Categoría: Carrera

Esta es la parte 12 de 12 partes en la serie Residencia en la tierra

Finalizadas las clases de la residencia en EGB3 y pasados unos meses más o menos merecidos de descanso, llegó el turno de incursionar en las aulas de Polimodal (o 3º, 4º y 5º del CBU, según la nueva nomenclatura).

El cambio más drástico es, lógicamente, el de alumnado. Pasar de enseñar a preadolescentes de trece o catorce a enfrentarse a preadultos de diecisiete o dieciocho implica no sólo un nuevo sujeto del aprendizaje, sino nuevas formas de actuar de parte del residente (cfr. yo).

Además, ahora me traslado a una institución nueva, con características especiales (un instituto de música) y con una nueva profesora a cargo. Es decir: adiós a la relativa comodidad familiera que había ganado con el correr de las clases del cuatrimestre anterior. A barajar y dar de nuevo.

Desde aquí, entonces, la numeración de días de esta serie llevará como sufijo /II, lo que quiere decir, como es deducible, que pertenecen a mi Segunda Residencia en la tierra.

Esta es la parte 8 de 12 partes en la serie Residencia en la tierra

Durante al recreo, antes de comenzar la clase, Federico y Carlos se acercan a la reja en la que comento con Ramón los pormenores del día, entre ellos, el calor del invierno y la ausencia de la profesora titular. Carlos y Federico aparecen con velocidad, como si hubieran tenido alguna revelación.

-Profe, la clase va a ser un desastre.

Esto es bueno -pienso-, quiere decir que hasta hoy no nos habíamos hundido en la catástrofe de forma definitiva, pero…

-¿Por qué dicen eso?

-Porque todos van a gritar, pararse, moverse, tirar cosas, pelearse y no le van a hacer caso aunque nos pida tranquilidad -explica Carlos.

-Sí, profe. Incluso yo voy a hacer lo mismo -interviene Federico.

-Y yo también, casi seguro.

-Me sorprendería de ustedes dos -les digo, con sarcasmo.

-Lo que tiene que hacer -me indican, paso a paso- es pedir la lista de alumnos a la preceptora para poner notas de comportamiento. También las fichas de conducta, donde se ponen los llamados de atención y esas cosas. Después, ponerlas sobre la mesa, y al que molesta, sancionarlo. Si quiere vamos y pedimos los formularios antes de que comience la clase.

-No, gracias. No se preocupen y vayan entrando.

Al entrar, todos se paran y saludan, pero inmediatamente continúan conversando a gritos. Seriamente, completo el libro de temas haciendo pausas para tratar de identificar a los líderes de la revuelta, pero no parece haberlos. Hay que decir, a favor del caos espontáneo, que es absolutamente democrático y no deja a nadie fuera. Ni siquiera a los tímidos, que vienen a ser como el lumpenproletariat de la palabra pública, pero ahora hacen oír su voz incluso más alto que las grandes burguesías del espacio discursivo adolescente.

-Silencio. Chicos, silencio. Vamos a comenzar la clase. Atrás. Adelante. A la izquierda. ¡Chicos y chicas, alumnos y alumnas, ciudadanos y ciudadanas!

Los grupos más cercanos, ante mi escalada apelativa, se callan, pero vuelven a conversar inmediatamente cuando me muevo a exigir lo mismo al resto del curso.

Opto por aplicar la técnica de reacción en cadena, que tanto me ha dado hasta ahora. Me paro frente a todos, mirándolos alternativamente con cara de esfinge. Algunos grupos aislados deponen su posición (primer movimiento). Luego, otros apelan a sus compañeros a escuchar, porque parece que el profesor quiere hablar (segundo movimiento) y finalmente, cuando la mayoría se encuentra silente, los que se callaron intiman a los rebeldes (las rebeldes, en este caso) a callarse o a pagar las consecuencias (tercer y último movimiento). Lo último que se escucha es a Juan preguntando en voz alta a un grupo de muchachas:

-¿Nunca se callan ustedes, chismosas? ¿No ven que hay que escuchar?

-Sos un estúpido -le responden, humilladas ante la vista de todos.

El silencio se impone.

Anuncio, entonces, las actividades del día.

-Primero vamos a hacer un repaso de las clases de conectores. Luego, controlamos el trabajo anterior y después hacemos una actividad de aplicación.

-¿En grupos?- pregunta alguien.

-Sí, en grupos de cuatro- contesto sin darle importancia, pero desatando la debacle. Como en las épicas grecolatinas, la catástrofe se inicia por pequeñeces.

El desorden gana la clase nuevamente, sumado a chirridos de bancos, sillas que se mueven en andas, carpetas y mochilas voladoras, cuerpos que se chocan. Sin embargo, el ruido no cesa tampoco cuando todos están ubicados. Con menos esfuerzo que al principio, se logra nuevamente devolver la calma. Decido, de todos modos, asegurarme de que no vuelva a ocurrir.

