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Dos años sin Carlos

Se cumple otro triste aniversario del asesinato de Carlos Fuentealba a manos de los esbirros de Jorge Sobisch. Hace un año escribí un artículo que cerraba así y hoy -con un movimiento renovado de resistencia docente- se me antoja más actual todavía:

(…) Tus asesinos no te odiaban sólo por quién eras sino por los ejércitos que veían detrás tuyo, armados todos de terribles tizas blancas. Nos querían matar esa utopía desgarrada llamada educación pública, igualdad social, libertad de pensamiento. Querían matar, porque no saben hacer otra cosa.

Hoy, Carlos, tu nombre es bandera de ese mundo nuevo. Tus colegas llenan las plazas, luchan en las aulas, trabajan como hormigas por la utopía posible. Otros estamos cerca de convertirnos en educadores y miramos con los ojos húmedos ese país que soñaste, esa imagen justa y amorosa que se sueña en las escuelas.

Ahora entiendo que no ocurrió, que no te mataron, que los monstruos intentando detener tu lucha, no consiguieron más que extenderla. La educación marcha hoy, más unida, dispuesta a acabar con este sistema excluyente y asesino.

Hoy caminamos todos juntos, vos sabés adonde. Allá nos vemos.

La imputabilidad a menores y la in(puta) habilidad judicial

(Publicado originalmente en El Hormiguero)

Me llama la antención ver que, en tiempos duros de mano dura, a muchos se les escapó un dato fundamental, una revelación casual, un tesoro escondido.
Sí, entre tantos datos policiales que hacen palidecer a doña Rosa, el gobernador bonaerense Scioli terminó espetando frente a las cámaras, como para hacer entender que va en serio:

- Y de estos chicos que cometen delitos, casi el diez por ciento no va a la escuela- citó, como sumando otro crimen.

¿Por qué me pongo contento, incluso si la estadística esté ocultando la expulsión real de estos adolescentes?

Porque eso quiere decir que estos chicos en riesgo de criminalidad son -en una gran mayoría y según Scioli- nuestros alumnos. Eso significa que no es necesario crear las megacárceles para niños con las que sueña Blumberg ni regresar al infanticidio, como propone más de un ciudadano tan honorable como indignado: ya hay una institución que aloja esos chicos, y es la que más herramientas tiene para formar personas, para devolver dignidades, ofrecer horizontes y reconstruir lazos comunitarios.

Pero que den argumentos los que saben:

El representante regional de Unicef, Nils Kastberg, advirtió hace poco que “la cárcel es como la universidad del crimen para niños y adolescentes (…) [Encarcelarlos] ¿Para qué, para que entren y luego generen más inseguridad?”. Nora Schulman, titular del Comité Argentino de Seguimiento y Aplicación de la Convención Internacional de los Derechos del Niño (CASACIDN), dijo que el último estudio en este sentido reveló que el 70 por ciento de los presos provienen de un instituto de menores de edad o al menos pasaron en algún momento por ellos (Blog Te vas a Marzo). “Estos reformatorios en realidad son deformatorios absolutos“. (Elías Neuman, criminólogo, Crítica de la Argentina). El consultor del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y docente de la Universidad de Buenos Aires, Diego Freedman señaló que “ampliar el alcance del sistema penal no mejora la cantidad y violencia en los delitos” (Sur y sur).

Hoy podemos empezar por otra reivindicación docente y ciudadana que solucione, entonces, este problema imposible para el Estado policial, pero factible para el Estado de derecho: exigir aumento de gabinetes de contención psicológica, programas de asistencia pedagógica y monitoreo constante del riesgo social. ¿Con qué, dirá usted, desencantado/a? ¡Pues con el hinchado presupuesto con el que se cuenta para crear los nuevos ghettos infantiles! Al fin y al cabo, somos un poco más formativos y más democráticos que los guardiacárceles ¿no?

Mientras los chicos y chicas sigan en la escuela, otras oportunidades son posibles.
Estén atentos, entonces, y actúen rápido para ofrecerlas, antes de que el sistema judicial se adelante. De eso depende que la palabra gane la batalla al garrote.

Día 8/II: Final abierto

Capítulo 20 de un total de 20 en Residencia en la tierra

Yo quise imaginarme,

como tú en tu canción,

extintas la avaricia,

el hambre, la codicia,

la guerra y la ambición..

