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Pasar de Linux a Windows

Tux, la mascota linuxera, probando el escritorio de Windows

Tux, la mascota linuxera, probando el escritorio de Windows

Si los usuarios que migran de Windows a Linux creen que el cambio es traumático, lean esta historia:

He comprendido a un individuo que dijo tener problemas al pasar de Windows a Linux. Sentí lo mismo al experimentar con Windows. Creí que debía probar Windows desde que todos mis amigos comenzaron a contarme cuan genial era.

Fui al sitio de Microsoft para descargarlo, pero no estaba disponible. Estaba enojado porque perdí mi tiempo tratando de buscar un link de descarga, así que decidí preguntarle a mi amigo y el me dijo donde comprarlo.

Me subí a mi carro y conduje hasta el mall, en donde encontré una tienda que vendía software. Le pregunte al vendedor por un SO Windows y el me pregunto que versión quería.
- “Quiero la distribución mas completa”, dije orgullosamente.
- “599 euros, por favor pase al cajero”, el dijo, poniendo la caja en una bolsa.
Me escapé de la tienda en ese instante.

Uno de mis amigos me dio una copia de Windows XP pero me dijo que no se lo contara a nadiePensé que era un poco extraño, porque yo copio mi distribución de Linux todo el tiempo para dársela a mis amigos. Como sea…
Tomé el CD, lo puse en la bandeja, reinicié la computadora y esperé a que el Live CD iniciara.
Eso no funcionó. El CD sólo me preguntaba que si quería instalarlo. Llamé a mi amigo por teléfono y me dijo que Windows XP no se podía iniciar desde el CD.

Decidí que de todos modos lo instalaría. Seguí las instrucciones de la pantalla, pero me puse nervioso porque no me preguntó si tenia otros sistemas operativos instalados. Sé que en cada Linux que instalo, siempre me pregunta por crear nuevas particiones o cosas por el estilo. Volví a llamar a mi amigo y me dijo que Windows XP elimina cualquier otro sistema operativo previamente instalado. Bien, regresé a Linux y respaldé todos mis datos antes de regresar a instalar mi copia de Windows.

La instalación fue bastante simple, a excepción de la parte en que me preguntó acerca del numero de serie, que era una combinación de letras y números. Ahora mi amigo estaba enojado de que lo llamara todo el tiempo, decidió venir a mi casa y escribió el número. Él me repitió que no debería decirle de esto a ningún alma viviente. El fue y reinicio la computadora para iniciarla por primera vez.

Me quede en shock cuando me permitio cambiar la configuración del sistema sin preguntarme por mi contraseña. Mi amigo juró escuchar mi voz de nuevo en el teléfono. Me dijo que el acceso de root fue dado desde el inicio. Encontré como crear otro usuario sin acceso a root e inicié sesión. Entonces me encuentro con que si quería cambiar algo, en vez de preguntar por la contraseña, necesitaba salirme y volver a entrar como administrador (que el nombre que aquí le dan a root). Con esto, me di cuenta de que había demasiada gente que iniciaba sesión como administrador y me empezaron a dar nervios.

OK, hora de trabajar. Fui a inicio > Programas, para abrir una aplicación de hoja de calculo, pero no pude encontrar nada. Mi amigo me contó que Windows no tiene ninguna aplicación de esas por defecto y que necesitaba descargarla de Internet.

“Bien” pensé, “es la distribución básica de Windows”. Me dirigí a añadir/remover programas en el panel de control, justo como en Linux, pero aquí no había programas para añadir. Sólo me permitía remover programas. No pude encontrar ningún botón o menú que me permitiera instalar aplicaciones. ¡Esto es extraño!
Telefoneé a mi amigo otra vez, y el me dijo que debía encontrar mis propias aplicaciones para instalar, así que después de googlear, encontré a openoffice.org para descargar e instalar. Ahora por fin podría terminar mi trabajo con la hoja de cálculo.

Te diré la verdad, no me divertí del todo. No comprendo bien esta tecnología. Porque hay un disco A, y después un disco C, ¿donde esta el B? Esa sería una distribución básica. No encontré aplicaciones para incrementar mi productividad y tuve que gastar mi tiempo para encontrarlas. Mi amigo me dijo que necesitaba una aplicación de antivirus que tampoco venia con la distribución.

No entiendo qué es eso de un virus de computadora. ¿Cómo un objeto inanimado podría contraer una infección?

Encontré que esta distribución de Windows es muy difícil de usar. Tal vez pueda ser buena para gente que entiende de computadoras, pero para mí, no gracias. Me devuelvo a mi Linux.