-Les vuelvo a decir lo mismo que antes. En la medida en que ustedes se esfuercen en trabar los repasos y las exposiciones, vamos a tener que dedicar más tiempo a la teoría y vamos a tener que ver más veces lo mismo. También se harán necesarias más evaluaciones, porque si nadie escucha ni participa, no tengo otra forma de saber si están aprendiendo algo o estoy haciendo un monólogo. Entiendo que estén cansados, pero me parece que demostraron hasta ahora ser buenos alumnos y no nenes malcriados ni chicos de jardín de infantes, que es lo que parecen hoy -continúo, evitando conmoverme de la multitud cabizbaja que mira el suelo- y espero que esto no tenga que ver con la ausencia de la profesora, porque vamos a trabajar igual que en las otras clases. Antes de entrar algunos de ustedes me recomendaban traer las fichas de conducta y sancionar a los que molestan -recuerdo, mientras el miedo de algunas caras muta en pánico- pero no me parece una solución. Primero, porque ni yo soy policía ni ustedes son delincuentes, así que es bastante tonto jugar a hacer infracciones o multas en vez de dar la clase, que es lo que debemos hacer. Segundo, porque ya hay un espacio que se ocupa de esta cuestión: los contenidos actitudinales, donde en todo caso van a ser evaluados de acuerdo a su predisposición a conocer y trabajar en esta materia. No les pido que se enamoren de todos los contenidos ni exijo que hagan lo que digo al pie de la letra, simplemente que nos interesemos en llevar a cabo una tarea común que a ustedes les permita aprender, como hicimos hasta ahora, y que nos respetemos. No puede ser que hoy, cuando pretendo hablar, no me escuche nadie, sabiendo que en todas las clases ustedes fueron escuchados, por mí y por toda la clase. Son ustedes los que provocan que sigamos perdiendo tiempo. Son ustedes, y no yo, los que están destruyendo la libertad que le dimos a la clase.

Cuando dejo flotando la última frase de mi discurso, el silencio de las pausas y las caras es sepulcral y algunas chicas pucherean, con los ojos peligrosamente brillantes. Tal vez me estoy excediendo.

- En fin, vamos a seguir como si nada hubiera pasado, pero quiero que recuerden esto. Y que no vuelva a pasar más.

Todos asienten, comprometiendo su media sonrisa de reconciliación.

De a poco se recupera el tono inquieto, jovial y a la vez laborioso de la clase. Escuchan en perfecta calma el repaso y hacen preguntas puntuales sobre los mismos conectores que generaron dudas en la clase pasada. Hago dibujos, doy ejemplos, logro que ellos también ejemplifiquen y comenzamos con la actividad del día. Reparto a cada grupo una noticia de diario.

-Lo que tienen que hacer es identificar los conectores, copiarlos a su carpeta y clasificarlos. Luego de eso, eliminarlos.

-¿Eliminarlos?

-Sí, pueden usar corrector, birome, tijeras, lo que sea, pero deben suprimirlos del texto. Después les explico el porqué.

La resolución es bastante rápida, así que pasamos a la segunda parte. Los grupos intercambian sus recortes recortados (de conectores, se entiende).

-¿Y ahora que hacemos?

-Repongan los conectores faltantes, teniendo en cuenta la relación más probable entre dos objetos.

Paso a recorrer los grupos, contestando consultas y monitoreando la cohesión repuesta en los textos. Extrañamente, todos terminan en los últimos diez minutos de la hora. La clase más caótica hasta ahora, irónicamente, es la que más se ajustó a los tiempos previstos en la secuencia.

Antes de irme, impongo una última medida de firmeza, basada en mi esfuerzo por respetar el reglamento a rajatablas: nadie sale hasta que toque el timbre. Todos observan, con tristeza, el éxodo anticipado del resto de los cursos.

Esta es la parte 7 de 12 partes en la serie Residencia en la tierra

Comienzo la clase anunciando que la entrega de los trabajos será demorada hasta que la profesora a cargo revise la adecuación de las correcciones y les explique de qué forma se integrarán las calificaciones con los trabajos anteriores. Acordamos, además, que los alumnos que estuvieron ausentes la clase pasada deberán realizar un trabajo domiciliario que explicaré al día siguiente. Mientras se terminan de ordenar, aprovecho para pedir a dos alumnas que repartan una tabla individual con las clases de conectores y un texto para leer en parejas.

Para explicar el concepto de conectores, recurro a varias metáforas de conexiones (el tendido eléctrico, los caños de agua, el sistema gasífero) hasta lograr por fin -contra mi propia intención comunicativa- caer en el oscurantismo más profundo al llevarlas al terreno de la cohesión lingüística. Por suerte la sinceridad de la clase es total y todos afirman no haber entendido ni media palabra.

Vuelvo a explicar el concepto con más lentitud, haciendo gestos en las manos y gráficos en el pizarrón. Cuando todos exhalan suspiros de comprensión, comienzo a trabajar en un esquema en el pizarrón, deteniéndome por pedido de la clase en los conectores de causalidad y en la diferencia entre condicionalidad y restricción. Acompaño cada subtipo con varios ejemplos, aplicados al discurso académico, los paseos grupales, la política internacional, los asesinatos pasionales, el conflicto del campo, el uso de Internet, el miedo a la oscuridad, las recetas de cocina, la historia de Caperucita y la cotidianeidad del curso. Primero intento que identifiquen los conectores en los ejemplos. Al no tener mucho éxito, opto por presentarles oraciones incompletas para que ellos mismos elijan los conectores adecuados. Si bien hay altibajos en la atención, ya estoy en condiciones de solucionarlos rápidamente llamando a los implicados por su nombre de pila para que cesen las charlas espontáneas. Mi exposición se convierte entonces, en los momentos más álgidos, en algo así:

- En los conectores de causalidad, Carlos, existe una relación lógica, Yamila, en la que un hecho está directamente, Federico, provocado por otro, Guadalupe. Los reconocemos fácilmente, Enrique, porque no hay margen de duda en que uno produce al otro, Karen.