LUIS EDUARDO AUTE

Al escuchar el inicio del recreo, entro rápidamente, saludo a mi profesora de residencia y entro al aula a reconstruir la galería de afiches. Los alumnos se acercan y colaboran con la pegatina. Momentos después del comienzo de hora, cuando también se suma la profesora de curso, todo parece estar en su lugar. Sin embargo, cuando apenas me dispongo a resumir las conclusiones del debate, uno de los afiches se despega y cae sobre las dos profesoras observantes. Moisés colabora volviéndolo a pegar mientras mis nervios se multiplican.

Me centro en los acuerdos y discusiones surgidos de la actividad anterior, recordando en forma general las intervenciones. Cuando comienzo a relacionarlas con los fundamentos de la Carta abierta de un escritor a la Junta Militar, el mismo afiche vuelve a caerse. Entro en pánico considerando la posibilidad de que las profesoras crean que en realidad el episodio también está planificado. Sin embargo, la profesora de residencia sonríe y comenta su relación parental con el personaje sobre el que se graficó el afiche inoportuno: llevan el mismo apellido.

Explico el concepto, las características y las razones de las cartas abiertas haciendo un esquema en el pizarrón. Luego una de las alumnas inicia la lectura de la carta de Walsh.

La profesora de residencia me señala que una alumna se encuentra recostada en el banco, en posición de dormir. Es la misma a quien la clase pasada tuve que poner en evidencia para lograr silenciar. Mientras me acerco, elijo la mejor variante que encuentro para no cometer el mismo error y volver a humillarla.

-¿Estás bien?

-Ah. Sí, sí, estoy bien, no pasa nada- dice, sonriendo.

La lectura termina sin más contratiempos.

Los alumnos tienen varias preguntas sobre el texto. Las hacen, y trato de responderlas en detalle. Cuento el trabajo periodístico de Walsh en la clandestinidad, la fundación de ANCLA y la forma en que se obtenía la información. Alguien pregunta en qué momento se publicó.

-Tiene la fecha debajo. 24 de marzo de 1977, a un año del golpe. Lo que me gustaría que busquen es la fecha de fallecimiento de Walsh.

-25 de marzo de 1977. Al día siguiente.

Asiento, midiendo el silencio que sobreviene. Cuento, entonces, de qué manera Walsh fue asesinado. También me veo obligado, por una mención, a contar la muerte de su hija. Intentando llegar a la actualidad con la proyección de las denuncias de Walsh, les señalo su hipótesis de que el peor genocidio era el venidero, no el físico, sino el económico. Varios sonríen, reconociendo las predicciones como correctas.

Una vez intercambiadas las lecturas, pasamos a la actividad de producción de cartas abiertas. Como las horas finales no parecen ser una fuente de inspiración, las profesoras me sugieren anotar temas probables en el pizarrón para evitar la fuga del tiempo. Mientras listo varios ejes, escucho que un grupo discute sobre el examen de matemática. Lo añado como tema posible.

Mientras trabajan, doy mi último recorrido por el aula. Me detengo especialmente frente a las alumnas sobre las que escribí en mi primera observación que “(…) hablan mucho: hablan de amistades, de salidas, pero también de Messi, Riquelme, las olimpíadas de Beijing…” y con las que terminé enfrentado. Están escribiendo y me hacen algunas consultas. Incluso la alumna durmiente (ya despierta) bromea sobre los floggers, a quien piensa dedicar su carta.

-Arre, carita ruborizada- comento, nombrando los dos grandes lugares comunes del dialecto fotolog y desatando las risas del grupo. Al menos no parecen quedar rencores insalvables.

En la puesta en común, dos alumnos se animan y leen sus cartas, una destinada a concienciar al Ministerio de Educación sobre la violencia en las aulas (no deja de ser paradojal, creyendo que debería ser el Ministerio quien llame la atención a los alumnos) y otra convocando a la unidad nacional y a la defensa del medio ambiente. Una alumna del grupo con el que acabo de reconciliarme, sin embargo, se lleva toda la atención.

Sin animarse a leer, pasa su carta a otra compañera, que comienza leyendo:

-Carta abierta a mis amigas…

Lo que sigue es una descripción de recuerdos, experiencias, lealtades construidas en toda la secundaria. En pocos minutos, la autora se encuentra llorando y sus amigas se muestran visiblemente emocionadas. Aplaudo y celebro el compromiso puesto en la amistad que construyeron.

Agradezco a los alumnos y a la profesora de curso por el espacio, la atención y la comprensión que tuvieron. Leo la poesía Muchas Gracias, de Paco Urondo, contándoles antes de qué forma su vida y su final se unieron a Walsh. Al terminar, aplauden ellos. Escucho algunos comentarios de alumnos sobre las lecturas y, finalmente, la música termina y el público se retira. Yo también.

