Actividades subversivas

La  noche -y en eso coincidíamos con Facundo, con Elisa y hasta con el Pequeño- no podías ser mejor para nuestros propósitos. A pesar de que el gobierno había multiplicado la liberación de yoduro de plata sobre las sierras, afuera llovía. Adicionalmente, la policía estaba casi ausente en la zona, movilizada por los hechos del jardín de infantes. Ana llegó del trabajo con información: el barrio en cuestión estaba completamente rodeado.

Nuestro viejo sedán pasaba desapercibido en la penumbra. Elisa sugirió que encender las luces iba a evacuar más sospechas que llevarlas apagadas, y eso hice. Unos pocos kilómetros antes del Lugar nos cerró el paso un control policial que, como imaginábamos, estaba escaso de personal. Nos registraron los únicos dos efectivos que habían quedado. El oficial, un hombre escuálido en edad de jubilarse, hacía cosquillas fortísimas. Su asistente, un joven de ojos brillantes, observaba con su linterna las heladas comisuras de nuestra boca en busca de algún movimiento extraño. Tardaron mucho más de lo normal.

-Estamos un poco alterados, sabe -se excusó el mayor sin dirigirse a nadie en particular-, habrán visto las noticias. Se recomienda no transitar.

-Sabemos, por eso llevamos al chico con los abuelos. No queremos que se quede en la ciudad con el peligro que hay- expuso Ana, con mesura. La amé más que nunca en ese momento, en que yo mismo no dominaba mis propias palabras.

-Entienda, señora -intervino el jovencito- que estamos haciendo lo que está a nuestro alcance. La ley dice que no se les puede disparar hasta que tengan seis años. En este país, la policía tiene las manos atadas.

-Es la herencia de los gobiernos democráticos -afirmó Facundo, con gesto de reprobación-. Hoy en día cualquier mocoso viola el Orden y nadie hace nada.

Probablemente eso nos salvó. Todo el mundo sabe del odio de la nueva policía por los últimos gobiernos antes del Orden. Nos dejaron pasar, insistiendo en que tomemos precauciones con la velocidad.

El sudor frío me cubrió la espalda mientras nos alejábamos. Facundo, en su impecable actuación, había dicho una verdad. Los chicos del jardín habían violado el Orden, y nosotros -de forma más clandestina pero también más grave- íbamos a violarlo también. Me torturé pensando en las posibles condenas que recibiríamos en caso de ser capturados. Ana me sacó de mis pensamientos tocándome el hombro. Era la señal.

Aceleré a fondo y clavé los frenos al divisar la entrada. Derrapamos con más violencia que la última vez, pero sólo de esa manera nos asegurábamos evadir los radares. Logré retomar el control unos metros antes de la arboleda que señalaba la entrada del Lugar. Nos detuvimos en el claro, demorando en bajar, atentos a cualquier señal de peligro. Ana me tomaba la mano con fuerza.

El Pequeño tomó la iniciativa en forma brutal (hay algo de subversivo en todos los niños). Saltó del vehículo y se puso a cantar mientras se revolcaba en el suelo. Ya había hecho suficiente como para merecer varios años de cárcel, pero no se detuvo: empezó a juntar piedras primero, y a enterrarlas después. Era la segunda vez que jugaba en cinco años de vida, pero a mi juicio lo hacía como un experto. Tal vez, antes del Orden, los niños jugaban así. Tal vez hasta lo hacían en público. Tal vez hasta los preparaban para eso, en lugar de inmunizarlos. Los mirábamos maravillados e inmóviles, pensando éstas y otras cosas irreproducibles.

Sin decir nada, Elisa besó en la boca a Facundo. Ana y yo empezamos a hacer lo mismo, haciendo menos pausas. Dos parejas besándose y un chico jugando en medio del bosque, bajo la lluvia, olvidados del mundo y de sus leyes. Amanecía cuando escuchamos las patrullas y escapamos a toda prisa. Ya éramos, aunque seguíamos viviendo en sociedad, como los clandestinos. En la calle nos mirábamos sin mostrar emoción, pero en secreto planeábamos hacerlo de nuevo, cualquier noche de éstas.

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3 Responses to “Actividades subversivas”

  1. Martín 10 octubre 2009 at 4:14 #

    ¡Buenísimo el relato!
    Tuyo, ¿no?
    Salutes.
     

    • Martín 10 octubre 2009 at 9:36 #

      Yep. Estuve inspirado esta semana, es la falta de sueño.

      P/D: ¡Salió la ley! :-)

  2. Ana 15 octubre 2009 at 23:18 #

    Excelente relato, impecable.

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