Cuando termino de exponer y de contestar las dudas, pido a los alumnos que realicen una identificación de los conectores en el texto de trabajo. Cuando comienzan a poner en común algunos de los hallazgos, me veo obligado por el tiempo a pasar el control de la actividad para el día siguiente, pero no sin antes pedirles que lo lean en voz alta. Una alumna toma su copia con desición.

Propuesta de gobierno

En nuestro partido político cumplimos con lo que prometemos.

Sólo los tontos pueden creer que

no lucharemos contra la corrupción.

Porque si hay algo seguro para nosotros es que

la honestidad y la transparencia son lo primero

para alcanzar nuestros ideales

Demostraremos que es un gran error creer que

las mafias seguirán formando parte del gobierno como en otros tiempos.

Aseguramos sin ninguna duda que

la justicia social será el fin principal de nuestro mandato.

Pese a eso, todavía hay gente poco inteligente que piensa que

se pueda seguir gobernando con los engaños de la vieja política

Cuando asumamos el poder, haremos lo imposible para que

se acaben las situaciones de privilegio y el acomodo

No permitiremos de ningún modo que

nuestros niños mueran de hambre

Cumpliremos nuestros propósitos aunque

los recursos económicos se hayan agotado.

Ejerceremos el poder hasta que

Comprendan desde ahora que

Somos el Mejor Partido, la “nueva política”.

Les pregunto si encontraron algo raro fuera de la demagogia exacerbada, pero todos se muestran desorientados.

-A ver, alguien que lo lea al revés.

-¿Así?- pregunta una alumna graciosa, ubicando las letras de cabeza.

-No, leyendo primero la última línea, luego la penúltima y así hasta terminar en la primera línea.

La inversión, como comprobamos, no es sólo oracional.

Me despido felicitando a los alumnos por las excelentes calificaciones obtenidas en el trabajo práctico. Todos se premian con un aplauso sostenido.

Esta es la parte 7 de 12 partes en la serie Residencia en la tierra

Nuevamente entramos más tarde, así que pido a una alumna que reparta los papelitos de la actividad mientras se toma asistencia (enunciados incompletos al estilo Es una tontería… Si pudiera… Es malo para la sociedad…, todos diferentes). Después de un breve repaso, pido a los alumnos que completen el enunciado con lo que consideren adecuado y luego realicen algún tipo de reformulación.

En instantes, todos quieren leerme sus producciones. Una alumna me llama pero me pide, con timidez, no leer su resolución públicamente. Procede a leer, entonces, en voz baja:

-Cuando salga del colegio… voy a encontrarme con el chico que me gusta. Yo reformulé por ampliación: Cuando salga del colegio, luego de la clase de lengua, voy a encontrarme con el chico que me gusta para irnos a su casa.

Todo el grupo de chicas espera mi reacción, probablemente imaginando que estoy obligado a elegir entre la complicidad o la indignación. Siempre ocurre (lo comprobamos en años anteriores) que las alumnas intentan aparentar madurez o experiencia ante practicantes varones, y normalmente lo hacen de forma bastante torpe. Para marcar distancias sin herir su orgullo femenino, opté, para estas situaciones, por rodear la cuestión circunscribiéndolas a lo pedagógico.

-Está muy bien. También podrías, para ejercitar, sustituir algunas palabras por sinónimos, pero esto es adicional.

-¿Pero está bien? ¿Le gusta?

-La aplicación es correcta. Eso es lo importante.

Por suerte, el grupo IDEA me llama insistentemente, lo que resulta un buen escape antes de que el color me gane las mejillas.

Luego de cinco minutos, entrego un lápiz a un alumno de primera fila y explico que la única forma de librarse del lápiz es leer la producción. Luego de hacerlo, puede pasarlo a su compañero de banco, que hará lo mismo, y así hasta que todos hayan leído. Método sencillo y eficaz, aprendido en la última Didáctica, que funciona a la perfección. Los resultados son coherentes y sus contenidos expresan el idealismo juvenil: condenan las guerras, el calentamiento global, la indiferencia social, a la vez que reivindican sus propios intereses, sus rebeldías, su derecho al ocio.

Cuando se comienzan a repartir las propuestas del siguiente trabajo (el evaluativo) las consultas se multiplican hasta hacer imposible la escucha. Reclamo atención y detallo las actividades. Básicamente, se trata de aplicar los procedimientos aprendidos al texto de divulgación científica utilizado en el tema anterior, en grupos de dos. Luego de una explicación minuciosa, pido que levanten las manos quienes aún tengan dudas. La gran mayoría lo hace.

-Me refiero a dudas sobre lo que hay que hacer en las actividades. Los que quieren ir al baño, darme ejemplos o hacer planteos existenciales lo hacen después por separado. Repito: ¿dudas sobre las actividades?

Todos bajan las manos.

-A trabajar, entonces.