Aquí finaliza mi residencia en la tierra. Gracias a quienes la acompañaron y compartieron.

Día 7/II: Las verdades sobre la mesa

Capítulo 19 de un total de 20 en Residencia en la tierra

La vida no vale nada

cuando otros se están matando

y yo sigo aquí cantando

cual si no pasara nada.

PABLO MILANÉS

Antes de comenzar, me informan que la profesora no va a asistir. Aprovecho el tiempo de recreo para armar -con la colaboración de dos alumnos- una gran mesa rectangular de bancos agrupados. Distribuimos alrededor las sillas.

Comienzo la clase con la devolución que no pude terminar de hacer la clase pasada. Felicito a todos por los afiches y la creatividad con que encararon el trabajo. Luego comenzamos a leer, por turnos, los últimos capítulos de la segunda parte de Operación Masacre. Muchos terminan de conocer la suerte de sus personajes en ese momento.

Al finalizar la lectura, los alumnos hacen algunas conclusiones personales. Les doy la actividad de relectura y pasamos a otro texto: la secuencia final de la película de Jorge Cedrón sobre el libro de Walsh. Doy ejemplos de qué puntos pueden atender a la hora de buscar relaciones entre ambos textos, y nos ponemos a trabajar.

Unas alumnas me cuentan, mientras el resto del grupo termina, que una de sus compañeras tuvo un bebé y que pensaban ir a visitarla.

-Me parece un lindo gesto. Envíenle mis saludos.

En ese momento ingresa al aula la preceptora y, dirigiéndose a los alumnos, les anuncia:

-Está bien, pueden irse media hora antes.

Evidentemente, los hechos están relacionados y no hay vuelta atrás. De todos modos, no se me consulta, así que al retirarse la preceptora, acorto el tiempo de trabajo. Los grupos aceleran la elaboración de notas.

Cuando comenzamos con la mesa de conclusiones y debate, noto que las dos alumnas que me informarom la primera clase que ellas hablaban todo el tiempo se encontraban eufóricas y seguían intercambiando señas y papelitos. Les llamé la atención en dos instancias y luego, cuando escuché que los intercambios pasaban a la verbalidad, intervine con frases al estilo:

-¿Sí, ustedes no estaban de acuerdo, no?

-¿Qué quieren aportar? Díganlo en voz alta.

Inmediatamente me arrepentí, porque las alumnas quedaron muy avergonzadas y se limitaron a quedarse en silencio, sin volver a molestar pero tampoco a participar. Fue el costo de solucionar el problema con rapidez para realizar la actividad sin contratiempos y sin chocar con el timbre, aunque salí convencido de que podría haber encontrado un mejor camino, aún si me costara mayor insumo de tiempo.

El resto del grupo, mientras tanto, llevó a cabo un debate excelente, prácticamente sin intervenciones de mi parte. Una de las primeras diferencias surgió en torno a la implicación de cada autor, cuya distancia era obvia si se considera que Troxler es uno de los sobrevivientes.

-Y Walsh no es ni siquiera peronista- añadió Alejandro.

-Pero él en ningún momento intenta escribir como militante, en todo momento se posiciona como un periodista que quiere denunciar lo que considera un acto criminal- contrapuso Ximena.

Inmediatamente surge la mención de hechos políticos que pasaron entre 1956 (cuando Walsh comienza la investigación ) y 1971 (cuando Cedrón filma la película). La resistencia, el Cordobazo, el ajusticiamiento de Sánchez, Sandoval y Aramburu son mencionados por Troxler no sólo por la diferencia de tiempo, aventuran, sino porque para él son una continuidad, no hechos aislados.

-Troxler tiene un objetivo, que se nombra al final: la patria socialista. Por eso para él un fusilamiento, aunque sea el suyo, es un hecho más de lucha- agrega Moisés, siempre tendiente a la épica política.

-¿Vieron qué dice de los políticos podíamos esperar sólo el engaño? Parece escrito hoy- suma Adrián, desatando una catarata de respuestas en las que prima lo falta de fe en los partidos. Es natural, son los hijos del incendio de 2001 y faltan varios años hasta que se reconstruya ese tejido. También faltaban en el 71.

Surgen otras cuestiones. Walsh menciona a Marcelo como terrorista, no está de acuerdo en ese momento con la lucha armada. Troxler apuesta a la violencia como política de masas, cree que sólo con violencia se puede enfrentar a un ejército torturador y asesino. Sin embargo, los alumnos no encuentran un punto de oposición en este caso, parecen creer que ambos métodos tienen algo de razón. Coinciden en que el peronismo que gobierna desde la vuelta de la democracia no es el mismo que narran los textos. Se comentan la clandestinidad, la debilidad histórica de nuestras instituciones, se discute si un escritor está obligado a tomar posiciones políticas.