Vía Pixibuntu
(Las negritas y algunas correcciones son mías)

Filosofía Google

Tantos años de reflexión humana para contestar los grandes porqués de la historia para terminar buscando estas cosas en el gúguel, ¿no?

Preguntas

Preguntas

Vía Listonauta

Un invierno de títeres

El proyecto con mis alumnos de la noche pasó por varios estados. Al principio, primaron las reservas y preocupaciones por cómo llevarlo a cabo. Luego vino la euforia por encontrar manos amigas que quisieron colaborar. Después comenzaron los ensayos. Fue difícil, pero todos lograron asimilar la crítica como un aporte colectivo y no como una forma de desvalorización del esfuerzo.

Hoy vivimos una cotidaneidad plácida y divertida. Con los ensayos se fue puliendo la expresión vocal, la coordinación de los movimientos, la ubicación en el espacio de los cuadros, el respeto por los silencios y por los diálogos acelerados. Llegamos a un punto en que mis intervenciones son mínimas y muy horizontales, más dispuestas a discutir la forma de resolver una escena que a marcar errores (-¿Y cómo cambiamos el suspiro? -Yo quiero decir “Aaaaaayyy”, porque soplar nomás no da. -Perfecto, queda más expresivo incluso). La calidad de la representación es más que suficiente para estrenar hoy mismo, pero estamos un poco atrasados con los materiales (y nos vamos a atrasar un poco más: comenzaron los prácticos y evaluaciones para cerrar el segundo trimestre). Soy más que optimista y confío en que el compromiso de los chicos permita avanzar en este sentido para ofrecer el espectáculo en el menor tiempo posible. Hasta entonces, todo lo que queda es divertirse.

Hoy es el aniversario del fusilamiento de García Lorca, así que de paso les voy a contar su biografía, que en alguna medida también influyó en la selección de la obra. Y por supuesto, leeré en voz alta La casada infiel y contaré anécdotas de los escritores de la guerra civil.

Les dejo algunas fotos del último ensayo. A medida que surjan novedades seguiré contando el proceso tras bambalinas.

Los noventa

Bus - illustrationshack.com

Bus - illustrationshack.com

Mi modesta hipótesis es que la culpa se debe a las luces. Nunca hubo tantas, de tantos colores, en tantas calles. De pronto la pequeña ciudad era una réplica a escala de Nueva York -la de las películas, se entiende- con sus carteles y vitrinas que enceguecen, su neón, sus proyecciones. Hasta los más pacíficos se volvían irritables e incluso violentos. Todo funcionaba más rápido que nunca. La palabra que nombraba todo era “progreso”. Dormíamos muy poco, pero el tiempo que estábamos despiertos era lo más parecido a lo que recordábamos como sueños.

Elegí la butaca individual sobre la rueda trasera del colectivo, la más alta, la más sola. Nunca sentí especial atracción por la gente, y menos desde que trajeron las luces y comenzó a dolerme la cabeza todo el tiempo (a la hora de dormir es peor, porque no puedo conciliar el sueño sin media botella de ginebra con pastillas). Abrí al azar una página del diario y leí de forma superficial los policiales del día.

Una señora que acababa de subir se quejaba frente a la máquina. Al parecer no había impreso el ticket ni devuelto las monedas. El camionero tocó botones y maniobró contactos en silencia, aturdido por las bocinas e invocaciones a su madre de los conductores que pasaban junto a él. Impotente, se agotó y observó con cálculo el problema. Luego, lo impensado. Las patadas con brutalidad y método hasta rajar el plástico, los indicadores de la pantalla muertos y del artefacto herido, miles de monedas brotando en impresionante sangría, cubriendo todo el piso. El conductor miró con sorpresa, nosotros con temor. Pocos segundos pasaron hasta que uno de los más jovencitos, joven y audaz, empezara a guardarlas de a puñados en los bolsillos. Desde el suelo nos miró a los que estábamos quietos con reproche y desprecio, y afirmó.

-Monedas, pelotudos.

Entonces todos nos abalanzamos a la vez, abriendo camino a golpes, sin diferencias de género, clase social u opinión política. El conductor no estaba escandalizado, su cara era más bien de extrañamiento ido. Cuando no quedaban monedas que recoger pero sí moretones que inventariar, se sentó y manejó hasta finalizar el recorrido. Luego se perdió en la avenida. Uno de mis vecinos me contó ayer que lo habían despedido sin indemnización, por no haber impedido que la turba se robara el dinero de la empresa en sus narices.

No me siento culpable, porque todos lo fuimos. Nadie puede juzgarme. Con los últimos noventa centavos me compré ginebra, aunque ya no me duela la cabeza. Supongo que debo estar acostumbrándome a las luces.