Por el efecto dominó, todos pugnan por ir al baño. Les ordeno organizarse de acuerdo a las condiciones que establecí el primer martes. Recorro los grupos, atendiendo a sus dudas y monitoreando el avance general. Una pareja de alumnas me llama para anunciarme que terminaron. Como aún queda mucho tiempo, les propongo hacer la actividad alternativa: un cuento o poesía dual, en el que apliquen reformulaciones mientras escriben. Hago igual con otro grupo y sigo revisando hasta que la hora termina.

Trato de leer parado en el colectivo de regreso, con poco éxito. Cuando llego a casa, preparo mate y me siento a leer, emocionadísimo, los primeros trabajos prácticos que evaluaré en mi incipiente vida docente. Cuando termino, respiro profundo. Las aplicaciones fueron excelentes, fuera de algunas confusiones en la última actividad. Más relajado, me dispongo a leer los textos de la propuesta accesoria.

El segundo grupo en terminar, con menos tiempo, realizó una divertida variación sobre el cuento de Pinocho, aplicando los cuatro tipos de reformulación con mucha destreza. Escribo mis impresiones a pie de página.

El otro texto parece ser, por el formato, una poesía. Cebo otro mate y, cuando llego al último verso, me ahogo y entro en un acceso de tos.

Pobres de mis ojos, cómo te han llorado,

pobre de mi corazón porque aún te sigue amando,

aunque tu cuerpo ya no me está acariciando.

Si tus labios no están, ya no tengo tus besos.

Cuando llega la noche y está tan sola mi alma,

me imagino tu cuerpo dibujado en mi cama.

Lo releo sintiéndome un poco tonto. Finalmente escribo una larga apología de la literatura para sus autoras, junto a mis cálidas felicitaciones. Lo único que me preocupa, al final del día, es la posibilidad de hacer la segunda parte de mi residencia en primavera o verano. Joyce no lo quiera.

Esta es la parte 6 de 12 partes en la serie Residencia en la tierra

Antes de entrar al salón, la preceptora de planta me pide permiso para, luego de tomar asistencia, hacer unos anuncios y dar un modelo de cuadro para el cuaderno de comunicaciones a los alumnos. No pongo objeciones.

Paso por todos los estados posibles de la ansiedad: miedo, resignación, catastrofismo, pánico. Veinte minutos después del timbre, no puedo iniciar la clase. Los anuncios resultaron ser bastantes y el cuadro lo suficientemente complejo como para insumir más tiempo del que predije. Me acerco a la profesora y le informo que voy a eliminar una actividad de la secuencia.

-Sí, no te preocupes. Estas cosas pasan, son parte también de la vida escolar. Hay que acostumbrarse a la posibilidad de que el tiempo sea menor al que pensábamos ocupar. Pasá la actividad para mañana, en todo caso.

Tomo una tiza y hago rápidos trazos sobre un esquema con los procedimientos de reformulación a la vez que miro la clase, para evitar fugas de atención que consuman más tiempo. Es decir, escribo a ciegas, mientras doy mi exposición. Una alumna me señala en voz baja.

-Profe, escribió promento en vez de procedimiento.

-Tenés razón -confirmo y corrijo.

Continúo con el mismo método de exposición, tratando de buscar los conceptos más claros y garabateando líneas de texto que suben y bajan, como las cordilleras.

-¿Profe?- me dice otra alumna, susurrando.

-¿Sí?

-Ahí dice rección en vez de reducción.

-Gracias- respondo, borrando y rehaciendo, agradecido de la discreción que muestra el grupo al señalarme mis errores. Ventajas de principiante.

Haciendo un esfuerzo sobrehumano para simultáneamente seguir la exposición oral con propiedad y ofrecer un esquema con ejemplos claros, me hecho mano de la fábula oral más famosa, probablemente la que mereció más reescrituras y la que menos se verá afectada por una más. Escribo algunos enunciados posibles y reformulamos por reducción, primero suprimiendo y luego generalizando:

Caperucita roja estaba en el bosque juntando flores por pedido de su mamá cuando, bajo el sol de la tarde, apareció el lobo, silencioso y atemorizante.

La canasta de Caperucita estaba repleta de (rosas, margaritas, claveles) flores.

Los ejemplos, que leo, escribo y narro en tono de abuelita, divierten al grupo a la vez que llaman su atención. Consigo terminar de exponer los cuatro procedimientos sin que queden dudas. Anuncio el trabajo práctico de evaluación que harán al día siguiente (algunos no pueden disimular sus temores) y les doy las indicaciones para comunicarlo -vía cuaderno- a sus padres, madres, tutores o encargados. Sin otro particular, me despido atentamente.

Esta es la parte 5 de 12 partes en la serie Residencia en la tierra

Comienzo la clase retomando la actividad pasada. Varios alumnos leen sus producciones. A modo de ejemplo adicional de definiciones paródicas, leo la acepción de hombre que acuñó Ambrose Bierce para su genial Diccionario del Diablo:

Hombre, s. Animal tan sumergido en la extática contemplación de lo que cree ser, que olvida lo que indudablemente debería ser. Su principal ocupación es el exterminio de otros animales y de su propia especie que, a pesar de eso, se multiplica con tanta rapidez que ha infestado todo el mundo habitable, además del Canadá.

Un alumno me pregunta por qué el autor escribió eso. Explico la estructura irónica del Diccionario y trato de justificar la visión de mundo de Bierce narrando su paso por la guerra civil estadounidense, por el periodismo, por el exilio, por la revolución de Pancho Villa, hasta llegar a su misteriosa desaparición y a las hipótesis sobre su muerte.

