy mi exposición. Una alumna me señala en voz baja.

-Profe, escribió promento en vez de procedimiento.

-Tenés razón -confirmo y corrijo.

Continúo con el mismo método de exposición, tratando de buscar los conceptos más claros y garabateando líneas de texto que suben y bajan, como las cordilleras.

-¿Profe?- me dice otra alumna, susurrando.

-¿Sí?

-Ahí dice rección en vez de reducción.

-Gracias- respondo, borrando y rehaciendo, agradecido de la discreción que muestra el grupo al señalarme mis errores. Ventajas de principiante.

Haciendo un esfuerzo sobrehumano para simultáneamente seguir la exposición oral con propiedad y ofrecer un esquema con ejemplos claros, me hecho mano de la fábula oral más famosa, probablemente la que mereció más reescrituras y la que menos se verá afectada por una más. Escribo algunos enunciados posibles y reformulamos por reducción, primero suprimiendo y luego generalizando:

Caperucita roja estaba en el bosque juntando flores por pedido de su mamá cuando, bajo el sol de la tarde, apareció el lobo, silencioso y atemorizante.

La canasta de Caperucita estaba repleta de (rosas, margaritas, claveles) flores.

Los ejemplos, que leo, escribo y narro en tono de abuelita, divierten al grupo a la vez que llaman su atención. Consigo terminar de exponer los cuatro procedimientos sin que queden dudas. Anuncio el trabajo práctico de evaluación que harán al día siguiente (algunos no pueden disimular sus temores) y les doy las indicaciones para comunicarlo -vía cuaderno- a sus padres, madres, tutores o encargados. Sin otro particular, me despido atentamente.

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