Categoría: Bitácoras

Artepolítica publica una completa entrevista a Luis D’ Elia, el enemigo favorito de la ciudadanía sana (Blumberg dixit) que recientemente recuperó su voz y voto en la política argentina (en simultaneidad -lamentablemente- con sus viejas posiciones ideológicas) y de los monopolios mediáticos. Para acercarnos al perfil del personaje, echemos mano a la definición magistral que de él hicieron los muchachos de Un día peronista:

D’Elía: Dícese de un tipo negro y feo que a “la gente” le cae mal. La palabra D’Elía hay que usarla cuantas veces sea posible. No importa su falta de relación con el contenido fáctico que se ofrece como noticia. No deje que la falta de conexidad lo detenga en el uso repetido y asfixiante de la palabra D’Elía. Si D’Elía no estaba en el acto, se deberá mencionar su ausencia, o que cumplió años, o que su madre cumplió años, pero nunca, bajo ninguna circunstancia, deje de usar la palabra D’Elía.

Pueden acceder a la serie de videos comenzando por la introducción o leer directamente la desgrabación.

Un pequeño adelanto de una de las partes, a mi juicio, más interesante del análisis deliano, especialmente ilustrativa para quienes consideran que la semiótica del discurso y la sociología de masas son territorio exclusivo del hombre blanco.

(…) una sociedad politizada, a izquierda o derecha es lo mismo, es una sociedad mucho menos manipulable, sobre todo por los medios masivos de comunicación. Por eso si una ventaja tiene toda esta crisis del campo ha sido que la sociedad va ganando, sobre todo los sectores medios, un alto grado de politización. Un sector (de los sectores medios) se va a ir a la derecha, o sea que va a abandonar la neutralidad falsa, apolítica en la que estaba ahora. Una gran ventaja es que se corran a la derecha…

Squizofrenia - El advenimientoUna fantasía común en los lectores de literatura -y sobre todo entre quienes además la escriben- consiste en poder espiar, aún de forma incompleta, la génesis y textualización de una obra. Tal vez porque siempre queremos creer que detrás de una obra extraordinaria existe un proceso de composición igualmente extraordinario, tal vez por primitiva curiosidad frente al proceso normalmente turbio de la escritura.

El mercado editorial no siempre fue esquivo a este deseo. El nacimiento en el siglo XIX de la novela de folletín amplió la lectura en proceso desde el círculo íntimo de los autores al público general, permitiendo que cualquiera pudiera leer de forma periódica los capítulos de un texto no-final, publicados a medida que se escribían. Las últimas brechas era la del autor.

Hace unas semanas me encontré con Squizophrenia. Lo primero que me llamó la atención en el enlace fue el subtítulo El advenimiento: me produjo un efecto de tensión e interés, ante la aparente falta de correlación con el título. Al entrar estaba la maravilla del viejo sueño, hecho realidad de la mano de las nuevas tecnologías. Paso a detallar.

Squizophrenia es, si confiamos en las categorías de géneros discursivos, una novela. Para ser más precisos, una novela blog -subgénero impensado que retoma la tradición folletinesca de la periodización- que se publica a medida que el autor, Abel Ruiz Rubio, escribe una nueva entrada y la agrupa en un capítulo. Es decir, los nuevos textos pueden leerse casi en vivo y en directo, beneficio mejorado por la sindicación. La posibilidad de comentar las entradas, por otra parte, nos permite acercarnos tanto al proceso de escritura como al autor (él mismo hace en ocasiones el primer comentario a modo de aclaración), para alentarlo, hacer vaticionios, amenazar a los personajes, cambiar impresiones, recomendar tratamientos o intentar influir activamente en la obra. En Squizophrenia no sólo reside la novela que da nombre al sitio, sino también su escritura inconclusa, su autor y sus lectores.

El argumento inicial gira en torno a un narrador-personaje principal y los extraños cambios que aparecen en su vida. En el recientemente cerrado primer capítulo, Problemas de salud, el protagonista oscila entre la cefalea, los problemas digestivos, el dolor bucal y la ira inexplicable. Sin que la medicina solucione sus problemas, se encuentra en un sueño con el críptico nombre de Mabus, velado pero revelado por Google (hágalo, anímese, investigue, sea parte). Al momento en que escribo esta reseña (principios del segundo capítulo) las alteraciones se siguen sucediendo a ritmo vertiginoso y sin rumbo aparente. El autor, con inteligencia, se encargó de sembrar varias dudas de esta índole: debajo de cada titular podemos enterarnos de que estamos a X días de la transformación.

La atmósfera es a la vez terrorífica, onírica y fantástica, a la manera de los policiales ingleses. El tiempo es contemporáneo, pero algo distorsivo, más adaptado a las acciones y omisiones que cobija que a la lógica mundana. La narración se encarga de evadir o exponer las cosas importantes, forzando la lectura proléptica. Todo parece destinado a involucrar al lector, incluso los elementos paratextuales, como las imágenes que intervienen de forma estática o aleatoria oscureciendo la pantalla.

Squizophrenia es, en fin, más que un experimento innovador, una traslación de la literatura a un soporte virtual o una concreción posmoderna de viejos deseos de lector- espía. Es sobre todo una obra excelente que no da signos de desgaste y un principio de ordenamiento para lo que será -no tengo dudas- una bellísima novela final. Pasen a verla: se está escribiendo.

Comencemos el mes con una pequeña fábula, extraída de la excelente bitácora de Ignacio Escolar. Que la disfruten:

Cuando el bosque ardió en llamas, los animales comenzaron a correr para salvar su pellejo.

Un Picaflor, sin embargo, recogía una y otra vez agua del río para verterla sobre el fuego.

“¿Es que acaso crees que con ese pico pequeño vas a apagar el incendio?” -le pregunta el León.

“Yo sé que no puedo solo -responde el pajarito-. Pero estoy haciendo mi parte “.

Betinho

Vía: Escolar.net

avatar fragmentario es la bitácora personal de Martín Miguel Quintana, residente de profesorado, escritor y utopista profesional. Correo:

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