-Bierce es un ejemplo de los abismos que hay a veces entre vida y obra literaria. Como Emilio Salgari (el de Sandokán), que escribía cuentos de aventuras y terminó en la oscuridad y el suicidio, Bierce vivió casi toda su vida como soldado, pero toda su obra es una crítica demoledora de los argumentos para la guerra y un canto constante al pacifismo y a la convivencia entre hombres.

De pronto, caigo en la cuenta de que se está produciendo un fenómeno único que se repetirá pocas veces: silencio absoluto. Me veo obligado a romper la magia y a realizar en el pizarrón los trazos de lo que será la tabla de las formas de organización en los textos de divulgación científica. A medida que termino de aclarar un concepto, dibujo unos cuadros vacíos y hago que sean los alumnos quienes elaboren los ejemplos. Al llegar a la cuarta forma organizativa, la clase está cansada y comienza a perder peligrosamente la atención. Cada vez que giro hacia el pizarrón para escribir, el murmullo se multiplica. Observo con intensidad y de forma aleatoria todos los grupos, hasta lograr que sean los mismos alumnos quienes se llamen a silencio entre sí. Decido usar como táctica la apelación al sentido común.

-Se los digo de forma sencilla: si no terminamos rápido, voy a tener que seguir exponiendo hasta que termine la hora. Si tienen tanto amor por la teoría, hacemos eso. Si no, atiendan a la explicación de los últimos dos procedimientos y hacemos un trabajo de aplicación para no aburrirnos tanto.

Todos dicen estar de acuerdo y colaboran con la definición y ejemplificación de los últimos procedimientos. Pido ayuda a Carlos, jefe adjunto del grupo IDEA, para repartir los textos de trabajo, que versan sobre el láser y sus aplicaciones.

-Queremos descansar, profe- se anima a pedir alguien.

-¡Sí, profe!- acompaña el coro.

Dudo un momento, considerando que están en las últimas horas y deben estar igual de cansados que un residente en las últimas horas de su profesorado. Me decido por un camino intermedio.

-Descansen mientras leen el texto.

-Ah, no, eso no es descansar.

-¿Cómo no? Chicos, no estamos picando piedra ni cargando cajas. Vamos.

Luego de unos minutos, quienes terminan la lectura comienzan a pedir automáticamente permiso para ir al baño. Lo permito, con la condición de que sólo uno salga a la vez y que no demoren más de lo normal. Me acerco al grupo IDEA para comprobar que están leyendo a nivel regular, pero ya alcanzaron la mitad del texto.

-Nos cansamos mucho, profe, hoy jugamos a la pelota. ¿Usted juega? ¿De qué cuadro es?

-No, no juego, pero hasta hace un año jugaba básquet.

-¿Y su cuadro?

-Tampoco veo fútbol ni tengo un cuadro favorito.

Me miran como a un ser extraterreno, sorprendidos. Todos los alumnos cercanos al grupo levantan las cabezas y se unen al interrogatorio.

-¿Y va al boliche?

-No, nunca me gustó bailar.

-Pero escucha música.

-Sí.

-¿Cumbia? ¿Le gusta Eclip´c o Yiyo?

-No, escucho trova cubana y algunos cantautores argentinos y españoles. No colecciono mucha música ni estoy muy actualizado…

Las caras de sorpresa siguen mutando. Carlos mira su banco, dudando, y luego se anima a preguntar:

-¿Y fuma porro? Marihuana, quiero decir. Ahora la tele dice que va a ser legal, no tenga miedo de decirnos.

-No, no fumo.

-Pero probó alguna vez.

-No- miento convencido.

-¿Y toma?

-Sólo fines de semana, alguna cerveza mientras veo tele.

-¿Ve mucha tele?

-No, no mucha. No tengo tanto tiempo, además aprovecho mis ratos libres para leer o descargar libros y documentos de Internet.

-¿Lee en su tiempo libre?- preguntan con evidente estupefacción. Federico cavila unos instantes y levanta el dedo, distraído, mirando a ninguna parte. Pensando en voz alta, enuncia la posible respuesta a todo.

-Claro, -se explica a sí mismo, en voz baja- es como una profesora.

El grupo se ríe y Federico comienza a disculparse y a tratar de explicar que se refería a las costumbres que suelen tener las profesoras de lengua, y que el no creía que se aplicasen a profesores.

-Está bien, Fede. Sigan leyendo- lo tranquilizo, y paso a seguir la ronda.

Como todos van bastante avanzados y la mayoría de mis nuevas compañeras de género (las alumnas) han terminado, explico las actividades y paso por cada grupo para ver los avances. En poco tiempo, a mayoría logra acabar con las dos primeras propuestas, así que paso a hacer un control general, donde todos comparten sus resoluciones con el grupo-clase. Cuando llego a los últimos de la tercera fila, cinco muchachas miran sus bancos y Guadalupe, la mayor de todas, me enrostra.

-No hicimos.

-¿Nada?

-Nada- repite, con aparente orgullo.

-Bueno, -digo, fingiendo una firmeza que en realidad no es espontánea- eso va a ser lo que las va a representar como grupo. A menos que para mañana hagan las actividades y la compartan con el resto de la clase, como hicieron sus compañeros con ustedes. ¿Puede ser?