Reitero mis saludos al nuevo bebé y a la nueva mamá. Se retiran a toda velocidad, a ver por fin -luego de tanta muerte narrada- un acto de vida.

Día 6/II: Cuando los medios callan, las paredes gritan

Capítulo 18 de un total de 20 en Residencia en la tierra

Lo están gritando

siempre que pueden,

lo andan pintando

por las paredes…

JOAN MANUEL SERRAT

Comenzamos la clase recordando los juicios simulados del anterior encuentro. Animo a los que participaron a ofrecer sus conclusiones a quienes estuvieron ausentes. Dos alumnos cuentan la experiencia.

Señalan como punto recurrente la falta de pruebas, el origen obrero de los capturados y la evidente ilegalidad en la que incurrieron el gobierno y las fuerzas represivas (que, dado el momento histórico, eran la misma cosa). Uno de los alumnos da precisiones sobre la suerte de algunos personajes para ejemplificar sus argumentos.

Cuando todos se encuentran al tanto, anuncio la actividad y anoto en el pizarrón los capítulos que comprende: son los que narran el fusilamiento de los obreros y la huida de los sobrevivientes. El trabajo consiste en que cada grupo represente de forma gráfica estos sucesos en los afiches que les traje.

Dan inicio a la lectura, pero como se encuentran algo dispersos, pongo un plazo de veinte minutos para el visado de los primeros borradores. De a poco, van concentrándose en el trabajo y en poco tiempo estoy entregando los materiales, comenzando por un grupo de alumnas que ya leyó toda la novela.

A medida que veo los borradores y aconsejo o desaconsejo cambios, voy repartiendo los afiches y marcadores. Algunos grupos trabajan sobre mesas unidas, otros directamente sobre el piso. Una minoría decide quedarse en la misma posición de clases normales.

Voy pegando los trabajos terminados. Todos prestan atención a las demás producciones, se acercan, hacen comentarios. La galería parece haber funcionado. Les pido, de todos modos, que expliquen a sus compañeros en forma breve la manera en que trabajaron.

Hay unos infogramas sobre Gavino y su esposa y una historieta minimalista en tres cuadros que cuentan el fusilamiento, la huida y el exilio. Una secuencia simbólica sobre Díaz con transportes, teléfonos, rejas, sonrisas, sombreros. Dos líneas del tiempo con los hechos fundamentales vividos por Rodríguez y Carranza. Una historieta fragmentada con las acciones de Benavídez.

Yamila y Sara representaron a Horacio Di Chiano fingiéndose muerto y a los demás escapando. A la derecha, una cita de la novela explica el cuadro.

Constanza representó el trayecto vivido por Garibotti en dibujos infantiles, donde los fusiladores tienen cejas fruncidas y el gesto serio y los que van a ser fusilados sólo tienen dos largos ojos y se dan la mano. Luego se encuentra narrada su hipótesis: su personaje, supone, no creía que los iban a matar, sino apenas asustarlos. Debajo de todo, el final gráfico habla por sí mismo: las figuras de arriba se encuentran en el mismo lugar, pero muertos.

Alejandro no logró terminar, pero explica su esbozo: es la camioneta y la secuencia de huida de Troxler.

Nadia y Alfonsina dibujaron y pintaron a Mario Brión siguiendo la descripción que Walsh registra del sereno que encontró su cuerpo: Tenía los brazos abiertos a los flancos, rostro ovalado, de cabello rubio y naciente barba, con una mueca melancólica y un hilo de sangre en la boca. Tenía una tricota blanca, era Mario Brión y parecía un Cristo. Todos quedan impactados por el resultado.

Lorena hizo un completísimo cuadro sinóptico sobre la historia de Livraga, que abarca todos los capítulos en que aparece y los relaciona con otros hechos de la novela.

Ximena optó por confeccionar una ficha policial de Carlitos Lizaso. Incluye su nombre, edad, descripción física, personalidad, trabajo, estudios, hobbies, datos adicionales y un informe de sus actividades en los dos días de la Operación Masacre. La parodia -pienso- puede ser una de las mejores condenas.

Cuando el último grupo termina de explicar su trabajo, la hora termina. El salón se vacía y comienzo a despegar los afiches, los miro de nuevo, los guardo. Los llevo conmigo.