Todas las muchachas se sonrojan, esquivan mi mirada, asienten. La excepción es Guadalupe, que decide contestarme en nombre del grupo, con una sonrisa sardónica.

-Bueno, para mañana puede ser.

Esta es la parte 10 de 12 partes en la serie Residencia en la tierra

Comienzo mi clase final tranquilo, pero la ansiedad gana terreno con rapidez. Los movimientos de nerviosismo, que había llegado a controlar parcialmente, van creciendo con el paso de los minutos. Esto da una razón más a los supersticiosos, que ahora pueden añadir a la lista de prohibiciones matrimoniales y marítimas el “no des tu clase final”.

Doy un repaso de los procedimientos aplicados en la clase pasada, luego se leen algunos subrayados. Sin objeciones, paso a realizar el segundo cuadro del tema, el de los procedimientos de producción (generalizar, globalizar, integrar). Rápidamente la cosa se complica pero logro contestar las dudas consecuentes, aunque eso implica volver a explicar todos los mecanismos.

Para fijar las ideas, recurro a todos los contenidos que di en las clases anteriores.

-Chicos, ustedes en realidad ya conocen todo esto. El resumen es -sentencio, a riesgo de cometer una herejía teórica-, para decirlo de forma sencilla, una gran reformulación por reducción. A la vez, se debe hacer uso de la sustitución y la recolocación cada vez que necesitamos ordenar el texto o mantenernos con el mismo estilo de escritura. Si al resumir muy violentamente se encuentran con que la información les queda disgregada, con espacios en blanco, sin relacionar, echen mano de la tabla de conectores para darle un sentido. Así que comiencen, recordando las características del texto de divulgación científica. Tener una idea de la estructura con la que trabajan les va a facilitar la tarea. ¿Estamos?

-Estamos.

Cuando se logra cierto acuerdo, comenzamos la primera actividad. Los alumnos practican sobre el texto Astronomía. Paso por los grupos contestando las dudas sobre el límite de la reducción, el uso de conectores (un alumno en particular, es un sinembarguista compulsivo, así que me detengo a refrenarlo). La mayoría logra aplicar con éxito los procedimientos.

-Muy bien, -anuncio luego de la puesta en común- comencemos entonces con el segundo trabajo, donde vamos a resumir en serio. Les voy a repartir a cada uno un texto biográfico que deberán resumir. Es necesario, les aclaro antes de que comiencen a quejarse, que trabajen con textos extensos, porque es ahí donde se ve la eficacia de un resumen.

Reparto los textos, atendiendo a que cada alumno tenga un texto distinto al de sus contiguos. Así, quedan conviviendo en cada cuarteto las reseñas biográficas de Mariano Moreno, Augusto Sandino, Alfredo Palacios y Buenaventura Durruti, buscando inspirar con su relato los ideales libertarios a esta nueva generación de jóvenes que por suerte nada tienen que envidiarles en curiosidad y rebeldía.

La actividad comienza y vuelvo a mi recorrido, asesorando a los alumnos que necesitan ayuda. Como el tiempo corre más rápido de lo que había planeado (aunque parezca un contrasentido pretender planificar el tiempo), acuerdo corregir en base a los procedimientos que hayan aplicado, aunque no se alcance el resumen completo. Sin embargo, varios logran terminar o avanzar notoriamente al final de la hora.

Llegado el momento, me despido de mis alumnos y del rol de profesor, haciendo un balance con más cosas positivas que negativas, agradeciendo la colaboración prestada y regalándole a cada alumno un microcuento. Los aplausos cierran mi etapa frente al aula y a la vez inauguran el comienzo de Ramón en rol de educador. Buenas noches para mí, buena suerte para él.

Esta es la parte 4 de 12 partes en la serie Residencia en la tierra

Ingreso al aula. La profesora anuncia que desde ese momento el profesor soy yo y luego se sienta junto a Ramón, en el fondo. Me presento nuevamente, tomo una tiza (llevo una bolsa con decenas de tizas, de todos colores) y escribo dentro de un rectángulo la sentencia Texto expositivo. Luego, por medio del diálogo, los alumnos se encargan de las bifurcaciones correspondientes. Me limito a insistir cuando es necesario un tecnicismo y a bucear en las definiciones que recuerdan. Cuando los conceptos se agotan, cierro el cuadro dando por terminado el repaso.

Presento el tema del día, cuyo título -Artículos de divulgación científica- no es precisamente motivador. Borro el cuadro anterior y dibujo uno nuevo, ramificándolo hasta llegar a los recursos más importantes, en los que insisto especialmente (son el fundamento de las actividades del día) ofreciendo todos los ejemplos que puedo. Miro el reloj, comienzo a preocuparme y me detengo unos segundos frente al banco donde dejé mis carpetas a mirar fijamente la secuencia de clase, a modo de conjura o exorcismo. Cuando levanto la vista, la clase se ha convertido en una reunión de amigos, donde todos conversan, contrabandean papelitos, planifican salidas.

-Chicos, chicas, alumnos, alumnas, silencio, silencio, paz- pido a la manera de canto ritual. Algunos responden al pedido y exigen a sus prójimos y prójimas que hagan lo mismo. Recupero momentáneamente la atención.

- ¿Copiaron el cuadro?

- Nooooo.

- Bueno, entonces, antes de seguir copiando quiero que escriban algo. Dicto en voz alta para que puedan organizarse.
Declamo entonces el texto modelo, que estaba pensado para ser copiado del pizarrón, aunque en ese momento no recuerdo por qué. Luego de que los alumnos reconocen los procedimientos utilizados, cuando es tarde, lo averiguo: los datos del texto están subrayados para su selectiva eliminación, de la siguiente forma:

Las aulinas. Las aulinas son grupos moleculares compuestos por alumnites y profesorinos. En las aulinas se encuentran varias estructuras extrañas, por ejemplo, la clase inquieta y la exposición con tarea. Las aulinas normalmente varían mucho. Dicho en otras palabras, cada aulina contiene un mundo diferente. Son como baúles del tesoro, en donde nunca sabemos qué encontraremos, pero siempre encontraremos algo distinto.

Procedo, desesperado, a releer el texto indicando de forma oral las palabras a subrayar, que decido invertir para mayor facilidad. La clase, de todos modos, no distingue con exactitud lo que señalo. Cuando digo que las aulinas son grupos moleculares compuestos por alumnites y profesorinos y pido que subrayen las y son, la catarata cae con toda su fuerza:

-¿Sólo son y las?

-¿Todos los son o sólo el primero?

-¿Cómo dijo?

-¿Subrayo con colores distintos?

-¿Eso es lo que se subraya o lo que se deja?

-¿Hay que subrayar?

-¿Qué iba de título?

-¿Eso nomás subrayamos?

-¿Qué fecha es hoy?

Logro, mediante una feroz insistencia, que todos dejen de hacer preguntas y se limiten a escuchar y subrayar. Cuando leen el texto, compruebo que lo hicieron correctamente. Miro el reloj y compruebo que la torpeza inexplicable de ceder al dictado se llevó la mayor parte de la hora.

-La actividad es sencilla: con las palabras que subrayaron, construyan un nuevo texto científico.

No, la actividad no es tan sencilla. Vuelvo a explicarla de distintas formas, hasta que aparentemente todos comprenden. Exigen saber, con razón, sobre qué demonios escribirán su texto.

-Sobre un objeto que inventen en base a su nombre más una de estas tres terminaciones que escribo en el pizarrón. La idea es que podamos aplicar los recursos que estudiamos a un texto creado por nosotros.

- No entiendo- se repite como un eco.

- A ver, grafiquemos. Yo, por ejemplo, escribiré sobre los martines, los martinos o las martinas. Luego: Los martinos son organismos enanos capaces de hablar. En los martinos se encuentran varias características contradictorias, por ejemplo, su tendencia a ser aburridos y sus intenciones de no serlo. Los martinos normalmente…

-¡Ahh! -aprueban todos- Claro, inventamos con nuestros nombres con las palabras subrayadas.

-Exacto. Bueno, entonces comiencen. Tienen cuatro minutos.

Todos se quejan pero comienzan a escribir apurados. La actividad insume, por supuesto, el triple de ese tiempo, pero me justifico pensando en que la culpa no es mía, sino de la secuencia y del sádico pretencioso que la hizo, a quien obedezco pero intento borrar de mi conciencia.

-Bueno, vamos a leer.

-No terminamos.

-No importa, al menos la primera oración.

-Los juaninos son componentes tóxicos que contaminan el barrio Ponce.

-Las marininas son viajeras incasables que andan por todos los mares.

-Los sebastines son sustancias químicas que contienen oxígeno, cloruro de sodio y ácido sulfúrico…

-Muy bien todos. Traten de tener completa la producción para la próxima clase.
Extrañamente, todos siguen concentrados en el texto -aunque el fin de la hora es inminente- y me llaman insistentemente para mostrarme sus definiciones. Tras varias rondas de verificación y pasados siete minutos de la hora, comienza a indignarme la negligencia de quien esté a cargo del timbrado.

De pronto, como una revelación, descubro que quedan todavía quince minutos de la clase que diez minutos atrás di por cerrada. Algún malicioso demiurgo se los había llevado de mi conciencia, como a esos recuerdos que no se quieren.

Por suerte, los alumnos interpretaron mi pedido para la próxima clase no como una despedida sino como un recordatorio (¡Bendito sea el marco de conocimiento y su influencia en la interpretación de los actos de habla!) y continuaron trabajando, sin enterarse de mi confusión, con la misma intensidad.

De todos modos, me invade la culpa de haber dejado libre mi lugar junto al pizarrón. Vuelvo allí, entonces, y busco en mi morral alguna salvación. No vendrá del viejo Borges, que probablemente fue quien, desde otro espacio, movió las piezas de ajedrez que alteraron mis minutos. Tampoco del Gabo, cuyos tiempos conducen siempre al vacío, lugar donde ya parezco estar.

Tiene que ser Julio Cortázar, docente de escuela, errante cotidiano, profesional de la torpeza, quien me asista. Abro el índice de los Cuentos Completos, pido un rato de atención y leo en voz alta Conservación de los recuerdos. Jugamos entonces a identificar definiciones de cronopios, ejemplos de famas y las comparaciones que se hacen entre ambas especies. Con excesiva puntualidad, suena el timbre.

Esta es la parte 9 de 12 partes en la serie Residencia en la tierra

Comienzo presentando a los alumnos el concepto básico de resumen y cuando me dispongo a hacer un esquema explicativo, descubro que no hay borrador. Pido a un alumno que vaya a buscarlo de la preceptoría y explico a los alumnos, mientras tanto, algunos de los fundamentos del tema.

- Si aprenden a hacer buenos textos de resumen -los aliento- van a tener automáticamente solucionada gran parte de su vida académica, es decir, lo que les queda de la secundaria y sus estudios superiores. Las personas con mejor rendimiento no son las más creativas sino las más ordenadas, las más ejercitadas en encontrar rápidamente el sentido de un enunciado, la importancia que tiene y sus relaciones con el resto de los enunciados. Es por eso que los trabajos de resumen van a ser individuales, de forma que todos puedan practicar por sí solo y comprender qué cosas tener en cuenta para evaluar si tenemos éxito en nuestros textos.

Traen el borrador, borro. Dibujo un cuadro donde detallo los procedimientos analíticos del resumen (reconocimiento de temas/subtemas, división en partes, subrayado y notas marginales) y doy ejemplos de aplicación. No hay problemas de importancia con respecto a la comprensión, así que pasamos directamente al trabajo.

El texto se titula Astronomía, y se compone de una detallada definición de la ciencia, y las claras diferencias con su par oscurantista, la astrología.

Extrañamente más tranquilos que de costumbre, todos están trabajando con dedicación. Cuando toca el timbre, todos han hecho las marcas fundamentales para hacer, al día siguiente, sus propios resúmenes. Cuando está por finalizar la hora, me convoca el grupo IDEA.

-¿Qué pasa?

-Nosotros no escuchamos eso del criterio de relevancia. ¿Es para subrayar?

-Sí, tiene que ver con seleccionar la información más importante. Por eso elegí este texto, pensando en sus intereses y en que les fuera accesible. Lo digo porque viven en la luna…

Esta es la parte 3 de 12 partes en la serie Residencia en la tierra

La profesora retoma la clase pasada verificando qué respuestas se encontraron a las preguntas de la clase pasada. Una de las alumnas toma la palabra y lee el concepto de cromosoma y las clases de nucleótidos, que llevan nombres que bien podían pertenecer a ilustres damas de tiempos anteriores si estuvieran precedidas por el título de Doña: Guanina, Timina, Adenina, Citosina. No puedo evitar recordar a una comadrona de mi pueblo natal, Círcola llamada, lamentando que su nombre no tuviera otro honor que ser similar al de alguna forma geométrica. En fin.

Cuando ya nos encontramos completamente informados de lo fundamental del fósforo y de la esencialidad de los azúcares, pasamos a repasar lo nuestro: características del texto expositivo. El desempeño de la clase es muy bueno en el tema. La preceptora de planta irrumpe para efectuar un anuncio.

- Desde mañana se va a servir todas las tardes la merienda. Los interesados deben traer su propia taza y luego de ocuparla, lavarla y dejarla en el lugar que dispongamos. Repito: traen las tazas pero las dejan en la escuela, no se las llevan de nuevo. ¿Se entiende? Así deben hacer siempre: luego de ocuparlas, vuelven a guardarlas acá. ¿Estamos?

Estamos.

La profesora da a la clase las siete actividades del día y nos propone ayudar a los grupos a resolverlas. El grupo IDEA convoca a Ramón, dejándome huérfano. Entonces Carlos, uno de sus miembros, señala el grupo de alumnas contiguo.

-Venga acá profe, estas chicas de hoy que hacen señas para su lado. Se van a poner contentas de que se siente con ellas.

-Está bien, Carlos, no te preocupes- le digo, intentando restarle importancia. Sin embargo, una de las alumnas del grupo, encogiéndose de hombros con gesto afectado, me espeta.

-Venga, si quiere.

Las muchachas resuelven con mucha rapidez las primeras propuestas, lo que me margina al papel de felicitador profesional. Me consultan recién al llegar a la cuarta actividad.

-Profe, acá la estructura es descriptiva, pero también es comparativa.

-Bueno. Escriban las dos. Cuando lo hagan, acuérdense que se pone el primer elemento en masculino y luego como está. Quedaría así: estructura descriptivo-comparativa.

-¿Las dos? ¿No tiene que ir una sola?

-Nadie dijo que la estructura debía ser única. En todo caso, las respuestas no se tienen que hacer pensando en límites, sino en posibilidades. No tengan miedo de ofrecer una resolución distinta si tienen los argumentos para defenderla.
Las actividades se suceden con velocidad y finalizamos un rato antes del límite. La profesora anuncia la puesta en común. Cuando llega a la cuarta actividad, Mariela, una alumna del grupo que tengo a cargo, levanta la mano.

- ¿Estructura descriptivo-comparativa?

- Exacto. Acá tenemos una estructura doble. Primero describe y luego, para explicar mejor, recurre a la comparación.
Victoria.

Sólo cuando la clase termina y la profesora se acerca a conversar conmigo caigo en la cuenta de que el próximo registro tendrá, en el lugar de docente, a mí mismo. La mañana del día siguiente, como primera tarea, enciendo la computadora y escribo en el procesador de textos: Secuencia de clase - Textos de divulgación científica…

avatar fragmentario es la bitácora personal de Martín Miguel Quintana, residente de profesorado, escritor y utopista profesional. Correo:

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